¡Ya está hecho!

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—¡MALDITO INFELIZ! —gritó Harry con impotencia al ver que Snape y Malfoy se desvanecían detrás de la verja.

—Harry, mi amor...

—¡Él lo mató, tía! —dijo Harry con voz trémula, una voz que a Lindsey se le caló en el corazón—, sé que lo amas pero él mató a Dumbledore... ¡Te lo juro, tienes que creerme!

—¡Te creo, Harry! —respondió su tía mientras lo abrazaba para contenerlo—, pero no quiero que vivas con rencor, yo...

—¡Pudo haberte matado! —exclamó el chico con horror, separándose de Lindsey abruptamente para mirarla a la cara. Su reacción la conmovió y le dolió al mismo tiempo al darse cuenta de lo aterrado que él estaba—, quizá eso era lo que pretendía —dijo luego con desesperación mientras se tomaba la cabeza con ambas manos. 

—No... no, mi cielo, no te atormentes con esa idea —respondió Lindsey secándole las lágrimas—, lo importante es que ahora debe estar lejos y...

—¡Pero él tenía que pagar por lo que hizo!

En ese momento los ladridos de Fang volvieron a llamar la atención de ambos. 

—¡Rayos! —dijo Lindsey.

Harry salió corriendo en dirección a la cabaña de Hagrid y Lindsey fue detrás de él, pero antes tomó la varita del muchacho que finalmente ella había localizado alumbrando la hierba con de ella. 

—Lo habíamos olvidado por completo —comentó Harry reprochándose a sí mismo. 

Al llegar a la cabaña los dos pudieron comprobar que el semigigante salía de entre las llamas cargando a su perro en los brazos. 

—¿Estás bien? —preguntó Lindsey al verlo—, ¿están bien los dos? 

—Sí, soy un tipo muy rudo, ya lo sabes, y Fang también lo es. ¿Cómo están Harry y tú? Veo que estás sangrando —respondió Hagrid señalando el brazo de la medimaga.

Harry la miró y negó con la cabeza con indignación.

—¿Fue él? —preguntó.

—No, no Harry, esto sucedió en la refriega, creo que fue con esa tal Bellatrix Lestrange... pero tú sí estás muy lastimado, Hagrid —dijo la pelirroja girándose hacia el semigigante—, este corte parece un poco profundo y se te está hinchando, ve a la enfermería que Poppy y yo te atenderemos.

—Pero primero debemos apagar el incendio —dijo Harry—, usa el encantamiento aguamenti, Hagrid.

Los tres se pusieron manos a la obra con la cabaña y lograron sofocar las llamas en muy poco tiempo.

—No es nada que Dumbledore no pueda arreglar —respondió el pobre guardabosques mientras evaluaba los daños de su humilde vivienda.

Harry y Lindsey se miraron mutuamente. 

—¿Qué pasa? La verdad ni siquiera entiendo que ocurrió, esos mortífagos pasaron por aquí, Snape los perseguía y...

—Snape no los perseguía —aclaró Harry—, él era su cómplice y...

—No lo entiendo.

—Él mató a Dumbledore.

—¿Qué dices? —preguntó Hagrid—, no seas estúpido... no digas tonterías. Harás enojar a Lindsey al decir eso... ¿verdad, Lindsey?... ¿Verdad que no es cierto?... ¿Por qué te quedas callada?... ¿Por qué le permites decir algo así?

Lindsey no podía hablar debido a los sollozos y por lo tanto Hagrid comprendió que Harry tenía razón, que no estaba inventando nada, sin embargo una luz de esperanza iluminó su rostro. 

Lindsey Cooper IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora