Fin de Año.

55 5 15
                                        

L.J Morgan

Morgan miró la felicitación Navideña que descansaba sobre la isla de su cocina.
La universidad en la que su padre había trabajado los últimos años de su vida se la había mandado, casi como un recordatorio de lo poco que le gustaba a su padre recibir aquellas cosas.
Su padre siempre había sido un hombre infeliz. No por su trabajo, que parecía ser lo único que disfrutaba, si no por perder al amor de su vida de manera irremediable por miedo y por jamás enfrentarse a los demás por temor a ser rechazado.
Fue ese mismo error el que también hizo que ella existiera. Si él no hubiera dejado marchar a Jin sin hacer nada, probablemente tampoco habría tenido sexo de una noche borracho y sin protección, por puro despecho. Pero su sentido de la responsabilidad le había obligado a hacerse cargo ella aún sin tener la capacidad emocional para criarla. Tanto como siempre oía a Greco decir que su forma de ser era mitad de su padre y mitad de su madre, ella no podía decir lo mismo. De hecho, su forma de ser tenía tres o cuatro puntos similares a la de su padre pero prácticamente la había formado ella sola.
Ella amaba a su padre y sabía que él también la amaba aun que no hubiera tenido nunca la capacidad de demostrarlo apropiadamente, por eso mismo se le hacía tan difícil las épocas como aquella.

Los chicos del CNP, a los que ahora sentía como familia parecían, le habían facilitado las cosas sin darse cuenta. No diría que le encantaba la Navidad, pero por lo menos no la sufría como antes.
Se había sentido pletórica al dar los regalos el día de Navidad y que todos parecieran contentos, sobretodo cuando Greco había abierto la caja con el jersey y lo había visto, le hacía sentir calidez en su pecho.
También durante esos días rumor de su relación con el Comisario Rodríguez había volado como la pólvora. Hasta el punto de que sus propios compañeros en el hospital cuchicheaban al verla pasar. El propio Jordi junto con Isa la habían interrogado para después de saber la historia comenzar a vacilarla cada vez que un policía llegaba al hospital.

Había conseguido gracias a hacer turnos largos que le permitieran coger libre todo el día de Nochevieja y Año Nuevo. Por lo que Horacio había aprovechado la situación para convencerla de arreglarse juntos para la cena.
Mirando su reloj una vez más y guardando la felicitación en un cajón, cogió su bolsa con la ropa de fiesta y el maquillaje para salir de casa caminando hacía la de su amigo.
Él le abrió la puerta con el pelo húmedo y sin peinar y nada más que una bata rosada.

-He comprado mascarillas hidratantes para estar divinas.- Exclamó tirando de ella hacía al baño nada más soltar la bolsa en el sofá.

Tanto Perla como Pablito los miraban sin entender desde la puerta del baño cuando comenzaron a colocarse las mascarillas de olor a coco.

-Pon aquella canción que bailamos en el Tequila.- Pidió la morena comenzando a trabajar el pelo, ahora celeste, de su amigo.

En cuanto la canción comenzó a sonar se animaron más para la noche, bailando y cantando juntos mientras se arreglaban.

-A las 3 se va pal' beauty, a las 4 va pal' mall, Pa' eso de las 5 está a vapor, Se hizo las boobies y el booty, viste Christian Dior, Activa a toas' sus amigas con un call -Canturreaba Horacio mientras ella le aplicaba la sombra de ojos rosa pálido.

-La bebecita bebe lean y bebe whisky, Fuma marihuana y también se mete picky, Senda bellacona, frikitona, friky friky, es media salvaje, ella es adicta a mi ñicky.- Continuó la canción ella separándose para hacer un pequeño baile con su amigo.

Con banda sonora consiguieron peinarse y maquillarse en poco más de dos horas. Horacio llevaba sombra rosa, delineado fino para enmarcar su mirada, gloss y su cresta la había peinado hacía un lado con suaves ondas. Ella, dejando las expertas manos de su amigo hacer, llevaba un poco de sombra brillante plateada, un delineado grueso y recto hasta el lagrimal que hacía su mirada felina, los labios pintados de azul oscuro y el pelo alisado formando caracolas años 50 cerca de su rostro. Definitivamente Horacio había arrasado con su toque.
Una vez terminaron corrieron al cuarto del moreno para vestirse, dónde él le pidió ayuda escogiendo, como no, la lencería para aquella noche, mostrándole un conjunto gris y otro granate.

Remedy Donde viven las historias. Descúbrelo ahora