Capítulo treinta y cinco

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"Tengo la teoría, de que cuando uno llora, no llora por lo que llora, sino por todas las cosas por las que no lloró en su debido momento."
Mario Benedetti.

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—¡Feliz año nuevo!— gritaron todos, chocando sus vasos.

Los abrazos y las felicitaciones duraron mucho tiempo. Todos estaban verdaderamente felices, excepto por una rubia, que no solía disfrutar de las festividades.

Una vez que habían visto los fuegos artificiales y ya había pasado una hora del nuevo año, todos tomaron sus celulares para felicitar a sus seres queridos que no estaban presentes en ese momento.

Betty solo entró en Instagram, dispuesta a ver las publicaciones e historias que subían sus seguidos.

En el momento en el que tocó uno de los círculos de las historias de Instagram, se arrepintió de su decisión.

La miró por unos largos minutos y algo le punzó en el corazón, tragó duro y levantó la vista hacia sus amigos.

—Iré a tomar un poco de aire, vuelvo en un momento.

Ellos solo asintieron y así, la rubia tomó su chaqueta y salió. Se montó en su motocicleta y condujo a toda velocidad por las calles del pueblo.

Para las dos de la madrugada, ya se encontraba sentada en uno de los bancos del pequeño parque que estaba frente a su antigua casa, ese lugar en el que había vivido toda su infancia y pre adolescencia.

Por las ventanas se veían las luces encendidas. Ladeó su cabeza con lágrimas en su rostro y le dió otro trago a la botella de alcohol que había conseguido en uno de los pocos kioscos que estaban abiertos a esa hora.

Los recuerdos estaban ahí, frente a ella. Todas las veces que había sido desplazada, todo el esfuerzo que había hecho para llamar la atención de sus padres sin ningún éxito, cuando su padre y su hermana la abandonaron junto a su madre en un estado de adicción, los golpes que había recibido, las palabras crueles que había tenido que escuchar y todo lo que había tenido que guardarse, todas las lágrimas que se había tragado.

El sonido de un motor apagándose la hizo voltear. El chico se quitó el casco, pero ella lo había reconocido desde que lo vió llegar.

Continuó mirando al frente, el pelinegro se sentó a su lado.

—Están todos preocupados por ti— murmuró— yo también lo estoy.

—Ya viste que estoy bien, ya puedes irte— contestó fríamente.

—Fangs quiso venir, pero preferí hacerlo yo— continuó, ignorando su petición— Él me lo permitió.

—Seguro lo hizo porque está ebrio hasta las pestañas. Sabe que no le gusta que me molesten.

—De hecho, no lo estaba— negó, observándola.

La rubia se limpió las lágrimas, su rostro sin una sola pizca de alguna emoción. No lo miraba, solo se limitaba a ignorarlo.

—¿Qué haces aquí, Jughead?

—Vine a verte, me preocupé mucho en cuanto supe que habías desaparecido. Cheryl me dijo que probablemente estabas aquí, no se equivocó.

—¿Y por qué has venido hasta aquí?— se llevó la botella a los labios y le dió un gran trago. Luego se la tendió, el pelinegro la tomó y la dejó a un lado.

—Porque te quiero y me preocupa no saber de ti— confesó.

Betty rió sin gracia— siempre dicen eso al principio, pero todo oscurece al final.

—¿Hablas por lo que pasó con Sweet Pea?— la chica se tensó y Jughead pudo notarlo— sí, me enteré de todo, y déjame decirte, que no puedes vivir privandote de la felicidad solo porque no funcionó una vez.

—Ya estoy cansada de arriesgarme— se sinceró— me he pasado toda mi vida buscando la aprobación ajena y ya estoy harta, porque lo que no te lastima al principio, duele más cuando acaba.

—¿Cuánto te han roto para que le temas a la vida ahora?

—Tanto que ya ni el pegamento sirve para arreglarlo— murmuró— pero está bien, todos debemos lastimarnos una vez en la vida para saber lo cruel que puede ser el mundo.

Se veía vulnerable y rota, se veía pequeña y atormentada, tan necesitada de algo súper básico como lo es el amor, el amor de un padre, el amor de una madre o el amor de una hermana.

Nunca había tenido ni una sola muestra de afecto por esas personas y aunque fingiera que no era importante, le dolía el vacío en su pecho.

—El mundo es cruel— le dió la razón— pero no lo es por completo, también existen personas buenas.

—Lo sé, conozco a un par— asintió— tú eres una de ellas.

—¿Por qué lo callas, Betty? ¿Por qué silencias tu dolor y finges que todo está bien?

—No podemos vivir aferrados al pasado, ignorar el dolor es una buena forma de hacer que desaparezca— respondió sabiamente.

—Ignorar las cosas no las va a desaparecer— negó.

—Pero hace que duela menos por un rato.

La rubia suspiró y se recostó de lado, apoyando su cabeza en el regazo del chico, quien en silencio se dedicó a acariciar su cabello dorado.

—¿Recuerdas esa vez que me preguntaste cuál es mi mayor deseo?— Jughead sintió como algo mojaba su pantalón, eran las lágrimas que Betty había comenzado a soltar.

—Si, lo recuerdo— afirmó.

—En parte te mentí— declaró, con su voz rota— mi mayor sueño es algún día tener una familia feliz como la que yo no pude tener.

—Estoy muy seguro de que no te será difícil lograrlo. Cualquiera que te mire y te conozca se enamoraría de ti.

La rubia sorbió su nariz y soltó aire pesadamente— ahora sí te creo lo que me dijiste en el baño hace unos días. Tú no serías capaz de lastimar a nadie intencionalmente.

—Mucho menos a ti, Betts. Que me has dado una mejor perspectiva de la vida.

Esta se puso boca arriba para poder verlo, aún sin dejar de llorar— no sabía que podía hacer eso.

—Tu corazón roto fortaleció al mío— asintió— y si me lo permites, intentaré devolverte poco a poco, toda la felicidad que me da tu sola presencia.

—Eso sonó muy cursi— intentó bromear, con una mínima sonrisita— prométeme, que si te cansas, solo dímelo, pero no me lastimes— rogó.

—Jamás te haría daño intencionalmente— le recordó— te quiero, Betty.

—También te quiero, Jug.

Y sin darse cuenta, en esa noche oscura de año nuevo, habían comenzado algo. No estaban seguros de que era exactamente, pero se veía fuerte y duradero.

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Este capítulo me rompe y me hace bien al mismo tiempo

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Este capítulo me rompe y me hace bien al mismo tiempo.

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