"El mundo está harto de mí y yo estoy harto de él". Charles D'Orléans.
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Para cuando Jughead regresó, solo se encontraba Betty en la casa. Con su pijama, un moño mal hecho y un pote de helado en sus manos, mirando un reality show que transmitían en ese momento.
La rubia ni siquiera se volteó en cuanto oyó la puerta, su cabeza era un desastre y solo podía pensar en el hecho de que tenía un medio hermano y además, había vuelto a hablar con su padre luego de muchos años.
—Cariño, estoy en casa— le avisó el morocho, aunque ya sabía que esta había notado su presencia anteriormente.
—¿Qué tal el paseo?— se llevó una cucharada de helado a la boca, desviando su mirada del televisor para fijarla en él.
—¿Qué tal la junta familiar?— preguntó divertido, dejándose caer a su lado.
La rubia dejó salir un bufido— tú me has visto molesta más de una vez— este asintió, recibiendo el helado que su novia le ofrecía— okey, juntalas todas y multiplícalo por 10.
—Uy— hizo un gesto de dolor— dime quién tuvo que soportar esa tortura.
—Mi padre— suspiró— Ethan me dió pena, se asustó.
El pelinegro soltó una carcajada— lo comprendo, pobre.
Ambos se quedaron un rato en silencio, mirando fijamente la pantalla, mientras compartían el postre.
Realmente, ninguno estaba prestando atención. Betty estaba aclarando sus ideas y Jughead lo sabía, por lo que esperaba pacientemente que ella decidiera desahogarse.
Finalmente, la rubia suspiró y se recostó en el mueble, apoyando su cabeza en las piernas del pelinegro.
—Estoy cansada— murmuró observando el techo. Él solo la oía, sin decir una palabra— harta de mi familia y de la puta vida— siguió murmurando, el odio en su voz iba aumentando con cada palabra que soltaba.
—Shh— Jughead soltó muy bajo, acariciándole el cabello.
—Hoy e vuelto a hablar con él, luego de ocho años— siguió— y lo único que hizo fue pedirme que tratara bien a Ethan, que fuera su hermana y que apoyara a Polly cuando se entere, porque sabe que lo pasará muy mal— sus ojos se llenaron de lágrimas, provocadas por la rabia y el dolor que le causaba el desprecio de su padre— le importaron una mierda mis sentimientos o mi opinión. Simplemente…— dejó salir el aire de sus pulmones y se incorporó de un golpe— no tienes por qué soportar esto, vamos a dormir.
Se puso de pie, dispuesta a ir a la habitación. Pero Jughead la tomó del brazo y la devolvió, dejándola sentada en su regazo.
—No te irás a ningún lado, señorita— negó— no sin antes terminar de soltar todo tu odio y frustración.
—No te merezco— limpió unas lágrimas rebeldes que se le habían escapado y lo abrazó fuertemente del cuello— te amo.
—Te amo, Betts. Y necesito asegurarme de que estés bien, así que, por favor, no te guardes nada— se separó lentamente, besó su frente y le dió una mirada de apoyo.
—Tan solo… ¿No podemos tomar el coche e irnos tan lejos, donde nadie pueda encontrarnos?— susurró, se sentía tan vulnerable, tan cansada de estar rota y no poder curarse sin que volvieran a destrozarla otra vez, sin piedad alguna. Solo deseaba sentirse bien consigo misma y ser feliz, ¿Era mucho pedir?— ¿No podemos escapar de esta realidad horrible en la que no soporto estar más?
—No podemos porque, lamentablemente, es la que nos tocó vivir. Pero, viéndole el lado bueno, si las cosas hubiesen sido diferentes, tal vez nunca nos habríamos conocido. Y eso es algo de lo que sí me arrepentiría toda la vida.
La rubia sonrió entre lágrimas— eres lo mejor que la vida pudo darme— lo besó suavemente en los labios.
Jughead sonrió al oír sus palabras y continuó besándola por un rato más.
—Ahora dime, ¿Cuál es el plan?— tomó el pote de helado de su novia y empezó a devorarlo en lo que esperaba una respuesta.
—Supongo que seguir órdenes como si me pagaran, pero totalmente gratis— se encogió de hombros, acurrucándose en el pecho de su novio.
—Eres demasiado buena— se quejó débilmente.
—Mira quien lo dice— sonrió divertida.
—Que lo sea contigo no significa que lo sea con todo el mundo. El resto de la humanidad me importa un poco una mierda, la verdad— la rubia soltó una risita, negando con la cabeza— es cierto— afirmó con diversión.
—Wow, tienes buenos métodos para enamorarme— se burló. Se colocó de pie y le ofreció una mano— ven, vamos a dormir que ya es tarde.
—Espera, déjame terminar esto— señaló el helado con la misma cuchara con la que estaba comiendo.
Betty solo suspiró y se dejó caer a un lado de Jughead, dispuesta a esperarlo pacientemente mientras él terminaba de devorar su helado.
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