Capítulo 9

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Londres - Siglo XIX

¿Es posible que exista alguien tan parecida a Serenity? ¿Por qué la vida juega conmigo de esta manera? ¡Dios!, ¿qué esperas de mi?

Mis manos tiemblan después de terminar mi primera interpretación de sólo pensar que ella me está mirando con esos intensos ojos celestes que he visto antes por unos breves segundos, pero que han despertado en mi una curiosidad que pensé que ya no tenía. Entonces, antes de empezar mi segunda partitura, levanto la mirada y otra vez la veo ahí, tan real y tan perfecta, con sus ojos fijos en mí. Aunque la luz está apagada, aún así el brillo de sus iris es tan visible, que mi corazón vuelve a saltar dentro de mi pecho. ¿Por qué?

Tengo claro que por estar en primera fila la veré en la reunión que tendré con los invitados más acaudalados de la ciudad, lo que me permitirá hacer contactos para extender mi trabajo, tal como me he propuesto. Siento como mis manos sudan ante la posibilidad de verla más de cerca y poder apreciar si en verdad es tan parecida o si sólo mi mente ha jugado conmigo. Aunque después me doy cuenta de que no es su apariencia lo que ha llamado mi atención, si no el brillo de su mirada, algo que jamás he visto en mi vida.

Al final, hago ingreso al salón, secando mis manos en mi chaqueta, siendo recibido por un aplauso, el que agradezco con leves reverencias, hasta que la veo a lo lejos, del brazo de quien debe ser su ¿esposo? Al acercarse, aprecio sus facciones, sin poder sacar mi mirada de sobre ella, olvidando por completo mi indiscreción, impresionado de que su parecido con Serenity es demasiado para ser real. ¿Cómo es eso posible?

Sin embargo, tan similares como son sus facciones, la energía que irradia es muy diferente, como si iluminara el lugar con su sola presencia. Lord Diamante la presenta como su prometida y un alivio acaricia mi alma, sin ser consciente de eso, más aún cuando ella estira su mano para que la bese en saludo. Percibo el suave temblor de sus dedos cuando los tomo y siento su tibia piel en cuanto mis labios hacen contacto con ella, haciéndome estremecer. Sin embargo, soy llevado por los invitados, siendo alejado de ella, sin saber si la volveré a ver.

Es una ironía que hasta su nombre sea parecido. Serena... así dijo que se llamaba. No sé por qué, pero la recuerdo sin siquiera pensarlo, sobretodo sus ojos celestes tan llenos de vida, mientras ensayo sobre el piano, llevado por un sin fin de sentimientos. Tan concentrado como estoy, no escucho que mi padre ha entrado, hasta que lo veo frente a mí, deteniendo mis dedos de golpe.

—Darien, ha llegado esto hoy —me dice, entregándome una carta. Con horror veo el nombre del padre de Serenity en el sobre, haciéndome dudar entre abrirlo o arrojarlo a la basura. ¿Qué quiere ahora?, pienso enfurecido—. ¿Qué harás?
—No lo sé, padre. Por ahora, no quiero saber nada que venga de él.
—Deberías abrirlo.
—¿Para qué? —resoplo, viendo el sobre.
—Para salir de dudas... hace un año ya...
—Un año en que he estado más muerto que vivo, padre. No quiero más de eso, no ahora que he vuelto a tocar. ¿Acaso quieren detenerme?
—Jamás lograrán eso. Yo soy tu respaldo, hijo. Eres el mejor pianista que hay en este momento.
—No... Serenity es mejor... mucho mejor que yo...
—Abre el sobre, por favor. Quiero que des vuelta la página, no puedes seguir hundido en el pantano en el que ella te dejó.
—¿Cómo se da vuelta la página? —pregunto más al aire que a mi padre.

Veo el sobre una vez más y rompo el sello con rabia, para sacar el documento dentro de él. Mis ojos se abren de la impresión y es en ese instante que mi corazón se parte en mil pedazos... es el acta de defunción de Serenity. Las lágrimas retenidas por meses caen calientes por mis mejillas, llenas de dolor, de decepción, de desilusión.

—No es cierto —digo, negando con la cabeza y dejando el papel sobre el piano, a la vez que seco mi llanto—. Esto... esto es mentira. Él cree que con esto puede alejarme de ella...
—Hijo, por favor —me llama mi padre, tomando el documento y leyendo lo que yo ya había visto—. ¿En verdad crees que esto es mentira? Reacciona, Darien.
—No me rendiré, no hasta saber la verdad. Serenity... ella nunca debió hacer eso... nunca...
—Hijo, mereces vivir algo mucho mejor que esto.
—Yo ya no sé qué merezco, padre.
—Ve a prepararte. Hoy estamos invitados a la fiesta de compromiso de Lord Diamante. Recuerda que solicitó tu presencia para que toques el piano para su novia.
—Por supuesto.

Atada a tíHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora