No hubiera vuelto.
No hubiera vuelto y haber estado envuelta en una situación, no planeada, ¿pero sí intencionada? Una delgada línea, muy finísima, separaba la verdad de la realidad.
Podía notar los latidos tronando en sus oídos, el sudor corriendo por la piel, ¿por qué? ¿qué esperaba? Abrió la puerta del tocador de las mujeres, encontrándose con la nada. Se desinfló, pero no fue una sensación alivio. Con la decepción subiéndose por su cuerpo, se giró para cerrar la puerta de la habitación e ir hacia la cafetería. Había regresado por nada. De verdad, ¿qué esperaba? ¿Encontrarse con él? ¿Tan ilusa era?
Sin embargo, ilusa o no, cuando se volvió para dirigirse hacia la salida que daba a la cafetería, chocó con un cuerpo. Su espalda dio con la pared, apoyándose en ella, aturdida. No pudo aún asimilar lo ocurrido cuando él la arrinconó con sus brazos, uno en cada lateral de su rostro como una jaula improvisada, hecha con solo su cuerpo.
Sus ojos fieros atraparon los suyos, incrédulos.
- ¿Qué hace?
- Huye de mí, ¿por qué?
De repente, se mareó. Estaba mareándose, aun así, estaba de pie, respirando y con el corazón acelerado. Envidió su estampa firme y seguro de sí mismo. Ella, en cambio, temblaba como una hoja al son del viento.
- Es mentira...
¿Mentira? Él ladeó la cara, cuestionándola.
- ¿Es a causa de que he herido su sensibilidad?
¿Por qué su voz sonaba tan tentadoramente dulce?
Se inclinó sobre ella, y no pudo pensar más. No podía hacerlo cuando estaba muy cerca, a un tris...
¡Pum-pum! ¡Pum-pum!
Se despertó del sueño sobresaltada y con la sensación de que estuvo a punto de caerse por un precipicio. Con el corazón en la boca, aún trataba de apartar los vestigios de lo que no fue en su mente. Había soñado que casi... casi la besaba. Sus labios con los suyos.
¡Ay, mi Dios!
Se hundió en el colchón y abrazó la almohada, sintiéndose, inesperadamente vacía. Todavía el eco de sus latidos sonaba en sus oídos, como un recordatorio de lo que había sentido y seguía sintiendo, con un agujero en el estómago. Se encogió las piernas a su pecho.
La nota había tenido enteramente la culpa.
¿Ahora cómo podía conciliar sabiendo que cabía la posibilidad de soñar con él?
Daba igual, no iba a ocurrir en la realidad. Además, que esperase sentado porque no le iba a dirigir la palabra.
***
- ¿Por qué no has regresado al lecho?
La voz de su amante perfiló por sus pensamientos, pero no apartó la mirada del libro que intentó leer desde hacía una media hora.
- No quería despertarte cuando me he desvelado. Así que he creído que una buena opción era una lectura tediosa.
- Mmmmm - Florence, en vez de irse como podría haber hecho, se acercó y se sentó en el sofá -. ¿Me invitas a una copa?
Dejó el libro en la mesa y fue hacia la licorera, que estaba llena de madeira.
- Sí, por qué no - de paso, se sirvió otra para él, aunque no rellenó del todo el vaso -. Toma.
Estuvieron un rato en silencio hasta que ella lo rompió, al verlo asumirse de nuevo en sus pensamientos.
- Deberías dejar de pensar menos en ella y buscar una nueva motivación que te haga olvidarla. No puedes estar así. Su recuerdo no te va a alimentar, ni te va a alegrar.
- ¿Qué me sugieres?
- Un viaje por Europa, quizás - se arrimó a su hombro cuando volvió a su asiento en el sofá -. Cambiar de aires, te haría bien.
- ¿Tú me acompañarías?
- Hombre, sí me lo pides, no me negaría. Siempre he soñado con visitar alguna ciudad romántica como Venecia, por ejemplo. Me encantaría presenciar sus fantasiosos carnavales.
- No creo que me vaya ese tipo de ambiente - no evitó hacer una mueca -. En otra ocasión, puede.
- ¡Qué aguafiestas! - pero no se enfadó como se podía intuir por su comentario -. Cambiarás de opinión y me llevarás.
- Veré - tomó un largo sorbo de su copa, saboreando -. Pero no te preocupes, si quieres una fiesta de disfraces, tengo una invitación del duque Werrington. No hay año que se le escape.
- ¿Con eso me vas a compensar?
- De momento, sí - esbozó una sonrisa ladina -, pero querida, ¿qué sentido tiene irse a otro lugar muy lejos de aquí, si no podemos provocar más rumores sobre nosotros? ¿No querías, según me habías dicho, de que querías que llegara a sus oídos nuestro romance?
- A veces, como esta, te estrangularía.
- ¡Qué violenta! - dijo con un palpable sarcasmo.
- Calla - se subió a su regazo en un ágil movimiento, y se contoneó. No hacía falta decir con palabras lo que deseaba en ese instante -. Compésame ahora mismo por no hacerme el viaje de mis sueños.
- Puedes dejar...
Pero no le dio tiempo a terminar su sugerencia porque lo besó, haciéndole olvidar lo que le iba a decir. No iba mal encaminada porque lo único que la alejaba de su objetivo era la bata que llevaba puesta.
Lo demás era coser y cantar.

ESTÁS LEYENDO
Miénteme © #4 Saga Matrimonios
Historical FictionLa historia de lady Samantha hubiera sido la continuación de me odiarás, pero esta la ha guardado en un cajón debido a la poca inspiración que iba teniendo. No la dejaré por mucho tiempo guardada ya que he pensado que será la última de la saga. Sí...