Capítulo cincuenta

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"Mitad agonía, mitad esperanza."
Jane Austen.

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Días más tarde, la pareja le dió la noticia a sus amigos, los cuales la tomaron de una muy buena manera.

Verónica y Betty volvieron a su habitación luego de que la cena terminase.

—¿En serio estás segura de esto?— preguntó la morocha, cerrando la puerta.

La menor volteó a verla y juntó sus manos, ni siquiera necesitaba pensar su respuesta— lo estoy, V— afirmó con total seguridad.

—¿Y cambiarme por el estúpido y antipático de Jughead?— fingió indignación— yo no puedo creer esto— negó y se llevó una mano al pecho, Betty dejó salir una carcajada.

—¿No estás feliz por mí?— alzó una ceja, acercándose un poco.

—Claro que lo estoy— asintió— pero no me contenta la parte en la que te vas y me dejas sola en mi último año de universidad— se cruzó de brazos— ¿Ahora qué sigue? ¿Adoptar un cachorro y llamarlo Bear?— preguntó con sarcasmo, mientras continuaba con su drama.

—¿Bear?— frunció el ceño, confundida, pero aún sonriendo con diversión.

—Así llamaré a mi cachorro cuando tenga uno— murmuró, como si fuera un secreto— ¡No me desconcentres!— la señaló, endureciendo su rostro nuevamente.

La rubia suspiró y tomó a su amiga por los hombros— sé que solo estás bromeando, pero debo pedirte que pares o conseguirás que me termine arrepintiendo— dijo con una mueca— sabes que soy muy perseguida.

Verónica abrió sus ojos de par en par y negó frenéticamente— me callaré— aseguró— estás tomando una muy buena decisión.

—¿De verdad lo crees?— se tiró en su cama boca arriba y tomó un almohadón para abrazarlo— no dudo de que Jughead me hace muy feliz y que la decisión de mudarnos me emociona. Pero los cambios me asustan, y este es uno grande— habló, mirando el blanco desgastado del techo de esa habitación de universidad.

—Pensé que nada podía espantar a Betty Cooper— se burló, recostandose a un lado de su amiga. Tomó aire, mirando en la misma dirección— te mereces ser feliz más que nadie y Jughead es un gran chico. Se aman profundamente y cualquiera que los vea lo puede asegurar. Es normal tener miedo a los cambios, pero estoy segura de que este es uno bueno— dijo con sinceridad.

La rubia suspiró y tragó saliva— envié un correo a un periódico local— murmuró.

—¿Qué?— preguntó, alentandola a continuar hablando.

—Ví que uno de los escritores solicitaba una asistente y les escribí, es como una especie de pasantía, igualmente, no creo que me llamen— se encogió un poco— podría servirme para comenzar a acostumbrarme al ambiente en el que quiero trabajar algún día.

—¿Le contaste a Jug?— la miró.

—Aún no, él se emociona mucho y si no llego a lograrlo me desilusionará el doble— soltó tristemente.

—Entiendo, aunque sé que lo lograrás— la animó con una sonrisa.

—Seguramente— dijo irónica y la morocha solo la abrazó.

Por otro lado, Jughead y Archie se encontraban en su propia habitación, ambos trabajando en sus exámenes finales.

—¿Te llamaron?— preguntó el pelirrojo, anotando algo en una nota adhesiva y pegandola en la pared frente a él, junto a un montón que estaban ahí, todas de distintos colores.

—Me enviaron un correo, decía que están considerando mi solicitud— contó, mientras acomodaba unas hojas— aún necesitan mis notas de último semestre para ver si me contratarán.

—Y... te mudarás con Betty, luego— asintió, apretando los labios.

—Así es— soltó ligeramente.

—La amas demasiado ¿Cierto?

—La amo con cada parte de mi ser— lo miró por un momento y volvió a su trabajo, estaba siendo realmente sincero.

—Te extrañaré aquí— admitió— será difícil levantarme en las mañanas y que tú no te estés quejando de que tardo mucho en la ducha— habló con una sonrisa nostálgica.

Era entendible, 4 años juntos era bastante, eran como hermanos y separarse les dolía un poco.

—Te pones sensible— se burló, pero ciertamente, también era muy difícil para él— aún no me he ido.

—Lo harás en dos semanas— se encogió de hombros— es justo que comience con mi drama desde ahora.

—En dos semanas es mi graduación, no me iré ese mismo día— negó.

—Wow— se recostó en el respaldo de la silla y sonrió, mirando su pared llena de pequeños papelitos, pero sin prestarles atención— recuerdo cuando nos conocimos, éramos dos tontos que no sabían nada de la vida. Vivíamos en fiestas y no sabíamos lo que era la responsabilidad.

—Luego ya te obligué a sentar la cabeza— recordó divertido el pelinegro.

—Eres un gran amigo, Jug— dirigió su mirada al chico— sin tí no hubiera podido sobrevivir a esta etapa de mi vida.

El mayor sonrió y le palmeó la espalda en un gesto cariñoso.

—Te quiero, hermano.

—Yo a ti, viejo— respondió con una sonrisa.

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Perdón por no actualizar en estos días, estaba intentando ser social y juntándome con mis amigos

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Perdón por no actualizar en estos días, estaba intentando ser social y juntándome con mis amigos.

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