Capítulo 18

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Londres - Siglo XIX

Me siento atrapado en la oscuridad... me rodea y me asfixia sin dejarme avanzar. Intento moverme, pero mis pies están clavados al piso, ¿cómo lograré salir de aquí? Con lo que acabo de averiguar siento que mis pies comienzan a hundirse y que la oscuridad me ahoga, haciendo latir mi corazón de forma errática, si sigo así, sé que moriré, pero no tengo salida, no hay nadie más aquí, pues ella me ha abandonado, llevándose mi felicidad. ¿Por qué lo hiciste Serenity? ¿Tanto te costaba confiar en mí? Jamás habría dejado que salieras a reunirte con tu padre... hablé contigo tantas veces, ¿cómo fuiste capaz de ocultarlo? Me mentiste, omitiste información crucial y eso nos costó la preciada e inocente vida de nuestro pequeño bebé, ¿cómo pudiste? ¡¿Cómo?! A mi... quien tanto te amaba, que te adoraba, que te cuidaba. ¿Cómo olvidar cuando toqué tu vientre por última vez? Es imposible, pero ya nada importa, nada, si te perdono o si te recuerdo, nada, pues siento como mi corazón sigue latiendo errático para pronto detenerse, no hay nada para mí ahí afuera...

De pronto, siento una calidez inundar mi cuerpo y la oscuridad va siendo disipada por una radiante luz que encandila mis ojos cerrados. Mi corazón va calmándose poco a poco y al fin puedo reconocer ese delicioso aroma a lavanda que caracteriza a Serena. Ella es mi salvadora, el sol que derrite la nieve de mi invierno, el calor que envuelve mi alma congelada, la dulzura que acaricia mi corazón... sin ella seguiría hundido en el pantano, pero a su lado, sé que tengo una nueva oportunidad para amar con la misma entrega que ya lo hice una vez, porque ella es única, es especial, es fuerte y decidida, es amable y cálida. Serena, ¿me permitiría amarla como usted se lo merece?

—Darien, ¿cómo se siente? —me pregunta, mientras me envuelve delicadamente entre sus brazos. De pronto, relaja un poco el abrazo y comienza a secar las lágrimas que he derramado sin ser siquiera consciente. Sus dedos acarician mis mejillas con tanta suavidad que no puedo dejar de asombrarme con su cariño tan desinteresado, lo veo en sus ojos, sólo quiere mi bienestar. Pienso que ella es demasiado maravillosa para ser real, y no puedo evitar intentar alcanzar su rostro para comprobar que está ahí a mi lado, consolándome. Mis dedos rozan su mejilla y ella me sonríe de forma sincera, cerrando sus ojos y cargando su rostro sobre mi mano. Es tan hermosa, y está conmigo aquí y ahora, algo que no olvidaré jamás.
—Gracias, Serena.. sin usted esto habría sido horrible —reconozco, acariciando su mejilla.
—De nada. No puedo saber cómo se siente en realidad, pero imagino que es muy doloroso. No se preocupe que no lo dejaré sólo, lo acompañaré cada vez que usted lo considere necesario.
—¿Cómo podré agradecerle? Siento que tengo una deuda muy grande con usted.
—Sólo debe quedarse a mi lado, Darien. No quiero que me alejen de usted ahora que estamos conociéndonos —me dice agachando la mirada. Sus mejillas se sonrojan, y siento el calor que su cuerpo desprende en mis dedos que aún están en contacto con su piel. Sus palabras son tan sinceras que mi corazón se acelera y percibo como todo el dolor que me embargaba hace un momento va cediendo poco a poco.
—Eso lo prometo, Serena, no dejaré que la aparten de mi, mi propia existencia depende de estar a su lado —le revelo muy decidido. Sus manos se deslizan de mi mejilla a mi cabeza, enredando sus dedos en mi cabello en una caricia demasiado deliciosa, hasta que se acerca poco a poco a mi, depositando sus labios sobre los míos, de forma sutil. Es algo muy leve, casi imperceptible, pero aun así despierta mi cuerpo por completo, erizándome hasta el último vello. ¿Cómo tiene ese poder tan impresionante?
—Yo... Darien...
—Muchas gracias , Serena —vuelvo a repetir debido a la gratitud que nace de mi corazón y para que ella se sienta segura de sus acciones. En ese momento, comienza a circular una brisa helada por el parque, haciéndola temblar—. Se está haciendo tarde, ¿le parece que regresemos?
—Sólo si usted se siente bien para volver.

Durante el camino a casa ella no suelta mi mano, pues ha cruzado su brazo con el mío, manteniéndose a mi lado en todo momento. Creo que teme por mi, pues su rostro refleja preocupación, a pesar de que me sonríe cada vez que se da cuenta de que la miro. Es como si percibiera la tristeza que inunda mi alma, por lo que se aferra a mi para que no caiga en aquella oscuridad otra vez. Sin embargo, ahora soy yo quien tiene miedo de separarse de ella, como si fuera un niño que le aterra la noche y se mantiene al lado de la luz para sentirse seguro...

Atada a tíHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora