"Porque al fin y al cabo, todo fin también es un principio". Amante de letras.
❀.•° ✿.•° ❀.•° ✿.•°•.✿ °•.❀ °•.✿ °•.❀
La rubia suspiró y dio una media vuelta para poder verse de costado en el gran espejo.
—¿Me veo bien?— se giró con el ceño fruncido.
Cheryl, Verónica y Toni asintieron al unísono, con una gran sonrisa plasmada en sus rostros.
Betty volvió su vista al vestido blanco y largo en el que se encontraba envuelta.
Era el día de su boda, era normal que estuviera nerviosa.
—¿Creen que se impresionará al verme?— preguntó con los nervios a flor de piel— de la buena forma— aclaró rápidamente.
—B— la morocha dio un paso hacia delante y apoyó sus palmas en los pálidos hombros de su amiga— estás preciosa, en serio. Y, no es por meter presión, pero Jughead creerá que no te quieres casar con él si no sales ahora mismo.
Esta abrió sus ojos hasta más no poder— pero yo si quiero casarme con él.
Las otras dos chicas soltaron unas pequeñas risas, mientras que Verónica hacía todo por contener la suya.
La pobre Betty estaba tan nerviosa, que no era capaz ni de comprender una broma.
—Vamos, Ethan debe estar viniendo a buscarte para llevarte hasta el altar— le dió una sonrisa reconfortante y todas fueron directamente hasta la puerta del pequeño espacio en el que Betty se había preparado.
—¿Qué haré en el caso de que se haya arrepentido?— murmuró con una mueca cargada de susto.
—Betty— la rubia volteó para ver a Toni a su izquierda. La pelirrosa le pasó un brazo por los hombros— Jughead se arrepentiría hasta de haber elegido su carrera, antes de arrepentirse de casarse contigo. Lo conozco desde hace mucho tiempo y, créeme, nunca miró a nadie como te mira a ti.
Eso pareció tranquilizarla visiblemente— ¿Lo dices en serio?— sonrió ilusionada.
—¿En serio no me crees? El chico babea por ti desde que Vero te presentó con nosotros— le dió una palmadita en la espalda con una pequeña sonrisita divertida— vámonos ahora, o el juez se cansará de esperar.
En cuanto abrieron la puerta. La rubia se encontró de frente con su medio hermano, enfundado en un precioso traje azul oscuro.
—Wow— murmuró éste— el maquillaje si que hace milagros— se burló.
Betty le dio un puñetazo en el brazo, sin siquiera molestarse en medir su fuerza. Por lo que Ethan tuvo que sobarse para aliviar el dolor, con una mueca de sufrimiento.
—Cállate y llévame a ese maldito altar— soltó y se acomodó la larga falda. Sus amigas se rieron sin ninguna vergüenza.
El castaño decidió que no era una gran idea contradecirla y entonces le ofreció su brazo.
Las tres chicas, que eran sus damas de honor, los siguieron fielmente.
En cuanto llegaron al inicio del pasillo regado por pétalos de rosas blancas. La rubia irguió bien su espalda y sonrió encantadoramente.
Lo siguiente que hizo fue alzar su vista, comenzando a avanzar con su hermano.
Sus ojos se encontraron con los de él, su corazón dió un salto al verlo. Tenía un traje negro, con una corbata azul claro, que conmbinaba perfectamente con sus ojos. Su cabello, que siempre estaba desordenado, se encontraba bien peinado hacia atrás. Y estaba sonriendo tanto, como nunca.
Al llegar hasta él. Jughead tomó sus manos para ayudarle a subir el pequeño escalón.
—Estás preciosa— le susurró, con un montón de sentimientos hermosos arremolinándose en su pecho.
—Tú aún más— le devolvió el susurro.
La ceremonia se dio por iniciada cuando el juez comenzó a hablar.
La mayoría no le prestaba mucha atención, simplemente esperaban a escuchar el "puede besar a la novia" y así aplaudir. Después de minutos, la frase finalmente llegó.
La velada fue preciosa, llena de sonrisas, felicitaciones, música, fotografías, regalos y comida. Pero, aunque la fiesta fue hermosa, ambos no pudieron evitar alegrarse en cuanto subieron al avión que los llevaría al destino de su luna de miel.
Betty y Jughead estaban sentados ya en los asientos de primera clase. El último buscaba una posición para poder dormir un poco.
—Jug— Betty interrumpió la labor de su esposo, con una pequeña sonrisita nerviosa.
—Dígame, señora Jones— toda su atención se posó en ella. La rubia no pudo contener el sonrojo que le invadió las mejillas.
—Bueno, no sé si es normal o extraño esto— comenzó— pero te hice un regalo de bodas, también puede ser interpretado como un regalo para ambos— trató de hablar con tranquilidad para no trabarse.
—¿No llevamos ni un día de casados y ya estás haciéndome quedar como un mal marido?— preguntó divertido— yo no tengo nada para regalarte.
—Dije que es como un regalo para ambos— repitió apresuradamente. Sacó una caja pequeña y rectangular de su bolso de mano— sé que este no es el lugar más adecuado para dártelo, pero no puedo aguantar más, creo que voy a explotar en cualquier momento si no te lo doy ya— se pasó una mano por el rostro y volvió a ofrecerle la cajita— ábrelo.
Jughead, entre la confusión y la diversión, la tomó y la abrió en silencio.
Bajó la vista al contenido y casi pudo sentir cómo su corazón se detenía por un segundo para luego comenzar su marcha otra vez a un paso mucho más acelerado.
—Betts… ¿Qué?— Aún no terminaba de procesarlo.
—Yo…
Fue interrumpida por unos fuertes brazos rodeándola.
—Oh, por Dios, Betts— murmuró contra su cuello.
—¿Estás llorando?— susurró pasmada.
—Me haces el hombre más feliz del jodido universo— la tomó por las mejillas y la besó en los labios. Esto acababa de convertirse en una competencia por quién lloraba más— te amo.
—Te amo
El pelinegro bajó la vista al abdomen aún plano de su esposa— te amo a ti también— dejó un pequeño beso y volvió a besar a la rubia.
—Ahora podemos tener nuestro final feliz, amor— susurró abatida por todos los sentimientos.
—¿Final? Betts, este es solo el comienzo.
Fin.
❀.•° ✿.•° ❀.•° ✿.•°•.✿ °•.❀ °•.✿ °•.❀
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.