Volkaciers unidos de Los Santos.

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Greco Rodríguez. Un Rodríguez siempre acepta sus errores.

En un silenció sepulcral los cuatro pasaron al interior del enorme apartamento de Volkov que aún no quitaba su brazo de los hombros de un tenso Horacio.

- Pueden sentarse si quieren.- Dijo el ruso  soltando a Horacio para quitarse la chaqueta de dejarla en una silla de la cocina.

Greco caminó hacia la enorme encimera central y se apoyó mirando frente a él al de cresta que sentado en la silla permanecía cabizbajo, había pasado de pálido a rojo en minutos.
Viktor colocó un vaso de agua frente al chico y preguntó a la morena si deseaba algo a lo que respondió con 'un cigarro y un café cargado, gracias'.
Rodríguez sacó su cajetilla de la chaqueta y se lo tendió a Morgan con amabilidad, ella asintió agradecida y tras encenderlo le dió una larga calada.

Rato después, cuando el ruso habia servido tres cafés y se los había tendido se cruzó de brazos más calmado.

-¿Qué ha pasado?- Preguntó con un tono suave mirando de Morgan a Horacio.

Horacio que ni le miraba suspiró y comenzó a relatarle los sucedido con el sujeto. Tanto los comisarios como Morgan sintieron la ira crecer de nuevo en su interior.

-Morgan le ha pegado por mi, no tiene la culpa, enserio Volkov.- Murmuró finalizando el relato de los hechos.

Volkov asintió con comprensión y le aseguró que lo que Morgan había hecho no era lo más correcto pero si lo mismo que él hubiera hecho.

Greco se sintió un poco culpable. Tal vez había juzgado la doctora mal desde su primer encuentro en el hospital y no se había dado la oportunidad de conocerla. Parecía una persona que se preocupaba y protegía a sus seres queridos, algo que el respetaba mucho.

El peligris se sentó entonces al lado de Horacio para tocar su frente y asegurarse de que estaba bien, parecía un buen momento para dejarlos solos y ver que pasaba. Morgan por su parte también parecía darse cuenta de esto asi que aprovechó el momento.

-Morgan, ¿le importaría hablar un momento a solas?- Le preguntó ante lo que ella asintió.

Los otros dos chicos no parecieron ni inmutarse de que se iban hacía la terraza. Allí Greco le ofreció de nuevo un cigarro a la chica que aceptó y cogió otro para sí mismo.

-Siento mucho mi comportamiento en el hospital aquel día doctora.- Dijo el barbudo después de unos minutos en silencio.

Ella sonrió un poco de lado y negó con la cabeza para mirarle a los ojos por segunda vez en la noche.

-Disculpas aceptadas. Yo lamento haber juzgado a la policía por las acciones de aquel día.- Murmuró haciendo reir a Greco.- Empecemos de cero, ¿de acuerdo?

Rodríguez asintió pero no sé esperó como la chica actuó.

-Me llamo L.J Morgan, un placer.- Habló ella tendiéndole la mano.

-Un placer L.J, soy Greco Rodríguez.

Cuando ambos se dieron la mano una calidez pareció llenar un poco el balcón inlcuso cuando se hubieron soltado.

-Así que el policia cabeza bonita, es nada más ni menos que el Comisario Volkov, eh.- Preguntó ella con una sonrisa mirando al interior antes de expulsar el humo del cigarro.

Greco quiso reírse por como lo describió la chica, pero probablemente era como Horacio mantenía el anonimato de su amor prohibido.

-Yo los llamo Volkacio, las plazas del club de Volkaciers están abiertas.- Respondió subiendo y bajando las cejas.

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