Capitulo XII | Cries.

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Tatiana

Ambos salimos del pequeño lago en el cual desembocaba el rió. Nuestros ropajes eran pesados por supuesto y empapados pesaban el doble o el triple.

A medida que nos aproximábamos a la orilla jadeando por el cansancio, la turbulencia de ser arrastrados por la corriente y por consiguiente la adrenalina de la situación. Ninguno dijo una palabra hasta que arribamos tierra.

—¡¡¡¿Por que no fuimos por ellos?!!!, ¡¡¡Podríamos haberlos salvado!!!.—Rompi aquel silencio regresando al tema anterior, ya que no podía evitar sentir aquella injusticia de el hacia ellos. Por su parte, el mantenía su camiseta entre sus manos, deteniendo su movimiento de retorcijos con los cuales intentaba remover lo más posible el exceso de agua. Me observo un tanto incrédulo, aun sin recuperar el aliento.

—¿Que íbamos a hacer tu y yo contra ellos?, ¿Me quieres explicar?.—Alegó con cierto sarcasmo, tras chasquear la lengua.

—Pues... ALGO.—Puntualicé.

—Pues...NO.—Me devolvió la contestación a su pregunta con mi misma respuesta, con lo cual fruncí el ceño.—En una emboscada como esa NO vas a salvar a tus compañeros si tienes veinte contra dos, en ese caso los sobrevivientes deben justamente SOBREVIVIR e intentar avisar a la base central. ¿Recuerdas cuando te dije que; ''soldado que huye sirve para otra guerra''? Pues, AQUÍ sirve para aplicarlo justamente.—Determinó con seriedad tras continuar su tarea de retorcer su camiseta, con lo cual suspire un tanto abatida desviando la mirada hacia el suelo creando un silencio entre ambos por breves segundos.

—Y ahora..¿qué?.—Impacienté.

—Primero sácate la ropa y...—Pero detuve su petición.

—¡¿QUE?!.—Articule con total rubor sobre mis mejillas con lo cual me observo alzando una ceja sin comprender.

—Y yo, voy a encender la fogata, ¿O te quieres congelar en la noche con esa ropa mojada?.—Así fue como prosiguió a quitarse la sudadera que traía debajo de la camiseta camuflada, tras acomodar su cabello que se había alborotado al quitarse la segunda. Allí, nuevamente dejo al descubierto sus tatuajes impregnados en aquella humedad. Le observe por unos segundos hasta correr la mirada de manera abrupta con rubor.

—Iré por... algunas ramas y hojas secas...—Comenté con un carraspeo mientras me ponía en pie.







(...)









Para cuando el sol había caído, ambos nos encontrábamos en un refugio que habíamos armado, alumbrados por la luz de las brasas ardientes que nos protegían del frió y a la vez secaban nuestra vestimenta empapada, dejándonos a ambos en paños menores. Solo con la ropa interna, aunque por mi parte... utilice mi casi seca camiseta para cubrir mi espalda. Me encontraba bajo un rubor intenso en mis mejillas, con el ceño fruncido y la mirada levemente desviada, escuchando el chisporrotear de las llamas anaranjadas, que iluminaban en aquel color flameante el torso del oficial, quien se encontraba recostado, cruzando los brazos por detrás a la altura de su nuca.

—Que puta mierda.—Se quejó, tras extraer del sus pantalones un paquete de cigarros completamente mojados. Chasqueo la lengua para seguidamente arrojarlos lejos con un suspiro, volviendo a enfocar su mirada felina en la nada misma, rodeados de la penumbra nocturna.

—Oye...—Carraspeé para llamar su atención, quien me la dio alzando una ceja.—Siento lo que te dije...—Admití tras una breve pausa, desviando la mirada con terquedad.—La verdad es que... Si eres valiente.—Puntualicé fingiendo desinterés, recordando dos ocasiones en las que recibí su ayuda. Aunque, aquel tono rosado era visible en mis mejillas y eso mismo justamente intentaba ocultar. Por parte del pelirrojo, solo obtuve una leve risa.—¿¡De que te estas riendo?!.—Inquirí un tanto molesta por su actitud con lo que sorpresivamente voltea a verme, con aquella sonrisa tan... irresistible suya.

—De que eres muy tierna.—Admitió, en lo que me enfoque en sus ojos turquesitos dueños de esa mirada felina, resplandeciendo en el tono oro de las llamas. Le observe atónita, un tanto encantada por aquel momento de la noche, reinaba el silencio quien solo se interrumpía por chirrear de las ardientes brasas.

—Eh... bueno... yo solo quería disculparme...—Carraspee, mientras me volteaba hasta darle la espalda, y entonces note de soslayo como el pelirrojo se incorporaba sentándose finalmente, jugueteando con aquel Zippo (encendedor) tan curioso. Alce una ceja, contemplando como el masculino observaba aquel objeto.

—¿Enciende?.—Pregunté ladeando la cabeza, a lo cual me respondió dándole un tingazo a la tapa que, se abrió dejando ver esa pequeña llama. Me observa con aquella sonrisa cínica.

—Ya. Ya entendí.—Rodé los ojos.

—Me lo regalo alguien muy especial.—Reveló.

—Una novia.—Puntualicé con una sonrisa campante y un tanto engreída, la cual se desvaneció al responder de manera negativa.

—Si fue una mujer, pero no una novia.—Respondió.

—Una amante.—Afirmé y volví a alzar la ceja con mi temple victorioso.

—Mi hermana.—Reveló finalmente, alzando una ceja ahora adoptando la sonrisa que en mi se había desvanecido.—Ella es infernal.—Declaro, rememorando mientras observaba aquel objeto con detenimiento.—Siempre lo llevo.—rememoro sonriendo con nostalgia, la cual... de una u otra manera se me pego.

—Entiendo...—Suspiré con cierta tristeza, puesto que comenzaba a echar de menos mucho a mis hermanos.

—¿Tienes hermanos verdad?.—Alzó una ceja tras la pregunta.

—Tengo tres...—Sonreí suspirando con anhelo.—Aunque, alguna vez fuimos cuatro.—El pelirrojo comprendió completamente aquello, con lo cual no realizo ni acoto nada sobre el tema. Simplemente agacho la cabeza al continuar analizando su encendedor.—Kostian es el más grande,Vadim el que le sigue. Ambos son militares...—Narré, contemplando el brillar de ese magnífico fuego.—Después sigo yo, y la ultima es Anya la más pequeña, y lamas terrible.—Suspire negando con mi cabeza recordando a la mencionada.

—Ahhh si. ¿Ambos grandotes?,¿Uno rubio y uno castaño, ambos de ojos claros?, ¿El rubio tiene esa cara de ''borde'' total? Sí, me los crucé.—Afirmó con su cinismo.—¿Y tus padres?—Ante aquella pregunta mi semblante cambio por uno mas consternado.

—Mi padre murió cuando tan solo tenía tres años, y mi madre está casada con un... con un.... Maldito miserable...—Susurré, evidenciando aquel odio crispando mis puños, los cuales se encontraban abrazando mis rodillas en aquella posición sentada sobre la cual me encontraba. Fruncí el ceño y apreté mi mandíbula con coraje tras recordar, lo cual aumento la curiosidad del pelirrojo.

—Dime... ¿Qué tan malo es?.—Inquirió con sospecha, observándome con más atención aunque, este se sorprendió tras comenzar a ver las lágrimas de impotencia brotar de las comisuras de mis ojos sin pena, y entonces... comente mi relato, el relato más obscuro que tengo de Ksavid....

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N/A: Holaaa, invito a que dejen sus comentarios y sus opiniones!, asi como si encuentran algún error me lo hagan saber. Se los agradecería!!!

La ley del amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora