Supervisiones

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Durante otra de las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras, Harry se volvió a ganar otra semana de castigo con Umbridge y en esta ocasión, tampoco le dijo nada a su tía o a cualquier otro adulto, para colmo, con los castigos perdía la oportunidad de ejecutar sus prácticas de quidditch.

La profesora Umbridge comenzó a ejecutar ese mismo día, sus funciones como Suma inquisidora, supervisando a sus colegas. La primera en ser interpelada fue la profesora Trelawney, la segunda, la profesora Grubby-Plank (la sustituta de Hagrid en Cuidado de Criaturas Mágicas) 

En los días posteriores McGonagall también fue supervisada y Umbridge le dijo que dentro de diez días le daría los resultados.

El pobre Harry salió una de esas noches del despacho de Umbridge muy adolorido y con la mano sangrando. Hermione y Ron lo recibieron en la sala común con una palangana llena de una solución de tentáculos de Murtlap pasteurizados y escabechados que a Harry le sentó de maravilla. Sus amigos volvieron a insistir en que él debía informar a Lindsey, después de todo no solo era su tía que lo amaba, sino que además tenía ya su custodia legal y podría defenderlo, pero él continuaba negándose una y otra vez alegando, que no quería preocuparla. Tampoco quería decírselo a Dumbledore porque había notado cierta reticencia de parte del director, era como si lo evitara.

Hermione también se mostró preocupada ante el tema de la falta de contenido importante en clases de D.C.A.O y le propuso a Harry dar él mismo las clases clandestinamente después de conseguirse un grupo de estudiantes dispuestos y deseosos de conocimiento.

  Lindsey, por su parte notaba a Harry un poco distante y algo preocupado, casi no iba a visitarla a la enfermería y cuando lo hizo (por petición de ella) llegó con guantes de lana.

—¿Qué te sucede, mi cielo? ¿Tienes frío? 

—Sí —mintió el muchacho—. Tal vez es porque estuvimos afuera todo el día en Cuidado de Criaturas mágicas y pues... ya está llegando el otoño. 

—Cada vez hace más frío, es cierto —respondió ella abrazándolo mientras le besaba la coronilla—. ¿Quieres té?



—¡Asquerosa arpía! —se quejó Charity al entrar en la sala de profesores una mañana.

En el interior estaban McGonagall, Trelawney y Severus Snape. 

—¿Ya te tocó la supervisión? —preguntó McGonagall.

—Sí, la vieja esa revisó mi contenido y me pidió que solo me limitara a enseñar lo más básico acerca de los muggles y que no me extienda mucho hablando de tecnología y esas cosas, a su juicio, innecesarias... ¿Qué se supone que voy a enseñar entonces? ¿Solo que son criaturas simples a las que no se les debe intentar comprender demasiado? Porque eso fue lo que ella dijo... ¡No la soporto, Minerva! 

—Lo sé, tranquila, Charity —dijo la profesora McGonagall mientras le servía una taza de té—. Sé que ella puede llegar a exasperar a la gente pero tal y como le dije a Sybill y al propio Potter, me parece que es eso exactamente lo que ella está buscando. 

—No tiene el menor respeto por nadie esa mujer —dijo la profesora Trelawney mientras le daba un sorbo a su taza de té—. Intentó forzar mi mente, mi ojo interior con la intención de hacerle una profecía. Esto no es así como así... 

—¿Y tú, Severus? ¿Cuándo te toca ser supervisado? —preguntó Charity. 

—Esta misma tarde —respondió él bebiendo el contenido de su taza mientras observaba la lluvia caer a través de la ventana.

Lindsey Cooper IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora