La nueva directora

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Todos estaban estupefactos al ver el semblante de Lindsey, su mirada cálida y tierna de pronto se tornó fría. Umbridge se estremeció al mirarla a los ojos, totalmente sorprendida pero al recuperarse de la impresión quiso retomar su autoridad y elevó la varita.

—¿Cómo te atreviste a llamarme? —preguntó con un tono de voz pétreo. 

—¡Asquerosa arpía! Aunque creo que me quedé corta con el insulto —espetó Lindsey, bajando la varita para tomar la mano de su sobrino y mostrársela a la profesora McGonagall—, ¿Qué clase de monstruo se ensañaría de esta manera con un muchacho? 

—¡Por todos los cielos! —exclamó la profesora McGonagall, llevándose una mano a la mejilla—. ¿Qué rayos le hiciste? 

—¡Dime, Harry! —preguntó Lindsey con determinación—, ¿Qué fue lo que te hizo esta mujer en sus castigos? 

—Yo... olvídalo, tía —respondió Harry abochornado. ¿Acaso no era suficiente con que Dumbledore se viera obligado a abandonar el castillo por su culpa? 

—Harry... ¡Por Merlín! 

—Potter, es una orden —la secundó McGonagall—. Es importante que lo sepamos. 

—¡Dejen el drama! —espetó Umbridge dando un puñetazo en el escritorio—. Yo soy la suma Inquisidora de Hogwarts y como tal tengo todo el derecho de impartir castigos a los estudiantes. Eso lo dejé muy claro desde el principio. 

—El caso es que esto no es un simple castigo, sino una tortura —espetó Lindsey ciega de ira. 

—¿Quieres saber que es lo que le hice a tu sobrio, Cooper? Tan solo le di una lección para que nunca más vuelva a abrir la boca para decir mentiras... Solo tuvo que copiar unas líneas. 

—Usando una pluma especial que me abría la piel cada vez que escribía sobre el pergamino —espetó Harry, harto del sarcasmo de la mujer—, me abría heridas cada vez que usaba esa pluma. 

—Pero por lo que veo no surtió efecto porque sigues siendo un mentiroso. 

—¡No me llame mentiroso! 

—¡Desgraciada! Esto no se va a quedar así —espetó Lindsey volviendo a elevar el brazo donde sujetaba la varita.

—¡No! —gritó McGonagall volviendo a evitar que la medimaga atacara—, no vale la pena, Lindsey. 

—Así que me insultas, intentas atacarme y hasta me amenazas —dijo Umbridge con una enorme sonrisa de satisfacción mientras enumeraba con los dedos.

—Y tú arremetiste contra un estudiante, lo torturaste como una salvaje —gritó Lindsey poniéndose frente a Harry—, me parece que se te olvidó que él ¡NO ESTÁ SOLO!. 

—Pues me parece que de ahora en adelante lo estará porque tú... ya no trabajarás más aquí. 

—¿Qué? —preguntaron Harry y McGonagall al mismo tiempo. 

—Sí, está despedida. Ya estaba previamente en período de prueba por andar en actos indecentes en los pasillos del castillo. 

—¡Eso es mentira! —gritó Lindsey tomando a Umbridge por la solapa del vestido rosa. La bruja seguía mirándola con satisfacción—. Sabes bien que eso es mentira, solo fue un beso... Yo jamás...

—Lo sabemos, Lindsey, por favor suéltala, cálmate  —pidió McGonagall. 

—Estás despedida, ve ahora mismo a la enfermería, recoge tus cosas y lárgate de aquí. 

—¡No! —gritó Harry—, por favor, expulseme a mí, después de todo yo fui quien incurrió en la falta.

—No, Harry —dijo Lindsey tomándole el rostro entre las manos. Le dolió verlo angustiado—. No supliques ante esta hiena con cara de sapo —añadió mirándola con desprecio de arriba abajo. 

Lindsey Cooper IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora