"Y entonces, lo entendí. Mirarte, era soplar velas, teniendo el deseo enfrente."
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—Esto es agotador— se quejó la rubia, sosteniendo una tela en un maniquí.
—Lo lamento, pero es que necesito tu ayuda un momento, así es más fácil— se excusó Verónica.
A la morocha le habían dado el trabajo de diseñar un vestido extravagante, para una gala. Era uno de esos trabajos para sumar puntos y aunque Verónica no los necesitara, le parecía divertido tomar el reto, además de que a nadie le hacían daño unos puntos extras.
—Pero ¿Por qué lo haces si no lo necesitas?— indagó, alcanzandole un alfiler.
—Lo pregunta la chica que se pasa noches enteras armando informes para tener una nota perfecta— se burló.
—Pero yo tengo una beca que mantener— aclaró— tú no.
La morocha suspiró— ya cállate, B y pruebate esto— pidió, sacando la parte baja del vestido que había armado en el maniquí.
—Yo no acepté eso— se negó, dando un paso hacia atrás.
—Vamos, porfis— hizo un puchero y juntó sus manos— solo serán un par de fotografías y no te molestaré más.
—V, no— se cruzó de brazos— tienes un maniquí o a Toni— ofreció.
—Te compraré un chocolate— intentó negociar— tu preferido.
—No soy un niño al que puedas manipular— soltó con una mueca, cruzándose de brazos.
—Dos chocolates y esos cereales que te gustan— siguió, con una sonrisa y la tela entre sus manos.
—Bien— suspiró.
—¡Genial!— chilló— quítate la chaqueta.
—Hace frío— se quejó, haciéndole caso.
—Las modelos no tienen frío.
—Bueno, yo no soy una— se excusó, viendo como su amiga le medía la prenda.
—Muy bien— asintió, luego de hacer unos arreglos.
La llevó hasta la máquina de coser y unió los pedazos con sumo cuidado.
—Ahora vamos con la parte de arriba, te necesito solo en brasier— pidió.
—Si quieres también me lo quito— bromeó, quitándose la blusa.
—¡Betty!— la regañó, sin evitar sonreír.
—Bueno, tampoco te tomes todo en serio— soltó divertida— es broma, pero si quieres no es broma.
—Basta— determinó con una sonrisa.
La puerta se abrió y pasó una pelirosa, junto a dos chicos más.
—Ah, bueno— sonrió— y tan heteros que las tenía— se burló— por lo menos me hubieran invitado, son unas egoístas— fingió indignación.
Betty volvió a colocarse su remera, se sonrojó cuando su mirada cruzó con la de Jughead.
—Podemos tortear de vez en cuando— contestó la morocha, sin prestarle mucha atención.
—Estoy ayudando a V con un diseño— habló la rubia.
—La tela es hermosa— murmuró Kevin, acercándose al maniquí, apreciando la parte baja que ya estaba medianamente realizada.
—Si lo vas a tocar, lávate las manos o te las cortaré— advirtió Verónica, midiendo el torso de su amiga, por encima de la delgada prenda.
El castaño se alejó de inmediato y fue hasta el baño a paso rápido.
—¿Cómo terminó Betty entre las garras de Verónica?— preguntó el pelinegro, recostandose en una de las camas.
—Pasa como si fueras dueño— murmuró la rubia.
—¡Oye!— lo regañó la morocha— además fue un trato justo— aclaró.
—Fuí cruelmente manipulada— comentó y sintió un golpe en su nuca, que su mejor amiga le había aportado.
—B, ahora sí necesito que te quites la blusa— se acercó con una tela.
La rubia suspiró, con la mirada de Jughead clavada en su espalda, hizo caso.
—Jughead, deja de mirar, pareces un adolescente hormonal— se burló la pelirosa.
—Lo mismo para tí— dijo este— además, no es como si fuera la primera vez que lo veo— murmuró para sí mismo. Betty, quien lo había oído, aclaró su garganta, sintiéndose incómoda.
—Volví— Kevin se acercó a las telas y comenzó a apreciarlas.
—Kev, ¿Cuál te gusta más?— preguntó Verónica, pasándole un par de hojas con diseños de escotes.
—Este— le entregó una, luego de una larga comparación.
—V, me hace frío— Betty volvió a quejarse.
—¿Quieres que te caliente?— preguntó Toni, con una sonrisa maliciosa.
—¡Toni!— la regañó Jughead.
—Ay, tú cállate— lo miró con sus ojos entrecerrados.
—Cállense todos, necesito concentrarme— soltó la morocha, entre dientes.
Todos se quedaron en absoluto silencio, mientras veían a Verónica pinchar alfileres por una tela, para darle forma. Excepto Jughead, que de vez en cuando, su vista se dirigía a Betty, era inevitable.
—Creo que ya está— se acercó a su amiga, con el diseño medio hecho y lo posó por encima de su busto.
—Auch— se quejó la rubia— me pinchaste.
—Lo siento— soltó, sin darle ni un poco de atención— luego podría pasar una tela por aquí, para dar más volumen— murmuró, imaginando la idea— ya está— se incorporó— puedes volver a vestirte.
—Muchas gracias— tomó su blusa blanca y volvió a colocarsela— nunca más haré esto.
—Mañana seguimos— le recordó divertida.
—Bien, entonces agregaré otra caja de cereal al trato. Sino, pierdo más de lo que gano— dijo con una mueca, caminando hasta su cama, en la que el pelinegro la esperaba.
—Todas las que quieras, B— habló emocionada— amo tu estructura ósea para que seas mi modelo.
—Si, la de Toni también es perfecta— murmuró, acurrucándose a un lado del chico.
—A mí no me metan en esto— pidió— Ronnie se pone violenta cuando se pone en modo modista— susurró hacia todos los presentes, como si fuera un secreto.
—Ya me van a necesitar— se quejó la nombrada, mientras trabajaba en la máquina de coser.
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