La carne es débil.
Y este pedazo de carne se había convertido en un enclenque frágil desde la primera vez que lo conoció.
Sus ojos felinos me veían como si fuera una presa. Mordí mi mejilla interna aguantando cualquier mueca. Yo ya tenía un plan en mente.
Acorté la distancia entre ambos y uní nuestros labios, la perplejidad no tardó en esfumarse de su cuerpo y empezó a seguirme el beso. Al principio fue rápido y lleno de adrenalina, nuestros dientes chocaban y el ruido que se producía al succionar y morder me encendía más. Su cuerpo se apegaba al mío siguiendo el baile de sus labios, chocando su pelvis con la mía con fuerza y enojo por lo que había ocurrido hace un momento.
Puso una de sus grandes manos en la parte izquierda de mi pecho, era algo que hacíamos para ver si nuestros corazones latían rápido.
—Ese chico, ¿te haría sentir así?—preguntó molesto—. Dime, ¿acaso hay alguien más en este puto mundo a quien desees más que a mi?
No, maldita sea, y él lo sabía.
—No, ¿verdad?—pegó su frente a la mía jadeando, nuestros pechos subían y bajaban coordinadamente—. Porque yo soy tuyo y tu eres mía.
Me acorraló hasta el punto que mis senos estaban totalmente aplastados por su pecho. Seguirle el ritmo fingiendo no sentir nada se estaba volviendo cada vez más difícil, y mis hormonas se despertaban y aclamaban por alguna atención, ignorando el enojo.
—Mhm, Tom—jadeé.
Llevé mis manos a su nuca, acaricié y halé los rizos que habían allí. Sentí sus fríos dedos colarse por debajo de mi blusa, acariciaron mi cintura y cadera hasta llegar a mi sostén, tentando ahí, luego siguieron su camino hasta adentrarse en mis pantalones. Si ya de por si mi cuerpo reaccionaba de una forma peculiar ante su toque, en ese momento estaba ocasionando un revoltijo delicioso de lujuria en mi.
Hasta que recordé que estábamos en un estacionamiento público.
—Hay cámaras y alguien puede vern...—sus labios me silenciaron. No me rehusé, dejé que devorara mi boca. Esa sensación de peligro y de que alguien podría atraparnos me excitaba más, adrenalina pura.
Mientras sus dientes dejaban marcas en mi cuello, sus dedos adentro de mis pantalones delineando el elástico de mis bragas sensualmente, curveé mi espalda impactando contra su pecho nuevamente; él sonrió complacido.
—Mhm, usas lo que me gusta.
En una milésima de segundo hizo a un lado la—ya húmeda—tela y uno de sus dedos acarició directamente mi centro.
—Tan mojadita, ¿es por mi?—resbaló dos de sus dedos a lo largo de mi feminidad y ya no frotó, sino que empezó a dar golpecitos en mi clítoris.
—¡Oh, Tom, si!—gemí en su oído, derritiéndome.
El aludido no siguió acariciándome, sacó su mano y se la llevó a la boca, chupó sus dedos viéndome desafiante; volvió al lugar de antes creando una fricción más mojada y deliciosa. Cada uno de sus movimientos gritaban un «esto es mío» a los cuatro vientos.
Ay, Diosito. Perdóname por hacer estas cochinadas en lugares públicos.
—Dime amor, ¿como se siente?
—S-se siente bien—jadeé mordiendo mi labio para evitar hacer más ruido—. Demasiado bien.
—¿Quieres que pare?—hizo un puchero.
—N-no, sigue así por favor.
Soy capaz de patearte y dejarte infértil si paras, pedazo de imbécil.

ESTÁS LEYENDO
Del Amor a la Fama.
RomanceMe limpié las lágrimas y decidí enfrentarlo. -Soy yo o todo tu show, tú decides. Anne necesitaba urgentemente un nuevo empleo para terminar de pagar sus estudios, pero jamás pensó que cuidar a unos mocosos le llevaría a tener un...