Capítulo 19

1.6K 169 16
                                        

Londres - Siglo XIX

¡Oh, Dios! ¡Ardo por dentro por culpa de esa amiguita de Darien! Jamás pensé sentir algo así, pero me da demasiada rabia verla acercársele, tomando su mano y sonriéndole como una boba... estoy tan indignada por la actitud de él, que le permitía todo a esa tal Ann, que, en cuanto se retiran, me voy molesta a la habitación. No quiero verlo y gritarle en la cara por culpa de este sentimiento tan negativo, es mejor poner distancia y tranquilizarme. Para lograrlo me sumerjo en el recuerdo de la noche anterior, cuando Darien permitió que durmiera a su lado, rodeándome con sus brazos, dejando que descansara mi cabeza sobre su pecho, donde podía oír perfectamente los latidos de su corazón. Despertar en ese mismo lugar había sido tan maravilloso, que aún cuando estoy disgustada, una sonrisa se asoma a mis labios debido a la felicidad que me inunda. Pero, la imagen de aquella coqueta chica pegándose a su brazo, vuelve a surgir en mi mente, descomponiendo mi genio otra vez.

En medio de mi molestia, escucho que la puerta se abre y veo a Darien que me mira desde el umbral con cara interrogante. ¿En verdad no se dio cuenta de la actitud de ella? Él la defiende diciendo que sólo es una niña impulsiva, pero sé bien que ella no es tan pequeña, quizás hasta sea de mi edad, entonces, ¿soy sólo una niña a sus ojos? Descargo toda mi frustración en mis palabras, aún cuando sean hirientes, pues él mismo me ha obligado a hablar.

Sin embargo, su actitud cambia y se acerca con demasiada seguridad hacia mi, obligándome a ponerme de pie cuando toma mi mano con fuerza. Asombrada escucho su voz grave revelarme lo que siente, mientras me sostiene la mirada con firmeza, acelerando mi corazón de forma automática.

—Darien...
—No, Serena, usted quiere saber... Hoy me sentí horrible cuando Alan se le acercó, mientras la miraba. Si le molesta la actitud de Ann, hablaré con ella para que deje de hacer eso. Y, ¿sabe por qué?
—No...
—Porque haría lo que fuera para que siga a mi lado, Serena.

Sus palabras resuenan en mis oídos como una dulce melodía... esto es demasiado maravilloso para ser cierto. Cuando lo vi por primera vez sobre el escenario, jamás imaginé que tendría la oportunidad de estar así con él, con el mismo hombre que encendió cada fibra de mi cuerpo con su forma de tocar el piano, aquel que me hizo pasar del llanto al éxtasis con su magistral presentación y que me derritió al instante con sus ojos azules e intensos.

Ahora, esos mismos ojos me ven con anhelo, el mismo que siento extenderse por mi cuerpo al percibir su cercanía y su calor. El toma mi cintura entre sus manos, acercándome un poco a su cuerpo y desciende hasta que puedo percibir su cálido aliento sobre el mío, inundándome con su aroma a rosas frescas. Ya no quiero dudar, sólo quiero entregarme a esto que estoy sintiendo, por lo que cierro mis ojos y me dejo conducir por él y por sus besos que me llevan al mismísimo cielo. Son tan suaves, tan demandantes, tan deliciosos, que podría estar todo el día recibiendo sus labios, que devoran mi boca con avidez, haciéndome derretir por completo entre sus brazos. Abrumada con la sensación tan exquisita que recorre mi cuerpo producto de sus intensos besos, me separo un poco y mi cabeza cae en busca de sosiego para mi respiración, pero él parece no querer detener esta situación, y comienza a deslizar sus labios por sobre mi piel, erizándome por completo a medida que siento el rastro húmedo que deja a su paso, enviando una corriente eléctrica que nace en mi nuca y desciende por mi espalda, acelerando aún más mis latidos. Estoy tan perdida en las emociones que no alcanzo a procesar, y no tengo claro lo que está haciendo, hasta que sus labios llegan a mi escote, deteniéndose justo encima del borde de mi vestido. Sus manos al fin se mueven, subiendo por mi espalda y percibo que aspira el aroma de mi piel, haciendo arder mis mejillas y mi cuerpo entero. En ese momento, mis piernas tiemblan sin control, haciéndome perder la fuerza para sostenerme, a lo que él se apresura y me afirma con sus brazos, apegándome a su cuerpo.

Atada a tíHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora