Capítulo cuarenta y tres

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"Me asusta la manera en que te amo, es como si antes de ti no hubiera nada y después de ti tampoco."
Marcela Novoa.

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Había pasado poco más de un año, ya se acercaba la graduación de Jughead, pero más cerca estaban otros acontecimientos.

—¿Quién cumple años mañana?— preguntó un pelinegro bastante ilusionado, colocándose detrás de su novia.

—¿Te ilusiona que entre en mi segunda década de vida?— se burló Betty, frenando en el pasillo de la universidad.

—Al menos así se notará menos la diferencia de edad— se encogió de hombros, burlándose también.

—De hecho, hará que sea más fácil compararla— soltó pensativa— mejor vamos a la cafetería, deben estar esperándonos ya— tomó el brazo del chico y ambos comenzaron a caminar en dirección al comedor.

Llevaban un año y varios meses en una relación, se sentían tan cómodos el uno con el otro, que cualquiera que los viera se daría cuenta de ello.

Todo había sido armonía y paz, las únicas peleas que tenían, era por la película que verían las noches que dormían juntos o porque Betty se encargaba de adueñarse de la ropa de su novio, especialmente de las camisetas y para cuando Jughead las necesitaba, no había ninguna.

Finalmente, llegaron tomados de las manos a su mesa correspondiente y se sentaron uno al lado del otro.

—Oh, ya llegaste— Verónica levantó su vista de la libreta que tenía en sus manos y miró a la rubia, ignorando por completo a su amigo— ya hice todos los planes para mañana.

—Es solo un día más— le restó importancia Betty, rodando los ojos.

—Son tus veinte— aclaró la pelirosa, hablando por primera vez desde que la pareja había llegado— y aunque no parezca importante, para Ronnie lo es, solo siguele la corriente— susurró lo último.

—Es una tradición en mi familia, los veinte son más importantes incluso que los dulces dieciséis— explicó la morocha— así que, si eres amiga de Verónica Lodge, los veinte se festejan a lo grande.

Y era cierto, hacía unos meses Kevin los había cumplido y la chica se había encargado de reservar en un restaurante bastante elegante, aunque no era caro, ni muy sobresaliente. Verónica se encargaba de organizar todo perfectamente y acorde a los gustos del cumpleañero.

Con Betty se le hacía un poco difícil, ya que la rubia odiaba lo extravagante. Pero Verónica se lo había tomado muy en serio y lo había conseguido, una noche inolvidable, pero simple como le gustaba a su amiga.

—Ronnie nos organizó los veintes a todos— explicó Archie.

—Se lució con el mío— habló Kevin y la chica le sonrió.

—Menos a Jughead, él ya estaba grande para cuando lo conoció— bromeó Toni.

—Si, pero le organicé los veintiuno— contó— no teníamos tanta confianza en ese entonces, pero igual lo hice.

—Fue la noche más aburrida de mi vida— soltó el pelinegro, rodando los ojos.

—Mentira, se emborrachó tanto que no sabía ni como se llamaba— se burló el pelirrojo— tuve que meterlo en la ducha con ropa y agua helada, se enojó conmigo, pero luego me lo agradeció— la rubia soltó una carcajada.

—Gracias por acabar con mi dignidad— murmuró sarcástico.

—Tranquilo, no me burlaré de la persona que me acompañó en un concierto de canciones infantiles en medio de una borrachera— su novia le guiñó un ojo.

—¿Lo recuerdan?— preguntó Kevin— parece que hubiera sido hace años.

—Hacía poco que nos conocíamos.
Ahora Jughead va a graduarse— comentó Toni— como crecen mis niños— fingió limpiarse un par de lágrimas y todos soltaron una risa.

Aunque el hecho les preocupaba un poco. Especialmente a él mismo y a Betty, aún no se atrevían a tocar el tema.

Antes de conocerla, Jughead solo planeaba irse a New York y trabajar en uno de los mejores museos de allí, dando presentaciones y explicaciones a cerca de todo lo que había estudiado por cinco años en la universidad, ahora, no sabía que haría, solo sabía que quería quedarse junto a ella, aunque eso implicara retrasar sus planes.

Mientras, Betty también lo quería junto a ella, pero no era lo suficientemente egoísta para pedirle que no cumpliera sus sueños o que los dejara de lado por algún tiempo, aún sabiendo que una relación a distancia no funcionaría, podría superarlo, porque lo amaba lo suficiente para dejarle el camino libre hacia su propio éxito.

En un mes y medio, las clases acabarían, Jughead se graduaría y tendría que decidir sobre como seguir con su vida. Betty se prepararía para otro año universitario más y aceptaría la decisión que el pelinegro decidiera tomar. Y así era como debían ser las cosas.

Finalmente el almuerzo terminó y todos debieron volver a clases. Jughead acompañó a la rubia a su salón, como acostumbraba a hacer.

—Oye— Betty dió un pequeño apretón en la mano que tenía tomada, él la miró, indicando que le estaba prestando atención— luego, creo que necesitamos hablar sobre algo importante.

—¿No me vas a dejar, verdad?— intentó bromear. Pero realmente sabía a lo que la chica se estaba refiriendo.

—Eso jamás— negó con una sonrisa— solo es algo que no hemos conversado aún.

—Claro, linda, más tarde lo hablaremos— dejó un beso en el dorso de la mano de Betty y la soltó— es aquí— miró la puerta del salón— te veo después.

—Adiós— hizo un leve movimiento con su mano, mientras Jughead se alejaba.

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Estuve viendo como organizarme con esta novela y llegué a la conclusión de actualizar 3 o 4 veces por semana

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Estuve viendo como organizarme con esta novela y llegué a la conclusión de actualizar 3 o 4 veces por semana.

Podrían ser martes, jueves y sábados (domingos también, cuando pueda). Díganme si están de acuerdo.

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