Al siguiente día, todo fue más tranquilo. No hubo ninguna desaparición y la calle estaba más concurrida. Todos estaban como si nada estuviera pasando y le daba más vida a cada rincón de la ciudad.
Mis audífonos emitían una canción que llenaba de felicidad a mi ser, estaba más serena, como si todo se resolviera de un día para otro.
Mi chaqueta de cuero negra combinaba bien con el género que oía, pasaba en una carretera solitaria después del bullicio, los edificios tenían las ventanas reventadas y me anunciaba las posibles aventuras adolescentes o simples refugios temporales de indigentes. No tenía miedo, y mis mechas rojas en el pelo volaban con el suave viento.
El cielo empezó a acompañar el sentimiento y llovizno, dándome ganas de tararear la canción en voz alta.
Recordé la vez en la que salí con mis amigos y reproducieron una canción de mi banda favorita, y yo bailando y cantando a la vez de una manera graciosa. Recordé los primeros momentos con mis primos al llegar a Londres, como me llevaron a mi primer día de curso, cuando conocí a Aby y Ted con Steve, cuando me enteré de los Scelestos, y cómo supe que era bruja Phantasiae
Decidí asomarme a una peluquería cercana y me corté el pelo, además de pintar el fleco rosa. Pensé en dar un nuevo comienzo, empezando por un cambio físico.
La chica que me atendió era muy dulce, y curiosamente, también era una bruja. Se llamaba Gema y tenía mi edad, nos despedimos haciendo llamas y salí a terminar mi recorrido por esta hermosa salida. Vi parejas, familias en días de campo, personas de tercera edad mostrando su amor a través de los años y a veces, solo niños viendo los grandes escaparates llenos de dulces.
Y ahí, en una tienda de discos, cercana a la peluquería vi a Max. Miraba con gran interés el nuevo albúm de una banda que era ajena a mi conocimiento, me acerqué y entré a aquel local.
Me puse en una estantería en frente de él y lo vi, atenta. Estaba sorprendida por su comportamiento tan sereno, estaba en paz.
-¿Eva? -dijo mientras se percataba de mi presencia-
-Hola Max -sonrío-
-¿Te cambiaste el cabello? -asiento- te queda bien, ¿quieres ir a tomar algo?
Accedí a su propuesta, ya no creía capaz a Max de hacerme daño, por fin nos encontrábamos forjando una relación de fraternidad y no quería que los recuerdos malos me frenaran en aquel momento.
Hablamos de los últimos días, y él estaba tan ansioso como yo. Todavía estaba con la curiosidad de saber quién era el responsable de las desapariciones, ya que se ha descartado la posibilidad de que sea unas desapariciones comunes y corrientes, esto iba más allá.
Me dijo que su retiro temporal había terminado y que pronto volvería a la ciudad para rehacer todo. Dentro de unos meses empezaría la mudanza y quería mi ayuda para amueblar todo, sin dudas, le dije que contara conmigo.
Tomamos unos cafés y vimos Londres a nuestro lado, se acercaba el fresco y las hojas de los árboles buscaban otro color. El tiempo pasa muy rápido, y debemos despertar antes de que nos demos cuenta cuánto dejamos pasar.
Nos quedamos paseando y hablando un poco más, me gusta conocer al Max que no quise conocer por mucho tiempo, pero es bastante agradable y siento que puede ser mi mejor amigo y todo.
Ya tomamos la noticia de que somos hermanos con mucha más calma, y aunque sea de forma indirecta, nos gusta aceptarlo. Reímos mucho por los pequeños detalles que hacen de un momento al azar, un recuerdo inolvidable.
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Phantasiae
FantasyEva Collins, una chica de 16 años va a Londres para hacer un curso de fotografía y cine. Más adelante en su estancia, se entera de cosas sobre su familia y ella misma que la dejarán en gran duda sobre su origen. ¿Te atreves a acompañarla?