Tatiana Kuznetsov.
«No...¡ESTO NO PUEDE SER!»
—¡JEFE ADLER, QUE HACE!—Solté aun conmocionada e incrédula por la situación, donde aquella figura que representaba para todos nosotros
Honor, respeto, justicia
¿Ahora es participe de todo lo que alguna vez juramos proteger?....
«¡¡¡Como puede!!!»
Alexei se posaba delante de mí. Traía el entrecejo notablemente arqueado, a tal punto que su mandivula hacia una impresionante presión producto de la impotencia que él sentía.
Por otro lado, Schell se filtraba tranquilo por entre las sombras de donde hacia su inmersa aparición. Apuntando con su arma al pelirrojo, quien evitó mover siquiera un musculo ni bien se percató del sujeto que depositó con suavidad la boca de fuego entre mis vertebras lumbares. Intenté girarme para ver regalando una mirada de profundo odio. Sin embargo, aquellos mismos ojos los posé sobre quien yo pensaba, era el oficial jefe de la policía.
—¡¡¡Es usted una basura!!!.—Arremetí indignada por su profundo acto de inmoralidad. Pero él simplemente parecía observarme con una vacile que jamas antes vi.
Es como si fuera... una persona totalmente diferente.
No, ese no es Adler Schell.
Por mi parte no podía moverme, mucho menos cuando amenazados otros dos hombres hicieron acto de presencia detraes del canoso hombre, sin perder el tiempo mi captor rodeó mi cuello con su brazo derecho a mis espaldas, impidiéndome así el movimiento y por ende, el tomar de mi arma. «¡¡M-Mierda!» Intentaba retorcerme en parte para evitar ser asfixiada por aquel brazo, y en otra por ser producto de un acto reflejo. Solté un quejido de incomodidad, donde la mirada del cabello azafrán se poso iracunda sobre mi captor.
Parecía querer desmembrarlo con el tono turquesa de su iris.
Pero, algo le hacia perder aquella poderosa presencia que tanto lo caracterizó.
—¿No hace falta que diga que no te muevas, verdad Vladimir?.—Habló con sorna el mayor, apuntando al pelirrojo ahora a unos pocos pasos. —O el disparo no será para tí.—Se mofó, y sobre su rostro se dibujo aquella sonrisa lasciva y cruel que jamas antes, había vislumbrado en un hombre como Schell. —Deja tus tres armas en el suelo, te doy diez segundos.—Ordenó en un tono profundo y obscuro, canalizando el resplandor de sus ojos sobre los imparables de Alexei,
Imparables...
¿Por que se contenía?
Aquella sensación... Es la misma de un hipócrita que molesta a un tigre, solo por que esta detrás de una jaula.
El hipócrita se protege detrás de los barrotes.
Por que sabe que los ojos del tigre, lo consumirían.
—Vladimir, Alexei Burian...—Analizó, cuando el pelirrojo bajo sus tres armas y las pateó hacia el cabello ceniza. Intenté gritar que no lo hiciera, «¡Un policía jamás deja su arma!, ¡No te preocupes por mi!» Mi corazón latía inmerso en el pavor y la desesperación a la par que intentaba zafarme de su agarre.—O debería llamarte...—Finalmente, tras girar en un círculo alrrededór de Vladimir, pareció querer soltar aquella frase que se balanceaba sobre la punta de su lengua.—¿Agente numero doscientos cincuenta?.—
«¿Agente... Doscientos cincuenta?...»
•Flash Back•
—¿Por que peleas de esa forma?—Interrogué con desconfianza, el ojos turquesa se había dado la vuelta pero sus movimientos se detuvieron en seco, lo cual me hizo sospechar sorpresa o nerviosismo de su parte. Sin embargo, al instante se volteó de medio perfil durante unos segundos para responder mi pregunta.
—Practico artes marciales desde muy pequeño, es todo.—Y volvió a darme su espalda, aquella que enseñaba algunos tatuajes. No del todo, pero en esa instancia le creí ya que podía llegar a tener cierto sentido. Después de todo, soy novata en todos los estilos de pelea aun.
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La ley del amor.
Teen FictionNuestra historia comienza en Rusia, San Petersburgo donde Tatiana Kuznetsov, una bella joven de dieciocho años está lista para dar sus primeros pasos en la la vida. Escogiendo una vocación por desicion propia, peca de inocencia pues ignora todo lo q...
