Capítulo 9.

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Esta noche vamos a experimentar ese dolor — OneRepublic.


Tomar la decisión fue fácil, lo que fue difícil fue hacerle entender a Kieran que esto era lo mejor para los dos.

—No puedes estar hablando en serio.

—Lo estoy.

—Pero vamos a casarnos...

—Ya no —me dolía, no podía negarlo, pero iba a fingirlo lo más que pudiera o por lo menos el tiempo suficiente como para llorar dentro de mi casa, cuando Kieran se hubiese ido.

—¿Estás terminando conmigo permanentemente?

—No lo sé, pero sí sé que no puedo seguir sintiéndome de la manera en la que últimamente me siento cuando estoy contigo.

—¿Y cómo es eso?

—Insegura, loca, vulnerable, quiero sentir que voy a entrar en la etapa del matrimonio sin tantos miedos, segura de que puedo saltar a ella contigo y que tú también estás seguro, que me escuchas, que me proteges sin importar que me pase, que me crees...

El guardó silencio, él lo sabía, yo lo sabía.

Yo tenía razón.

—Prometí cuidarte siempre y no importa donde estemos en la vida, incluso sí estamos separados porque crees que es lo mejor para protegerte por ahora, lo he prometido y lo voy a cumplir. —Kieran dio un paso hacia mí, llego muy cerca, tanto que podía escucharle respirar agitadamente, lo escuche decir una y mil veces que me amaba, que jamás había amado a nadie como yo, sabía que era verdad.

Sabía que él nunca había amado a nadie como yo.

Sabía que yo jamás amaría a nadie como él.

Sabía que lo amaba.

Pero me amaba más a mi ahora.

Me dio un beso en la frente.

El más largo, se quedó todo el tiempo que pudo ahí.

Como si tuviera miedo de que, al irse, nunca más, volviera a estar cerca de mí de esa manera.

Y quizás así sería, quizás no.

No estaba segura de nada ahora mismo.

Se fue.

En cuanto lo vi desaparecer en la penumbra de la noche, supe que era hora de seguir sin él.

Me metí a la casa, y aunque quería, no me permití llorar, no me permití desahogarme de esa manera, me puse los guantes de nuevo, me puse la ropa del gimnasio y seguir dándole golpes esta vez a la pared y a todo lo que se me ponía en el campo de visión.

Cuando termine de romper todas las cosas que pude en mi casa, me tire al suelo rendida, me entregue al dolor y al sueño para que se llevaran lo que sea que quedara de mi persona, de mi vida y de mi dignidad.


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Soy una guerrera y como lo que soy, voy a llevar esto.

Estoy bien, no necesito de nadie.

Me he ido a dormir, por primera vez en semanas, he dormido.

Eso debe ser bueno...

¿No?

Aunque he dormido solo tres horas antes de volverme a levantar y comenzar con otro día laboral.

Me he quitado el anillo que Kieran me dio, lo he puesto en la caja de color beige en la que venía, lo he guardado en el fondo de mi cajonera de ropa, para no tener que toparme con el de nuevo.

Pero, estoy bien.


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—¿Segura que quieres otra taza de café? —me dice Aby cuando ya sé que llevo, dos tazas más que me tomado casi de un solo sorbo, poco me ha importado que estuvieran calientes.

Necesitaba sentir algo.

En mi sistema.

No he comido mucho, pero lo he intentado, Aby me ha traído una ensalada con el peor sabor del mundo.

Quizás no es la ensalada, quizás soy yo.

Aun así, así me sabe todo lo que como desde hace unos días.

A tierra, a ácido, ha echado a perder o a veces sin sabor alguno.

Todo está bien, sin embargo.

No he llorado.

Eso es bueno, significa que he tomado la decisión correcta, significa que estoy bien.

No paro de escuchar música triste, supongo que es un efecto secundario de una ruptura, sobre todo una canción se me ha quedado en la mente. Me es difícil no hacer algo sin ella en mi cabeza, la reproduzco siempre que puedo, una y otra vez.

No te alejes, no cierres los ojos, dicen que el amor es doloroso, así que cariño, esta noche vamos a experimentar ese dolor dicen los altavoces, una y otra vez.

Una y otra vez la coloco, le doy enter en la computadora, play en el reproductor de mi teléfono y al final y al principio es la canción lo único que me hace levantar por las mañanas para iniciar el día una vez más.


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Otro par de días más han pasado, he comido algo de yogurt antes de venir al trabajo.

Pero después de tomarme el primer café de la mañana con un solo sorbo, lo he tenido que devolver todo en el baño de la oficina.

He empezado a levantar sospechas de la gente en la oficina, que al verme salir del baño, toda pálida y moviéndome como si ya no pudiera más por los pasillos, me ha llenado de miles de preguntas.

Odio las preguntas.

Las evito todo lo que pueda, sonrió y sigo por el pasillo hasta que llego a mi oficina.

Aby me da otro café para aguantar el día a día, no está bien pero por ahora es lo único que me da fuerzas para seguir.

—Iris tienes un recado de tu médico, dice que es necesario comunicarse urgentemente con él.

—Toma el recado y archívalo.

—Seguro. —No tengo ganas de enfrentarme a más malas noticias, al menos no por ahora.


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Por la tarde vuelvo a entrenar, Celine viene a verme después de ello. Le cuento lo que paso, me da la razón, es la primera a la que se lo digo y es la única opinión que me importa.

—Creo que hiciste bien.

—Si él no se puede comportar contigo, sino puede creerte a ti, su futura esposa no creo que tengan mucho futuro —como siempre, ella sabe que decir para hacerme sentir bien y nada miserable al mismo tiempo.

—¿Tú crees?

—Sí.

—Lo amo, aún así.

—Lo sé.

—Quisiera que volviera, pero no puedo cambiar de opinión.

—Entonces reza para que él madure de una vez, porque si no, no pueden estar juntos.

¿No podemos?

De Regreso a Mí. Trilogía: &quot;Viva la Vida&quot;.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora