Isobel se sintió arrastrada por las espirales de la Aparición, su mano izquierda entrelazada con la de Draco y la derecha agarrando su jersey tejido negro.
En los segundos en que se retorcieron a través del aire, el espacio y el tiempo, el brazo de él rodeó sus hombros, acercándola. Ella respiró su olor, ahora familiar: fresco y limpio, como la menta y manzana verde.
Hace unos meses, nunca se habría atrevido a aparecerse tan lejos, tan frecuentemente como lo hacía ahora. Era peligroso aparecerse con poco sentido de la orientación o del lugar al que se viajaba. Había adquirido la habilidad de aparecerse a largas distancias, pero aún así la ponía nerviosa hacerlo tan a menudo; la ponía aún más nerviosa ver a Draco hacerlo también.
Una vez que el asfalto se materializó bajo sus pies y los árboles se enroscaron sobre sus cabezas, ella soltó su mano. El calor subió a sus mejillas.
Por costumbre, se bajó la cremallera del abrigo al entrar en la casa y se quitó los zapatos. Draco la imitó, quitándose los zapatos por los tacones.
—Oh, no tienes que...
La esquina de la boca de Draco se levantó.—Maggie se toma la limpieza muy en serio, según recuerdo.
—Cierto.—dijo Isobel.—Has estado en mi antigua casa. ¿Conociste a mi madre, entonces?
Draco asintió secamente. No dijo nada más.
La siguió hasta la cocina; ella lo vio sacar una silla y sentarse en ella, con las largas piernas extendidas. Era inmensamente extraño verlo aquí, en este entorno. Verlo sentado en calcetines en la misma habitación en la que su madre había despreciado su nombre en innumerables ocasiones. Ver sus ojos grises mirándola aquí en persona, y no desde una fotografía en un periódico.
—Ahora vuelvo.—dijo ella.
Se dirigió al salón, donde una estantería cubría la mitad del espacio de la pared del fondo. Sacó la colección de libros de su madre, uno por uno, hasta formar una gruesa pila. Luego los llevó a la cocina, donde él estaba sentado. Una nube de polvo se levantó cuando los dejó caer sobre la mesa. De nuevo, Draco no dijo nada; su mirada era estoica e ilegible.
Isobel se sentó frente a él.—Esperaba que pudiéramos encontrar algo sobre la memoria aquí,—dijo.—Ahora que mi madre está fuera de casa, puedo leer esto sin que se dé cuenta.—La culpa se retorció en sus entrañas, una vez que las palabras salieron. Como si fuera conveniente que su madre estuviera en el hospital.
Draco tomó el libro de la parte superior de una pila; lo abrió de un empujón con sus largos y delgados dedos.—Buena idea.
Isobel tomó aire. Deslizó el siguiente libro de la pila y lo abrió por la página del índice. Recorrió con el dedo el contenido, y en el borde de su visión, Draco hizo lo mismo. La mesa era pequeña, y aunque no se tocaban, ella sentía sus piernas cerca de las suyas. Mantuvo los pies rígidos, temiendo chocar accidentalmente con él.
Avanzó hasta el capítulo de su libro sobre neurociencia, pasando por encima de masas de información sobre pociones curativas, hechizos de curación, enfermedades y huesos rotos. Durante el último año, desde que su madre había vuelto al trabajo, se le había ocurrido con frecuencia que a ella también le gustaría ser sanadora. Isobel nunca había sido buena en Pociones, que era un requisito para la mayoría de los sanadores, pero el departamento de psiquiatría siempre había despertado su interés. Después de la guerra, supuso que el departamento necesitaba trabajadores ahora más que nunca. Pero difícilmente podría trabajar en el departamento de psiquiatría mientras una parte de su propia mente parecía haber desaparecido.
Se sentaron juntos en la fría cocina, sin más sonidos que el paso de las páginas y la respiración constante del otro. Al cabo de una hora, Draco se echó hacia atrás en la silla, estirando los brazos. Su pie rozó el de Isobel y ella se incorporó, sobresaltada. La sombra de una sonrisa se dibujó en sus labios.
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dear draco, 2 || TRADUCCIÓN ||
Fan-Fictiondear, draco parte II traducida al español; •mi queridísimo amor• original by: malfoyuh traducción autorizada. cover by: @M-MaxMalfoy <3
