Agosto de 2010, Rusia San Petersburgo.
Tatiana
Han pasado algunos meses. Debo decir que todo transcurrió con mucha tranquilidad para ambos y en general, durante el trabajo.
Estos meses he tenido algunos enfrentamientos en las calles a mano armada. Si bien, salí victoriosa e ilesa, Alexei comenzó a inquietarse ante la idea de que me expusiera a tal peligro. Yo no soy una niña, y asumí todos los riesgos de esta profesión desde el día en que ingresé mis datos al inscribirme en la fuerza.
Pero, él parece hacer oídos sordos al hecho. ¡¿A caso no le importa?!.
El Jefe Schell parece muy satisfecho con mi desempeño ante los disturbios, y de hecho dice adjudicarme más tareas en las calles. Según el jefe ''Tengo mucha capacidad para reaccionar con eficiencia'' y esto, pareció molestar aún más a Alexei.
«Sé que se preocupa por mí, pero es el modo en que vivimos. Nuestro estilo de vida es proteger los valores. Y por desgracia, no todos los soldados ganan la guerra.»
(...)
Sin embargo, también es cierto que los últimos días mi agotamiento creció de una manera desorbitante. «Debe ser por los nuevos cargos de trabajo...» Me cuesta horrores no caer dormida cuando llego a casa, y mucho peor es levantarme a la mañana donde a veces, el mal estar resulta insoportable. Algunas nauseas matutinas que por lo general, se presentan después de las nueve.
¡Ah!, hoy es uno de esos días. Solo que esta vez me encuentro potando en el baño de nuestra oficina. Sosteniéndome el cabello, y con ojeras causadas por las náuseas repentinas. De estos últimos dos días. Sin embargo, estoy segura de que la comida me cayó bastante mal.
Alexei fue recargado en Moscú, por lo cual paso tres días allí. Si bien hablamos por teléfono, hoy por la tarde recién podré volver a verlo. «Haré un poco de dieta para aliviar el estómago.» Pensé para mí, poco después de salir del baño donde tanto Avery como Svety me esperaban ansiosas. Me observaban como si tuviera...¿Algo en la cara?.
—Estoy mal de mí estomago chicas. —Revelé para dejarlas tranquilas. Sin embargo, aquello hizo todo excepto causarles tranquilidad. Se miraron en complicidad, para enfocar su vista plenamente sobre mí.
—...¿Pasó algo?. —Tragué saliva nerviosa. Tantas miradas y susurros comenzaban a darme mala espina.
—Tati...¿Hace cuánto tienes este ''dolor de estómago''?. —Inquirió con sospecha Avery Egoyan, seguida por la mirada emocionada de Svety. No entiendo que les pasa.
—Hace un par de días...—Me sentía como un pequeño animal que estaban acorralando. De hecho, di un paso hacia atrás. Ellas volvieron a observarse, como si fueran capaces de hablar con la mirada.
De hablar en un lenguaje que yo no entendía claramente. La situación comienza a inquietarme.
—Hace dos o tres... ¿días?, oigan que es todo este misterio. ¡¿Pueden decirme?!. —Inquirí ahora a la defensiva. Ellas continuaban en silencio. —Vamos, tengo bastante hambre a decir verdad y quisiera desayunar algo. ¿¡Que tanto susurran?!. —Fruncí el ceño con la vista fulminante en ambas.
—Tati...—Volvió a nombrarme Egoyan, como si entre ambas hubiera sido quien más coraje tenia para hacerme la siguiente pregunta. Se dibujaba el cinismo y la curiosidad en su rostro. — Linda, ¿Cuándo fue la última vez que te bajó la regla?... —Ante su pregunta me quedé muda. No lo recordaba exactamente.
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La ley del amor.
Fiksi RemajaNuestra historia comienza en Rusia, San Petersburgo donde Tatiana Kuznetsov, una bella joven de dieciocho años está lista para dar sus primeros pasos en la la vida. Escogiendo una vocación por desicion propia, peca de inocencia pues ignora todo lo q...
