Caminaba detrás de la princesa, esforzándome por que mi rostro permaneiera imperturbable.
Diosas, en solo unas pocas semanas habíamos discutido en numerosas ocasiones. Y aún seguía sin entender el motivo.
Si alguien me hubiera avisado de lo que ocurriría, me lo hubiera pensado dos veces antes de aceptar el puesto de su escolta.
Mientras andábamos, ella hablaba y hablaba acerca de la tecnología sheikah, aquella extraña magia que a mí tanto me costaba comprender. Parecía como si estuviera expresando sus reflexiones en voz alta, quizá creyendo que yo no le estaba prestando atención.
No obstante, lo cierto era que escuchaba cada una de sus palabras, dejando a un lado el hecho de que no entendía ni la mitad de lo que ella estaba diciendo.
De pronto, la princesa enmudeció. Se detuvo de forma brusca en medio del camino que recorríamos. La imité, preguntándome para mis adentros qué le sucedía.
—Dime la verdad —empezó. No se molestó en girarse para mirarme. Pero apenas me sorprendió. Era lo habitual—. ¿Sabes manejar bien esa espada? Se dice que a veces resuena una voz en su hoja. ¿La has... ? ¿La has oído?
—_—_—_
Abrí los ojos y dirigí la vista hacia la piedra sheikah. En la superficie lisa estaba la imagen que me había ayudado a recordar; la imagen que mostraba el lugar en el que me encontraba.
Llevaba días teniendo la molesta sensación de que faltaba algo, algo importante de lo que todavía no lograba acordarme.
"Es solo cuestión de tiempo", me dije por enésima vez. "Solo cuestión de tiempo... "
***
Tras cuatro días de viaje, conseguí reactivar la torre de Lanayru. Y poco después, alcancé por fin la entrada a la región de los Zora, donde Vah Ruta aguardaba.
Nada más poner un pie en el primer recordo del camino, unas tímidas gotas comenzaron a caer sobre mi cabeza.
Aquella leve lluvia no tardó en convertirse en un auténtico aguacero.
"Genial."
No obstante, la única opción que tenía era resignarme y continuar andando, aunque fuera a acabar completamente empapado.
—¡Eh, tú! —gritó alguien de forma repentina, sobresaltándome—. ¡Joven! ¡Aquí arriba!
Obedecí y miré hacia arriba, con una mano cerrada en torno a la empuñadura de mi espada. Divisé una figura de forma extraña, aunque no pude apreciarla bien debido a la lluvia.
—¡Espera! —me indicó al tiempo que bajaba de un salto.
Me quedé sin palabras. Ante mí se erigía un ser con forma de... de pez. Pese a ello, se desplazaba a dos patas. Me superaba en altura con creces y, por lo que parecía, también en fuerza.
—Tú eres hyliano, ¿verdad? —me preguntó.
—Sí —respondí con cautela.
—¡Qué alegría! —exclamó—. Había empezado a pensar que nunca daría con uno...
—¿Quién eres? —inquirí, observándole con desconfianza.
—¡Oh, perdóname —volvió a exclamar—. Soy Sidon, príncipe de los zora. Y tú, ¿cómo te llamas? —Me mostré reticente a contestar—. ¡No seas tímido!
"Diosas, deja de gritar."
—Link —repliqué después de soltar un suspiro de resignación.
—¡Qué grandioso nombre! —chilló el tal Sidon—. Incluso juraría haberlo oído antes... —musitó. Se mantuvo unos instantes en silencio, pensativo—. Bueno, eso no importa ahora. Verás, te he estado observando.
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El Héroe de Hyrule
FanfictionHace cien años, la princesa decidió sumir al héroe en un letargo para que se recuperase de sus graves heridas. Hace cien años, la princesa decidió sacrificarse por su reino. Ahora, Link despierta en un misterioso santuario, solo y sin recuerdos. Lo...