Capítulo XXIII

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Dos semanas después...


Zayn no había acudido a trabajar durante los últimos días, pues le habían mandado descanso médico. ¿La causa? Un cuadro de estrés crónico.

El moreno había presentado durante los últimos días vómitos, erupciones en la piel, dolores de cabeza y cansancio extremo, además de falta de concentración. Ryan no dudó en llevar a su esposo a la clínica para que le hicieran todas las pruebas necesarias, pues pensó por un momento que podían ser síntomas de una enfermedad mucho más grave.

Ahora Zayn se encontraba descansando en cama, mirando una película animada mientras comía gomitas de ositos y papas fritas con queso. Ryan no había podido acompañarlo, pues debía trabajar, pero esto no le importó al moreno, puesto que lo último que quería era ver a su esposo.

Zayn estaba perfectamente consciente de que el cuadro de estrés que estaba sufriendo se había causado debido a sus constantes pensamientos y dudas respecto a Liam y Ryan. Al moreno le costaba cada vez más mostrarse cariñoso con su esposo, dormir con él por las noches e incluso hablarle o preguntarle cómo estaba. Sus deseos por dejar todo e ir tras Liam, eran cada vez más fuertes, y no sabía cuánto tiempo más resistiría vivir aquella pesadilla. Zayn no lo merecía.

Niall se había preocupado por él como nunca aquellos días. Sabía que su mejor amigo no sabía cocinar tan bien, por lo que le enviaba comida delivery a su casa y le mandaba mensajes constantemente, preguntándole cómo se sentía. Zayn se alegraba por todas esas muestras de cariño que recibía por parte del ojiazul, pero también se entristecía un poco al darse cuenta que su esposo no le prestaba tanta atención como lo hacía su mejor amigo.

Si bien era cierto que Ryan era un hombre encantador y muy guapo, Zayn a veces se preguntaba por qué rayos seguía casado con él. Y es que con el pasar de los años, su esposo cambió en algunas cosas, y eso no le gustaba para nada al moreno.

Ya no era detallista ni observador. Ryan solía ser el primero en notar cuando Zayn no estaba bien emocionalmente, cuando se había pasado de copas o cuando simplemente quería su espacio personal. También solía sorprenderlo con regalos inesperados, ya sea desde una pequeña carta hecha a mano, hasta un enorme ramo de rosas. Al moreno le fascinaban todos esos momentos, pero al parecer aquello ya había quedado en el pasado.

Ahora Ryan ya ni siquiera parecía prestarle atención cuando Zayn le contaba un problema, las pequeñas muestras de amor inesperadas ya no existían más. La rutina y la monotonía se apoderaban cada vez más de su matrimonio: Despertar, desayunar, trabajar, volver a casa y dormir. Ya no habían momentos en los que salían a pasear por la ciudad, veían una película juntos o simplemente se quedaban acurrucados todo el día, conversando.

Recordó esas múltiples peleas que tuvo con Ryan debido a que éste solía llegar borracho luego de alguna reunión con sus amigos del trabajo. Era siempre así. Ryan llegaba tarde a casa dos o tres veces a la semana con aliento a alcohol, Zayn lo mandaba a dormir a la habitación de huéspedes y al día siguiente discutían hasta llorar. El rubio siempre lograba que su esposo lo perdone, sin darse cuenta que esa situación estaba agotando mentalmente al menor.

El ringtone de su móvil invadió la habitación repentinamente, provocando que Zayn pegara un salto del susto. Pausó la película que estaba mirando y contestó al ver que era Ryan quien lo llamaba.

—Hola Ryan... —dijo sin deseo alguno de hablar.

Hola mi amor. —saludó su esposo al otro lado de la línea. —¿Estás bien?

—Sí.

¿Has vuelto a vomitar?

—No.

Yo te elijo a ti (ZIAM)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora