Capitulo XXXIIX | Única sincronía.

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Octubre 2010, San Petersburgo Rusia.





Tatiana

—¡Mierda!. ¡POR QUE NO ME DESPERTASTE ALEXEI!.—Me quejaba saliendo de la ducha. Aun con el cabello mojado me tome poco tiempo para frotar sin empeño una toalla sobre el mismo. —Eso es crueldad. ¡CRUELDAD!. —Alexei se había levantado temprano y encaminado hacia la comisaria. ''Llegaras tarde'' decía el mensaje que me había enviado. «¡Valla!, COMO SIN NO LO SUPIERA.» Rechistaba observando la pantalla del móvil con aquel mensaje impreso en ella. No tenía tiempo, pero por fortuna ya casi terminaba de calzar mis borceguís tácticos. Estiré de las cuerdas con vigor, finalizando así mi vestimenta sujetando mi cabello con una cola de caballo bien alta. Correaje, pantalones cargo y la chaqueta del uniforme, eran mi atuendo habitual en la comisaria.

Salí disparada. Tomar el bus seria muchísimo más rápido que ir en auto. Además, de que NO QUIERO manejar el Chevrolette Camaro de Alexei por más que él me lo permita. ¿Qué hago si se raya o algo así?, ¡Ni soñando!. Ese auto debe costar más que mi vida. Aunque en el fondo, sé que a él no le importa eso en lo absoluto.







(...)







Unos doce grados de temperatura es el promedio de hoy. Los rayos de sol se desperezaron pasadas las siete sobre el cielo, donde ahora brillan con vigor.

Mientras intranquila, golpeteo mi pie izquierdo contra el suelo bufando incapaz de ocultar mi nerviosismo. «Diablos, ¡Apresúrate!.» Suspiré una vez más impaciente en espera del autobús.

—Enfadarte no va a hacer que llegue más rápido, chica policía.—Determinó la armoniosa voz de aquel joven. Estaba sentado en la parada del bus a mi derecha. Enfocaba su vista en la nada misma y aunque sonaba taciturno, su aura no emanaba tranquilidad en lo absoluto.

Traía puesta una chaqueta de cuerina negra, botas cortas en igual color y del mismo tono los jeans que portaba. Guantes de dedos libres en sus manos se apreciaban, y cruzaba sus brazos sobre sus rodillas pensante.

El color de sus ojos destilaba en tonos celeste cristalinos. Sumamente claros, que hacían intenso contraste con su cabellera azabache. No obstante, a juego con su piel pálida blanquecina. De cabello más bien corto y peinado levemente hacia atrás, su altura superaba el metro ochenta de su figura que se percibe como atlética.

—Ya lo sé.—Bufé restándole importancia al asunto. Él rió por lo bajo.

—¿Se atascó el despertador, chica policía?. —Inquirió sin siquiera brindarme la mirada. Alcé una ceja con recelo ante su actitud.

—Podría decirse.—Comenté con desgano.—Y no me llamo ''chica policía'' mi nombre es Tatiana. —Finalicé y el joven de quien desconocía el nombre, tan solo se desperezó. Sin embargo, a distancia se encontraba llegando mi transporte. —¿Te vas a subir a ese?. —Inquirí por respeto.

—No. Estoy esperando a alguien, debo entregar algo. —Reveló cruzando sus brazos por detrás de su nuca. Recostándose sobre estos con tanta placidez como sosiego.

—Si vendes drogas, te voy a tener que arrestar. —Amenacé en sospecha. Pero él no hizo más que reír con descaro.

Finalmente, mi autobús estacionó.







(...)









Y acabé llegando a la comisaria. Tarde claramente, pero eso no importó.

La ley del amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora