Capitulo 48

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Hermione se sentó en la camilla. La señorita Pomfrey la miró horrorizada, como si jamás hubiera visto nada por el estilo. Entonces la chica tuvo ganas de gritar: ¿Hola? ¡Tengo una irritación enorme en toda la cara, deja de mirarme así!

—No te rasques o te vas a hacer daño.le dijo la señorita Pomfrey a Hermione cuando se estaba rascando el cuello y el mentón con las uñas.

—¿Puede hacer algo conmigo? —inquirió en un tono de voz alto que mostraba su clara molestia —Me pica un montón el cuello y la cara... —gruñó.

La señorita Pomfrey le pasó un recipiente con agua y un pedazo de tela a Draco, quien se quedó mirando aquello con el ceño fruncido y la boca entrebierta. Se volvió hacia la enfermera y dijo:

—¿Qué se supone que debo hacer con ésto?

—Es obvio, ¿No? Mientras yo preparo el unguento, refréscale la cara y evita que se rasque más. ¿Eres capaz de hacer eso, chico? —dijo la señorita Pomfrey mirándolo por encima del hombro mientras se disponía a hacer su trabajo —Si puede ser, hazlo ahora.

Draco asintió lentamente, poco convencido y se giró de nuevo, encarando a una Hermione molesta y hecha una fúria.

—Puedo hacerlo yo sola. —murmuró Hermione. Se lo quedó mirando de soslayo como lo hizo Pomfrey hacía un segundo —¿Me pasas ésto, o vas a esperar a que el unguento esté listo?

—No, yo te ayudo. —se corrigió, desconcertado aún. Mojó el trapo de tela blanca en el agua, lo escurrió y, con suma delicadeza, se lo pasó a Hermione por la frente, bajando por las sienes y las mejillas hasta el cuello —¿Te alivia un poco?

Hermione asintió con los ojos cerrados. Draco volvió a pasarle el trapo por el rostro y el cuello hasta la clavícula.

—Eres muy torpe. —reprendió él —Si no fuera porque te has tropezado, estarías bien y no tendrías esa cosa extendida por tu cabeza.

Hermione abrió los ojos de golpe.

—Creo que puedo hacer ésto sola. —dijo intentando arrebatarle el trapo —¿Me oyes? No quiero que me toques, dame eso.

—No seas infantil, creo que los gases de esa planta de han llegado al cerebro. —dijo arrugando la nariz.

—En primer lugar, no hay ningún gas desprendido y en el caso en el que hubiera uno tú también estarías afectado. Y en segundo, creo que he dejado claro que no quiero estar cerca de ti. —escupió intentando alejarse de la mano que sostenía el trapo.

—Necesitas ayuda, ¿Por qué no la aceptas como lo haría una persona agradecida?

—Porque no te agradezco lo que estás haciendo.

—Deberías. No te guardo tanto rencor, sigo siendo una buena persona. —dijo volviendo a mojar el pañuelo.

—Hablo en serio, no te necesito. —dijo dándole un manotazo —No te quiero cerca, Draco.

Draco la miró, se acercó más y sonrió de lado. Puso ambas manos en la camilla, aprisionándola. Hermione dejó de respirar ante su cercanía.

—Hermione —dijo con voz ronca con una sonrisa de suficiencia en los labios—, ¿Realmente piensas que siento la necesidad de ir detrás de ti como un perro? Yo tampoco te quiero cerca, sin embargo, intento ser amable contigo a pesar de todo lo que ha pasado. Tú me has hecho daño, yo te he hecho daño...

Hermione le miró con los ojos entrecerrados, fulminándole con la mirada y dispuesta a contraatacar.

—No quiero hablar contigo, ¿Puedes respetar eso? —dijo la chica un tanto fastidiada —Suéltame.

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