1: Verano

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En Londres ya llegaba el verano, y se podía notar con el simple clima y la cantidad de helados en manos de niños que habían en los parques. Yo, por mi parte, he ido a bastantes tiendas con mis amigos a comprar muñecos coleccionables, entre otras cosas.

La verdad ha sido un tiempo muy tranquilo tomando en cuenta que a solo unos meses luché frente a frente con una especie de culto. Que, sin saberlo, eran magos también.

No le tomé mucha importancia a este suceso porque sentía que todo estaba aún más calmado, pero sin duda, me pasaban cosas extrañas a menudo. Sueños sobre ese lugar, pesadillas si nos ponemos quisquillosos, esa camilla y la tenue luz de las velas me daban un mal cuerpo que no era normal.

Lo relacionaba con que estaba trastocada, que en realidad solo tenía un recuerdo recurrente, y ese mismo ocasionaba que mi imaginación volara, y como consecuencia de ello, despertara sobresaltada.

Era a mediados de ese mes en que me di cuenta que todo volvía, y no de una manera agradable.

Pero no quería aceptarlo.

En la mañana, como de costumbre, desayuné y me vestí, puesto que iba a estar hoy dedicada a mis amigos. Ya que Ted, cumplía años.

Busqué en mi armario y me vestí sencilla; un vestido con estampado de flores azules, las sandalias con plataformas negras que compré hace un tiempo y una coleta de caballo para variar.

Salí y me quedé oyendo a través de mis audífonos la banda Foster The People, me ponía de muy buen humor, y me hacía ver a Londres con otros ojos.

Apenas veía que llegaba al parque, guardé mis audífonos y me centré en encontrar a mis amigos entre la tumultosa cantidad de gente.

Luego de un rato caminando por el extenso recinto, encontré a mis amigos. Quiénes destacaban con simplemente con el color de sus cabellos; mientras Abigail tenía unos hermosos rizos azabache, Steve lo tenía liso y rojo, tan brillante como el fuego.

-Hey –saludo-

-¡Bien! Llegaste, Eva –dice Aby abrazándome-

-Hola, Eva –me saluda Steve, sonriendo. Y a juzgar por el pálido color de su piel, estaba un poco rojo-

-Hola, Steve –devuelvo la sonrisa-

-¿Qué les parece si vamos al cine? –dice Ted llegando-

-lo saludamos y, decidida, habló de nuevo Aby- Si, parece una gran idea –nos mira-

-Por mi, muy bien –secundo la opinión de Aby-

Nos dirigimos al centro comercial más cercano. Nos decidimos por una de miedo, ya que las últimas veces hemos visto alguna de comedia. Entramos sin problema y nos sentamos en nuestros sitios correspondientes.

Vimos la película, y por arte de magia, Steve y yo nos sentamos juntos. Después de darme cuenta que Aby había cambiado las entradas para ponernos juntos.

La película en realidad era buena, y, exceptuando los grandes sustos que pegaba en un dos por tres, tenía una historia muy interesante. Lo disfruté mucho, posterior a ir al cine, salimos a sentarnos en una mesa cercana.

Por los altavoces empezaron a sonar una canción del momento, y habían llegado unas personas a bailar en pareja. Era curioso porque el género de la música era Pop, pero se lograba bailar.

Ted y Aby, se miraron divertidos y fueron a bailar, a unirse a esa tertulia desprevenida. Steve me miró y dijo las siguientes palabras:

-¿Me concedería esta pieza? –me tiende la mano, con un acento formal, llegando a lo burlón-

-Claro, joven –me uní a su tono-

A bailar se ha dicho, los mejores tres minutos de mi vida. No sólo porque estábamos todos en el plan de bailar algo absurdo, era porque quizás, solo quizás. Todo salía de la casualidad.

Los ojos marrones de Steve irradiaban diversión, pero no en el sentido malo, ni mucho menos. En serio disfrutaba ese momento.

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