Capítulo 16

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—¿Tú eres Yunobo?

—Así es. ¿El jefe te envió a buscarme? —Yo asentí con la cabeza—. Oh, bien. Me alegro de que hayas venido.

—¿Cómo acabaste... aquí? —quise saber, señalando la cueva en la que nos encontrábamos.

—Vine a buscarle al jefe un remedio para el dolor de espalda. No fue una buena idea. El volcán está muy activo últimamente. Lanzó un proyectil hacia aquí. Hubo un desprendimiento de rocas y, bueno, acabé atrapado dentro de este lugar. ¿Qué hay de ti? ¿Cómo activaste el cañón? Solo el jefe sabe cómo hacerlo.

—Bueno, yo... La verdad es que no lo sé.

—Oh, bueno. En ese caso, no importa. Prefiero no saberlo. —Dejó escapar una risita—. ¡Por Hylia! Debería volver ya. Seguro que el dolor de espalda del jefe ha empeorado. Y tú también deberías volver conmigo, no es seguro que estés aquí solo.

—Sé defenderme —repliqué, ligeramente ofendido.

—No lo dudo. Pero las temperaturas en esta parte de la región son muy altas. Es peligroso para los hylianos.

—Llevo días aquí.

El goron suspiró.

—Te diré la verdad. No quiero volver solo porque el camino está lleno de monstruos. Abundan por aquí. Sobre todo estos días. Y odio a los monstruos —añadió con un escalofrío.

Le contemplé durante un rato. Él no apartó la mirada, que había adquirido un brillo de súplica. Súplica. Diosas, jamás habría llegado a creer que un goron me miraría de esa forma.

Al final, acabé aceptando su propuesta a regañadientes.

***

Llegamos a la Ciudad Goron un poco más tarde de lo que a mí me hubiera gustado. Porque el cuerpo de Yunobo, al estar hecho de roca, era infinitamente más pesado que el mío y, por consecuencia, avanzaba a una velocidad infinitamente más lenta.

—¡Yunobo! —exclamó Gorobu al vernos—. Gracias a las Diosas que estás bien.

—Este hyliano me encontró y me rescató. Fue muy valiente.

—Ya veo. Estoy en deuda contigo, viajero. Si quieres algo en agradecimiento, tan solo tienes que pedirlo.

—No —repliqué—. No quiero nada a cambio.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—Bien, si eso es lo que deseas, no seguiré insistiendo. Yunobo —añadió, dirigiéndose al goron—, necesito hablar contigo. Solo será un momento.

—Espera aquí —me indicó Yunobo.

Yo asentí, y Yunobo siguió a Gorobu hacia le interior de la casa del jefe.

Un rato después, Yunobo salió y se acercó a mí.

—Por cierto, ¿cómo te llamas?

—Link.

—Bien, Link Sé que lo que estoy a punto de pedirte te va a parecer descabellado, pero el jefe está muy mal de la espalda, y no puede seguir formando parte de lo que teníamos pensado hacer.

—¿Qué teníais pensado hacer?

—Seguro que habrás oído hablar de Vah Rudania.

—Así es.

—El jefe lleva mucho tiempo intentando detenerla con sus cañones. Me usaba a mí de proyectil y me lanzaba hacia la montaña para...

—Espera —le interrumpí, incrédulo—. ¿Tu jefe... te usaba como proyectil?

El Héroe de HyruleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora