8. Jack y Mauro

4.1K 272 33
                                    

Jack y el insoportable de su novio-no-novio: Mauro.

Ambos estaban sentados frente a frente con los piernas cruzadas, traían batas de baño rosas y unas toallas blancas rodeaban sus cabezas; lo mas perturbador de todo era que Jack estiraba una de sus velludas piernas hacia el regazo de Mauro, quien sostenía un esmalte de uñas transparente.

—¿No sabes tocar?—espetó un molesto Jack.

—No—giré hacia Mauro—. Oh, hola, Mauro, ¿cómo has estado?—me encantaba ser sarcástica con él.

Rodó los ojos y no me respondió.

—Insurrecto—bufé.

—Tonta.

—Maleducado.

—Cabra sin clase.

—El burro hablando de orejas.

En serio se estaba atreviendo a comenzar una mini batalla conmigo, mala idea.

Cuando las personas comenzaban a pelear conmigo siempre salían heridas y yo actuaba por instinto.

Incluso Mauro salió llorando hace un par de meses cuando me llamó fofa.

—Vamos, Mauro. Sabes que no te conviene meterte conmigo.

Suspiró.

—¿En serio crees que tus palabras me afectan?

—Lo han hecho los últimos meses.

—Cállate, solterona.

—Cállame, brillantina.

—Escúchame, bruja—saltó directamente a mi—, no pienses que por ser una mujer eres más femenina que yo—vociferó haciendo ademanes exageradamente femeninos.

¿Por qué siempre sacaba el mismo tema a relucir cada que vez que me veía?

—Oh, ya quisieras ser tan femenino como yo.

—¿Femenina? ¿Tú?—soltó una carcajada sarcástica.

—Creo que es mejor que te retires—Jack señaló la puerta para que me vaya.

—Que te quede claro que no voy a dejar pasar esto, Mauro.

Dios, que exasperantes que pueden llegar a ser los hombres con hormonas como las de Mauro.

Por si tienen alguna duda, Mauro no era novio de Jack, él sólo lo utilizaba cuando tienía problemas, y Mauro aún no se daba cuenta que Jack no lo quería en verdad, lo sé, mi mejor amigo puede llegar a ser un bastardo. Supongo que hoy no tuvo un gran día

Mientras caminaba a mi habitación, no podía dejar de pensar en la perfecta sonrisa de Tom, en cómo sus hoyuelos se marcan cuando sonreía, ¿intentó hacer algo conmigo cuando se acercó? No lo creía, Dios, me sentía tonta, criticar tanto a los personajes de los libros, por ser tan vulnerables y mírenme aquí, patidifusa por un simple acercamiento.

Me tropecé con la silla que había en el escritorio, y casi me caigo de bruces al suelo, de no ser por mis curtidos brazos ya acostumbrados a mis caídas. Maldecí entre dientes y entré al baño, me quité el sostén y me puse una blusa holgada y unos pantalones de la misma talla, siempre me pregunté como algunas mujeres pueden dormir con el sostén puesto, si yo apenas aguantaba ponérmelo en el día.

Antes de acostarme, hice lo de siempre; volví a mi armario y saqué esa arrugada, amarillenta y vieja nota que guardaba desde los seis años, a esas alturas no debería ponerme tan sentimental cuando la leía pero lo único que se me venía a la mente cuando lo hacía, era imaginarme a mi de pequeña siendo feliz con una familia completa.

Del Amor a la Fama.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora