Capítulo cuarenta

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"Amo la violencia con la que tu sonrisa me destruye la rutina."

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Betty se había levantado peculiarmente de buen humor y a pesar de que fuera llovía a cántaros, era un sábado y los sábados no trabajaba, ni tenía universidad, se lo podía tomar solo para sí misma.

Bajó sola hasta la cafetería, para poder desayunar, había dejado a Verónica durmiendo en la habitación.

Se sirvió un café y unas galletas, luego se sentó en una de las mesas. El comedor estaba muy vacío, solo con la presencia de unos cinco estudiantes como mucho, eran de esos que les gustaba levantarse temprano y aprovechar el día.

Ni bien terminó su desayuno, se levantó y se introdujo en los pasillos de la universidad, dispuesta a volver a su habitación para seguir durmiendo un poco más.

—Buenos días— alguien comenzó a caminar a su lado.

—¿Qué haces despierto tan temprano?— frunció el ceño, confundida, mirando al chico a su lado.

—Podría hacerte la misma pregunta— se encogió de hombros— sin embargo, ni siquiera me dijiste buenos días.

La rubia suspiró y se detuvo, él también lo hizo. Se puso en puntitas de pie y lo tomó del rostro, para poder darle un beso en los labios.

—Buenos días, Jug— soltó dulcemente, aún cerca de su boca.

—Ahora, sí lo son— asintió divertido y la rubia lo soltó, para que continuaran con su camino— ¿A dónde ibas?

—A mi habitación, pensaba seguir durmiendo un poco más.

—¿Quieres venir a la mía? Archie se fue hace una hora a visitar a sus padres. No volverá hasta mañana.

—Claro— sonrió.

El pelinegro tomó su mano y la guió hacia un ascensor que subía por el ala de los chicos.

Al llegar, ambos se recostaron. Betty dándole la espalda a Jughead y este abrazándola por detrás.

—¿Te gustaría salir esta noche?— murmuró en su cuello, la rubia se estremeció.

—Está bien— sonrió y entrelazó su mano con la del chico, que descansaba en su vientre.

—Genial— dejó un beso en el cuello de la chica y se acomodó mejor.

Betty sonrió, sintiéndose cómoda y querida entre los brazos que la rodeaban. No tardó mucho en dormirse y caer en un profundo sueño. Poco después, Jughead hizo lo mismo.

(...)

Algunas horas más tarde, Betty despertó, estaban en la misma posición en la que se habían dormido.

Volteó suavemente, sin poder evitar que su acompañante despertara. El pelinegro soltó un gruñido bajo.

—Shh— dijo dulcemente, acariciando la mejilla del chico— sigue durmiendo, aún es temprano— habló, viendo la hora en su celular.

—Mhm, ya estoy despierto— se quejó en un murmullo. Abrió apenas sus ojos y visualizó a la rubia texteando algo— ¿Qué haces?

—Le respondo a Verónica— dijo, sin dejar de apretar las teclas en su celular— se despertó y yo no estaba, claramente— suspiró y lo volvió a dejar sobre la mesa de noche— ya está.

—Perfecto— pasó una mano por la cintura de su chica y en un movimiento rápido, la dejó debajo de él y se apoyó en su antebrazo para no echarle su peso encima.

—¿Qué haces?— preguntó divertida.

—Darte los buenos días como te lo mereces— sonrió y la besó.

Luego de unos segundos, la rubia abrió su boca y ladeó su rostro para poder profundizar el beso. Subió sus manos al cabello de Jughead y se puso a jugar con él, despeinandolo más de lo que ya estaba.

—Te quiero— murmuró con una sonrisa boba, en una de sus pequeñas pausas para tomar aire.

—Y yo a ti, Betts— respondió de la misma forma y volvió a unir sus labios en otro beso húmedo.

—Debemos levantarnos— se separó, sintiendo como su espalda estaba arqueada y Jughead la acariciaba.

Por alguna razón, aún no se sentía lista para llevarlo a otro nivel y no es que fuera virgen o santa o algo por el estilo. Ya había tenido sexo antes, pero quería que con Jughead fuera diferente.

—Tienes razón— asintió, volviendo a recostarse a un lado de la rubia— aunque no me quiero levantar— la miró y volvió a abrazarla, acurrucándose en su pecho.

—Está bien, quedémonos unos minutos más así— llevó una mano al cabello del chico y lo acarició con lentitud, con la otra mano, seguía mensajeandose con su amiga.

—¿Dónde quieres ir esta noche?— preguntó, cerrando sus ojos ante el tacto.

—Tú me invitaste, tú decides.

—Está bien— pensó por unos minutos y volvió a abrir su boca— iremos a un restaurante elegante y usarás un vestido como en esas películas cliché que tanto te gustan ver.

La rubia soltó una pequeña carcajada— sabes que las veo para reirme de lo ridículas que son ¿Verdad?

—Lo sé— murmuró— pero me encantaría verte con un vestido.

—¿El otro día con Verónica te afectó?— se burló— amo lo simple y odio los vestidos.

—¿No te lo pondrías por mí?— alzó su rostro y la observó.

Betty dejó el celular a un lado y dirigió su mirada al chico— el día que nos casemos usaré uno— bromeó, intentando alarmarlo, pero eso no sucedió y eso la alarmó a ella.

—¿Querías asustarme?— preguntó divertido— solo espero que no me mientas— le siguió el juego.

—Bueno, ya basta de bromitas— pidió.

—Tú lo empezaste— se encogió de hombros, soltó una risita y subió su rostro para besarla— te quiero mucho, Betts.

—Y yo a tí— volvió a besarlo.

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Mañana subiré dos capítulos

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Mañana subiré dos capítulos. Perdón por estar tan inactiva.

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