Londres - Siglo XIX
¿Puedo pedir un momento de felicidad en mi vida? ¿Lo merezco? ¿Qué hice mal para que todo lo que me rodea se destruya? Jamás quise dañar a Serenity, jamás. Ella sabía que la amaba con todo mi corazón desde la primera que la vi a mis doce años. Era un amor puro, lleno de inocencia y admiración. Sin embargo, ahora que lo pienso mejor, quizás ella nunca me amó... siempre fui yo quien estuvo tras ella, implorando que me viera, anhelando sus abrazos, deseando sus labios. Ella sólo se dejaba querer, incapaz de tomar la iniciativa debido a su crianza. La entendía, al menos me convencí de eso. Sabía que sus padres siempre fueron muy restrictivos con ella y con su forma de manifestar los sentimientos, lo que restringía su naturalidad, siendo incluso fría en algunas ocasiones. Pero la amaba, así tal como era, con sus transparentes ojos esquivos, con sus suaves labios tibios, con su piel tan blanca como la nieve... después de todo era un ángel que debía acostumbrarse a mi, un humano común y corriente. Le agradecía que se hubiera fijado en este simple mortal, colocándola en un pedestal donde la adoraba día tras día, y aún así no fui suficiente para ella. ¿Por qué? ¿Qué fue lo que me faltó?
En cambio, Serena es todo lo contrario, viva, intensa, cálida, segura... no teme acercarse y hacerme saber lo que piensa, no huye de mis atenciones, ni siquiera de mis osados besos, al contrario, me sigue y me da aún más de lo que espero. Es una mujer... una real, y demasiado perfecta para mí. Aún cuando me siento indigno de acercarme a ella, sus ojos celestes me atraen como si ejercieran una fuerza sobre mi cuerpo que jamás pensé sentir, su fragancia me envuelve de una forma mágica, su calidez me invita a acercarme para olvidar el frío que me rodea, y todo se conjuga para que la bese con desesperación, robándome su aliento y su calor, que me devuelve a la vida que creí haber perdido.
Mi mente divaga llena de confusión por todos lo sentimientos que me embargan, oprimiendo mi corazón que se niega a olvidar a Serenity. Quiero dar vuelta la página, deseo avanzar, pues ella misma así lo quiso, pero necesito algo a lo que aferrarme o quizás necesito soltar lo que aún no quiero. Me siento un traidor por haber probado los labios de otra cuando le prometí que sólo la amaría a ella y me siento indigno de robarle besos a Serena, cuando ella ya está comprometida. No quiero hundirla conmigo en esta tragedia que es mi vida, he intentado ser lo más sincero con ella y aún así no se aleja, no se aparta, no me abandona... no como lo hizo ella...
La he buscado por todos lados en esta inmensa mansión y me tiene asustado no encontrarla, ya que Diamante también ha desaparecido. Un dolor en mi pecho me alerta que algo no está bien y necesito saber por qué. Sin embargo, justo en ese momento, veo el hermoso cabello dorado de Serena volando con el viento a través de la ventana que da a la salida. Me muevo rápido hasta la puerta de ingreso y ahí me quedo estupefacto por la escena... Ella apenas sostiene su vestido, el que está completamente abierto en su espalda con los lazos colgando a sus costados, y su cabello cae alborotado. Su rostro es de completo dolor, cruzado por gruesas lágrimas que corren hasta su pecho, perdiéndose bajo la tela que sostiene con fuerza. Ella sube al carruaje ayudada por su cochero, sin siquiera verme, hasta que abre la puerta una vez más para arrojar algo al suelo y ahí recién sus ojos se encuentran con los míos, demostrándome el mayor dolor que pudiera manifestar su mirada. Aunque quiero correr a ayudarla, ella cierra la puerta una vez más y se marcha del lugar, dejándome lleno de dudas. ¿Qué le sucedió, Serena? Camino indignado, temiendo mis propias sospechas y miro el suelo hasta encontrar la sortija de compromiso que adornaba su dedo.
—Maldito —mascullo, apretando aquella joya en mi mano—. Pero, esto no se quedará así.
Enfurecido, vuelvo a la mansión y comienzo a gritar el nombre de Diamante para que aparezca. Mi padre llega a mi lado e intenta detenerme, pero la furia se ha apoderado de mi y no me iré de ahí hasta que ese miserable reciba su merecido. De pronto, lo veo caminando en medio de la multitud, con una sonrisa sarcástica en los labios, mirándome con altanería. ¿Qué se ha creído?
ESTÁS LEYENDO
Atada a tí
FanfictionSerena está comprometida con Diamante, en un arreglo concertado por su madre para sacar a su familia de la anulación aristocrática y pronta bancarrota. Sin embargo, en un evento conocerá a Darien, un prodigioso pianista que pondrá su corazón a prueb...
