Capítulo 50.

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Es cerca de medianoche y algo malo está acechando en la oscuridad — Michael Jackson.


No nos fue difícil ubicar la casa de Ariana, siempre había vivido en la misma, en el centro de la ciudad, por lo que llegamos en menos de diez minutos hasta ahí.

El auto de Kieran aún seguía aparcado delante, todavía no debía de haber encontrado nada para seguir en ese lugar.

Toqué la puerta de la manera más delicada que pude, después de dos toques Ariana nos abrió.

—Hola, justo me estaba preguntando cuando es que llegarías aquí. —La chica se hizo a un lado, me dio un beso en la mejilla y luego me dejo pasar dentro de su casa.

—Qué casualidad, lo mismo me estaba preguntando yo. —Dije entrando directamente en la casa.

Kieran estaba en el fondo de su sala, atendiendo una llamada con su celular, me miró y puso el teléfono a un lado.

—¿Qué demonios hace ella aquí? Te dije expresamente que esperarás en casa —pregunto Kieran a Raúl.

—Hey si fuera tu cuidaría como le hablaba a la señorita —dijo Ariana a mis espaldas.

—Y yo te dije que no soy una muñeca de porcelana, no puedes encerrarme en la torre y perder la llave nada más irte.

—No puedo ayudarte si tú no me dejas.

—A la única persona que vas a ayudar va a ser a San Pedro a abrir las puertas del cielo si sigues hablándome de esa manera —le dije. Detrás de mí, Raúl estalló en carcajadas nerviosas.

Incluso yo estuve a punto de tirarme a reír en el suelo por lo que le dije.

Kieran por otro lado, no parecía nada verse gracioso o contento con mis palabras.

—Eres imposible Iris.

—Sí piensas que eso es un insulto para mí, no me conoces tan bien como yo creía, detective. —Dicho esto me fui hacia Ariana, ella era el único motivo de que los tres estuviéramos aquí— ¿Has encontrado algo ya?

—No mucho la verdad, por lo que estoy verdaderamente extrañada, no es normal que al investigar los trapos sucios de una persona no aparezca nada.

—¿O sea que no tienes nada?

—Nada, lo sé, eso es lo más raro.

—¿Raro por qué?

—Porque todos escondemos algo, mi amiga. —Nadie más en la habitación sabía más que ella y yo lo que había querido decir con esas palabras.

No es que no recordará todas las cosas que yo aún tenía guardadas bajo la manga, o las de Kieran o las de Raúl, pero las de Ariana, Dios santo, eran mejor que todos nuestros secretos combinados.

Eran mejor que descubrir el secreto detrás del triángulo de las bermudas.

—Pero ella no tiene nada raro, nada fuera de lo normal en sus finanzas, hace las compras como cualquier anciana de ochenta años normal, paga sus cuentas de servicios, tiene su pensión y nada más, es todo, eso es lo desconcertante, lo más raro del mundo es que la mujer gasta cantidades exorbitantes en crema para manos con olor vainilla.

—¿Dijiste crema con olor vainilla?

—Sí, ¿porque?

—Por nada en especial, solo que a mi abuela también le gusta mucho una crema para manos con olor a vainilla.

De Regreso a Mí. Trilogía: "Viva la Vida".Donde viven las historias. Descúbrelo ahora