Cuando llueve.

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L.J Morgan

Por primera vez desde que había llegado a Los Santos el cielo estaba de un color gris con algunas nubes de color plomizo. No había caído ni una gota en toda la mañana, pero eso solo presagiaba que llovería durante toda la tarde.
Desde que había vivido en Chicago, tenía una especie de intuición que le permitía saber cuando llovería.
Ella se colocaba su abrigo negro y la bufanda morada sin dejar de mirar por las cristaleras del hospital cielo encapotado. Había quedado para comer con su comisario favorito.
El día anterior cuando había ido con Gustabo a la peluquería a última hora de la tarde hacía un tiempo espectacular para ser noviembre.
Su amigo rubio había querido cortarse el pelo y volver a decolorarlo de aquel tono rubio pollo. Morgan no tenía la intención de hacerse nada en el pelo, pero Gus le había comido la cabeza para acabar haciéndose mechas en las puntas de su pelo de color lavanda, su favorito.
El contraste entre su castaño oscuro natural y el nuevo color de sus puntas era muy bonito pero aún se sentía raro.

"Me voy a empapar" pensó caminando hacía el área de empleados para marcar su salida para el descanso de la comida.
Mientras guardaba su indumentaria de trabajo escuchó la lluvia comenzar a caer en el exterior con fuerza. No quería cancelar la comida pero llovía muchísimo como para ir andando y Horacio la había traído a trabajar, con lo que tampoco tenía coche o paraguas.
Estaba a punto de coger su teléfono para avisar al comisario cuando vio que tenía un mensaje.

Greco

Estaré en la puerta en tres minutos.

Morgan sonrió sin poder evitarlo alzando la mirada hacia la entrada dónde el Porsche de Greco acababa de estacionar. En ese momento todo se ralentizó. El hombre de barba bajaba del vehículo con un paraguas en su mano. Llevaba el jersey que ella misma le había regalado debajo de una chaqueta de cuero negro, unos vaqueros negros ajustados y sus botas.
Abrió el paraguas con el ceño un poco fruncido, pasando su mano por su pelo ya que algunos mechones se habían caído hacia delante por la lluvia.
L.J mentiría si dijera que no estaba casi babeando por el hombre que caminaba hacía la entrada.
Cogiendo aire caminó hacia allí sin apartar la mirada del comisario.

-Hola.- Dijo frente a él para meterse bajo el paraguas con él.

Greco rápidamente pasó su brazo sobre sus hombros acercándola a él para que no se mojase en absoluto.
Entonces le dió una sonrisa acercando sus rostros dándole un beso que apenas fue una caricia entre sus labios.

-Hola L.J.- saludó después en un susurro tirando de ella hacia el vehículo.

Como todo un caballero esperó con el paraguas a que ella entrase en el coche, para dar la vuelta y meterse también activando la calefacción de este.
Condujo con tranquilidad por las calles de la ciudad mientras la música de la radio sonaba de fondo. Morgan tomó la oportunidad para mirar al hombre a su lado con detenimiento.
Agarraba el volante con una mano mientras la otra permanecía apoyada en el reposabrazos de la puerta tamborileando a veces sobre el volante. Su ceño se fruncía cuando estaba centrado en la carretera, al igual que sus labios se entreabrían soltando cortas respiraciones.
Greco no solo era el hombre más atractivo que había visto en mucho tiempo, si no que además era transparente como un cristal, podía transmitir sus emociones con solo una mirada de aquellos ojos avellana enmarcados por larguísimas pestañas. Tenía un aspecto rudo a primera vista, pero cuanto más lo conocía más sabía que era tan dulce como un algodón de azúcar.

"Parezco una acosadora" se recriminó centrando su mirada en la carretera cuando hubieron llegado a la cafetería en la que el chico afirmaba haber comido muchas veces.

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