Capitulo XXV | La advertencia.

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San Petersburgo, año 2009 Febrero.


Tatiana

Pasaron algunas semanas. Afortunadamente, la compañía de León es agradable, y en general no tenemos demasiado problema como binomio. Funcionamos de manera bastante dinámica para ser sincera.

Un nueve once se presentó entre las calles Ulitsa Marata y Svechnoy Pereulok, por fortuna nada de otro mundo. Un joven de bajos recursos arrebato el bolso de una mujer, el muchacho tendría unos diez y ocho años según la descripción del radio, llevaba pantalones deportivos, una chaqueta roja y zapatillas a juego con lo anterior. Una vez en la dirección, claramente no encendimos la alarma para evitar ser ''detectados'' por el maleante a la distancia.

Poco a poco comenzamos a recorrer las calles. Desde ahora, es en general Reed el piloto dejándome a cargo de las llamadas, las direcciones, la sirena si el caso se da, además de ser la co-piloto claro. Pasábamos con el móvil por entre las calles.


—Ese maldito...¡Escapo!. —Chasqueo la lengua el ojiazul con disgusto, dando un bufido vencido antes de lo que próximamente seguro, acabaría en su rendición.

—No...—Musite llamando su atención, extendiendo un brazo por la ventanilla para poder asomar mi cabeza, y observar con mejor detalle la escena. A unos cuantos metros, allí se encontraba, intentando esconderse en el callejón aquel muchacho—¡Acelera y Detén el auto!. —Ordené, dejándolo así incrédulo por el hecho de haber podido enfocar al criminal. Reed sin mucho más obedeció, deteniendo el móvil a unas pocas cuadras. Sin embargo, aquel joven maleante se anticipó a nuestro movimiento volviendo a darse a la fuga.

—Uohhh, ¡Olvídalo niñato!. —Vocifero determinante, bajando así de nuestro móvil policial ambos nos lanzamos a correr detrás del criminal. León es bastante veloz, realmente mucho más de lo que podría haber imaginado. Su físico parece bien preparado para la tarea. Piernas largas, no demasiado robustas y físico aparentemente esbelto al menos visto desde su uniforme. —¡Tattiana!, tu síguelo hacia el centro. Yo iré por detrás. —Ordeno, y como también Reed es un superior... sin objeciones obedecí.

Aquel muchacho era delgado y demasiado ágil, no le costó demasiado saltar la valla que dividía el callejón.

—¡ALTO, POLICÍA!. —Anuncié, aunque evidentemente no se detuvo con simplemente eso. —¡Diablos!. —Vocifere dando un chasquido, mientras guardaba la beretta px4 con la cual apuntaba al fugitivo, claramente para saltar aquella valla y seguirle el camino, comenzando a escalar por aquella valla mallada.

A los pocos segundos me encontraba del otro lado de la cerca, cayendo de pie en cuclillas con velocidad y perfecta coordinación, me dispuse sin perder más tiempo a perseguir aquel joven quien salió huyendo con más énfasis y velocidad ni bien escucho me subí a la valla.

—¡DETENTE!. —Insistí una vez persiguiendo aquel joven «¡Dios!, ¡Sí que es veloz!.» y aquellas palabras me recordaron una vez más a la morena ojos castaños. Su sonrisa, sus frases... aquella manera en la cual solía iluminar todo a su paso, sus comentarios y esas carcajadas que soltaba sin pedir permiso.
Las imágenes de ella, de Natasha no dejaban de pasar como si de una película antigua se tratase. Esa distracción, comenzó a sumergirme lentamente en un ¿Trance?, del cual poco a poco notaba mi cuerpo más pesado, mis movimientos más lentos , mi velocidad disminuía y con lentitud todo comenzaba a volverse más y más borroso. Voces de fondo clamaban por mi nombre «El... criminal...¿Donde?...Donde...» Y de pronto, me encontraba acorralando a aquel joven, que lucía más asustado que otra cosa.

La ley del amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora