× Quemadura ×
Después de su Misa matutina, se vistió con otro outfit casual, consistente de una camisa blanca, un pantalón crema, zapatos marrones, su gorra favorita y un suéter crema en su espalda sujeto por el nudo de las mangas que se situaba en el pecho de Palette.
Ayer, por el accidente del café, no pudo conversar bien con la pareja, bueno, ni siquiera conversó con la pareja en si, solo con Goth.
Está vez Frisk no iba a poder ir con él, ya que, como toda joven de 16 años, tenía sus asuntos pendientes.
Salió del convento sin ningún problema, y se encaminó a la dirección que le dió ayer Cray, no quedaba tan lejos de la Iglesia, así que decidió ir a pie.
A pesar de que salió con un ánimo impecable, este se desvanecía a cada paso que daba.
¿Y si no estaba Cray? Iba a tener que conversar con Goth sobre eso. Es débil ante él, y lo sabe, por eso debe de tener mucho cuidado, debe de ser precavido si no quiere caer en pecado.
. . .
Ya estaba en la puerta de la casa, era una muy simple, pero linda. La puerta era de una madera fina y oscura, Palette se quedó inspeccionándola por un momento, estaba dudando si tocar o no. Decidió apegar su cráneo a esta para escuchar si había alguien en primer lugar, estuvo así por unos segundos cuando la puerta fue abierta, haciendo que se asustara y retrocediera abrubtamente.
Solo era Goth.
Goth con una camisa holgada, unos pantalones pegados negros y unas balerinas, al parecer, negras también.
El rubor en las mejillas de Palette no tardó en hacerse presente.
— ¡G-Goth! Ah, b-buenas tardes...
— Jeje — mostró su dulce sonrisa con un ligero rubor también. — Buenas tardes, pasa, Cray llegará dentro de media hora.
Lo que faltaba, iban a estar solos durante media hora.
— Oh, ¿por qué se va a tardar tanto? — su vista se paseó por toda la sala buscando el sillón más pequeño, pero los dos que habían ahí eran de dos plazas, maldición.
— Encontró trabajo en una oficina de fotógrafos principiantes — cerró la puerta con suavidad y observó dónde estaba Palette. — Claro que él no es tan principiante, pero como no terminó sus estudios en ese tema... — empezó a dar pasos pequeños hacia él dando a entender que se iba a sentar a su lado. — Solo por no tener un diploma no puede trabajar con los profesionales, ya sabes cómo es la sociedad... — y tomó asiento.
Palette estaba más nervioso, Goth se sentó de lado, flexionando sus piernas y apoyando su codo en el respaldar del sofá para apoyar con más comodidad su cráneo en su mano, sus piernas ocupaban cierto espacio del sofá, por lo que su rostro estaba no tan cerca del de Palette, pero estaba cerca.
— V-vaya... — desvío su vista hacía otro lado y puso sus manos en sus rodillas tratando de detener los temblores de éstas. — ¿Y por qué no terminó sus estudios?
— Es una larga historia... ¿Deseas algo de beber?
— Oh, ah... Si, me vendría de maravilla.
— ¿Anís o manzanilla? — puso sus pies en el piso y se puso de pie para dirigirse a la cocina.
— Ah... Manzanilla, sin tanta azúcar.
— Está bien, ¿tibia?
— Mmm... Ah, si, un poco caliente... — empezó a rascarse su nuca dudando un poco.
— Está bien, ¡será el mejor mate de manzanilla que habrás probado nunca! — entró a la cocina y empezó a hacer lo suyo.
Palette empezó a mirar alrededor, poco a poco se dió cuenta de que esa era la casa de los Death, ¡tanto tiempo había pasado que hasta ya se había olvidado de la dirección!
No pudo evitar voltear a ver la pared donde antes estaban los cuadros familiares, ahora solo habían pequeñas decoraciones de interiores en una cómoda de sala, la pared se veía vacia.
— ¡AHHHH!
El cura dió un brinco por el grito que provinió de la cocina, se paró a velocidad y corrió a ver qué había sucedido.
Al estar en el marco de la entrada, vió a Goth con su camisa mojada y pegada a sus costillas, sacudió su cráneo con fuerza y corrió a ver cómo estaba.
— ¡¿Qué pasó?!
— ¡Quema!
Entendió a la perfección a qué se refería, el agua caliente de alguna forma le había caído encima, esto hizo que se exaltara.
— ¡Quítatela! — con algo de fuerza le quitó la camisa y la tiró a un lado, dirigió a Goth frente al lavabo con delicadeza y con su mano izquierda abrió la llave y humedeció su mano para pasarla por las costillas de Goth.
— ¡Arde! — este apartó la mano del contrario mientras pequeñas lágrimas caían por sus mejillas y cubría con sus brazos sus irritadas costillas.
Palette miró a todos lados tratando de encontrar un trapo, pero no encontró ninguno con la mirada, por lo que desató las mangas de su suéter lo humedeció e intentó ponérselo a Goth como si fuera un delantal, pero este se negaba.
— ¡Goth, se te va a irritar más!
— ¡Me va a arder!
— ¡Vamos, ya no eres un niño! — con un movimiento rápido acorraló al menor en la alacena y puso las mangas alrededor de su cuello haciendo que el resto del suéter humedecido se apegara a las costillas de Goth.
Un gritó de dolor resonó por toda la casa.
— ¡Tranquilo! Ya va a pasar...
Goth se sostuvo de los hombros de Palette y los estrujó con fuerza para tratar de soportar el dolor, claro que al contrario le dolía, pero no era mucho.
— ¿Ya te sientes mejor? — sostuvo las mejillas del menor y con sus pulgares le secó las lágrimas.
Goth solo pudo asentir en silencio mientras abría un poco sus cuencas.
— Ya todo está bien, ¿si? — lo rodeó con sus brazos, a lo que él dió un pequeño brinco por el contacto en su pecho, pero correspondió el abrazo.
— ... Gracias, Paly...
— No es nada...
Era hora del siguiente paso.
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