Capítulo treinta y tres

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"Los malos momentos también terminan y no pasan para que sufras, sino para que aprendas."
Rafael Cabaliere.

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Betty fue trasladada hacia su trailer.

—Ahora todos salgan y déjenme hacer el trabajo a mí— pidió Heather y todos se quedaron a observar desde la puerta.

Estaban todos amontonados en el marco, Verónica, Fangs, Jughead y Cheryl, como si fuera una escena de Friends.

La rubia se recostó en el colchón y apoyó su cabeza en el regazo de la chica.

La castaña, con unos guantes de látex ya puestos, la inspeccionó— no es nada, apenas se abrió la cabeza, solo serán dos puntos.

—¿Ven? Yo se los dije, pero nadie le cree a Betty— negó la rubia, ya algo delirando por la pérdida de sangre.

—Estaba siendo sarcástica— aclaró Heather con una mueca, mientras sacaba elementos del botiquín.

—Entonces nunca le crean a Betty— siguió hablando en tercera persona.

Luego de varias quejas e insultos, debido a que no había anestesia, la rubia ya estaba curada y con una gasa pegada en el cabello.

—No te laves el cabello hasta esta noche, de preferencia hasta mañana en la mañana. Para que al menos se seque un poco la herida— le aconsejó Heather, mientras guardaba las cosas— intenta descansar un poco.

—Muchas gracias— sonrió, recostada en su cama y tapada con una manta.

—De nada, reina— le devolvió la sonrisa y levantó el pequeño maletín— ya pueden pasar— informó antes de salir, como si fuera un médico especializado.

—¡Me asusté demasiado!— chilló Fangs, empujando a todos para poder entrar.

—¡Bu!— soltó y frunció el ceño al ver el rostro neutro de su amigo— eso debió asustarte más que un simple golpe— habló desconcertada.

—B ¿Estás bien?— preguntó la morocha, arrodillándose en el suelo, a un lado de su amiga.

—Si lo está, solo delira por los medicamentos que acaba de tomarse— Cheryl rodó los ojos y miró a su prima— ¡Siempre terminas lastimada y no entiendes!— la regañó— primero casi te queman viva, ahora te abres la cabeza y te apuntan con un arma ¿Que sigue? ¿Eh, Elizabeth?— soltó molesta.

—No me llames Elizabeth— pidió, con los ojos enrojecidos y con una mueca molesta— por favor, no lo hagas— murmuró, algo sensible.

La pelirroja pareció entender y de inmediato sus facciones se suavizaron— lo siento, prima— murmuró.

—Betts— Jughead llegó hasta ella— ¿Estás bien?

—Flasheaba confianza— murmuró el morocho y el chico lo miró— me caes bien, pero eso no quita que la hayas lastimado.

—No lo hizo— negó la rubia— solo fue una confusión o eso creo— soltó pensativa— estoy bien— afirmó, palmeando la mejilla de Jughead.

—Deben dejarla descansar— todos voltearon a ver a Gladys, que se hallaba en la puerta— los quiero fuera, debo ver a mi niña.

Todos salieron, esta se sentó a un lado de la rubia y tomó una de sus manos para envolverla entre las suyas.

—Eres jodidamente fuerte, niña— asintió sorprendida— todos nos asustamos y tú mantuviste la calma y sobrellevaste bien la situación. Ahora entiendo por qué eres la reina.

—Es la costumbre— comentó tratando de mantenerse despierta. Los remedios comenzaban a hacer efecto.

—¿Qué?— frunció el ceño— ¿Ya te han apuntado con un arma antes?

—Solo cuando me atraparon haciendo el trabajo sucio de Penny— mintió— ¿Recuerdas cuando me manipuló e inculpó? Estuve detenida por dos semanas hasta que se aclaró todo.

—Como olvidarlo, si no te sostenían la hubieras matado.

—Ganas no me faltan— trató de bromear, pero sus ojos comenzaban a cerrarse.

—Te dejaré descansar. Luego hablaremos de algo importante— besó la frente de la joven y se levantó.

—¿De qué?— preguntó adormilada.

—Ya te lo diré— esta cerró la puerta de la habitación y Betty cayó en un profundo sueño

Por otro lado, dos chicos se hallaban sentados en una mesa del Whyte Wyrm.

—¿Por qué Betty dijo eso?— indagó la morocha.

—¿Decir qué?

—Eso de que solo fue una confusión ¿Ya te perdonó?

—No lo creo. Le expliqué como fueron las cosas, pero me dijo que está harta de solo palabras, que prefiere acciones.

—Sabía que no podrías lastimarla, pero confié en ella porque también me hicieron lo mismo— hizo referencia a su reciente rompimiento.

—Lamento lo de Archie, no sé en que momento se convirtió en un idiota— negó.

—No debes preocuparte, solo no debía ser y de alguna forma no fué. Sigue hablándome de Betty— pidió.

—Hoy dijo que tenía miedo de que la lastimara, porque no sabía si podría soportar otro golpe— contó— no me dió tiempo a preguntar a que se refería.

—¿Viste cómo reaccionó ante la presencia de esa mujer?— preguntó la chica en un murmullo.

—Fingió estar bien, pero sé que le molestó— asintió— ¿Notaste su parecido entre ellas?

—Si, ella dijo que se independizó a los 12 y que no tenía padres— recordó— ya no creo tanto en la posibilidad de que hayan muerto ¿Y si solo se escapó de su casa por algo?

—No lo sé, Verónica, si no nos lo cuenta debe ser por alguna razón importante.

Vieron un puño golpear la madera de la mesa débilmente y siguieron su vista hasta el rostro de la persona.

—El chico tiene razón, a Betty no le gusta que se metan en su vida sin su permiso— fue lo único que la pelirroja dijo y se encaminó hacia la barra.

Ambos amigos solo se miraron.

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Perdón por estar tan desaparecida

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Perdón por estar tan desaparecida.

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