Capitulo 50

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Hermione permaneció junto a Draco los cinco minutos que le llevaron a Harry pedir socorro. Tal vez lo hacía por su propio temor a que no los abriese de nuevo o bien porque perdería el sentido, pero no le permitió en ningún momento cerrar los ojos.

—Estoy aquí, ¿Vale? No tengas miedo, vas a reponerte. —titubeó Hermione temblando del frío que empezaba a apoderarse de ella y del dolor que sentía al verse en aquella situación tan peliaguda.

—Necesito... Necesito cerrarlos, H-Her... —murmuró él a duras penas.

Las lágrimas comenzaron a resbalar por las mejillas de la muchacha que tan afligida se sentía.

—No hables, no hables. —ordenó tan firmemente como fue capaz —Aguanta un poco más, te lo suplico...

Unos pasos se aproximaron a su posición. Hermione alzó la vista y se encontró con los frívolos ojos de un enfadado Snape.

—Apártate.

Hermione hizo lo que tal ayudada por Harry. Harry la abrazó y la miró con pesadumbre, como si en ello tratara de enmendar un error que en el fondo era de ambos. Hermione sacudió la cabeza y se refugió en sus brazos mientras observaba cómo Snape soltaba un seguido de susurros. Inmediatamente surtieron efecto. La sangre dejó de fluir del cuerpo de Draco, y la que había abandonado su pecho volvía nuevamente gracias al curso del agua que se movía entorno a él. Ella contempló la escena con asombro y las esperanzas de que Draco se repusiera augmentaron.

—Por las barbas de Merlín. —soltó la profesora McGonagall al adentrarse en el baño —Dios, ¿Qué ha sucedido? ¡Señor Malfoy! Tenemos que llevarlo a la enfermería de inmediato... ¡Señorita Granger! Sus ropas...

—Tengo la situación bajo control, no se preocupe inútilmente, profesora. —dijo Snape en voz baja.

—¿Quién ha provocado ésto?

—¿Concordaría usted conmigo si propongo posponer el sermón para más tarde, profesora?

—Por supuesto. —asintió afectada —¿Han usado un conjuro?

Snape asintió.

—Lleve al muchacho a la enfermería en cuanto haya finalizado con ésto en lo que yo le doy un toque al señor director. —ordenó la profesora McGonagall enviándoles una última mirada a Harry y a Hermione —Vosotros dos, conmigo. Ahora mismo.

Hermione miró a Harry y luego bajó la vista intentando captar la atención de Draco, en vano. No deseaba apartarse de él, aún tras su último desencuentro. Ansiaba velarle hasta su despertar, o al menos, asegurarse de que se encontraba bien. Desgraciadamente, eso tenía que esperar.

* * *

—No, déjalo. —negó Hermione con los ojos cerrados —Harry, ahora mismo no me encuentro demasiado bien.

—¿No quieres ninguna explicación, pues? —inquirió frunciendo el ceño.

—No, porque me hago a una idea de la razón que te ha empujado a atacar a Malfoy en su momento de debilidad. —respondió cortándole antes de que volviese a empezar.

—Espera, ¿Piensas que comencé yo?

Hermione arqueó las cejas y se volvió hacia él colgándose la mochila en el hombro. Su expresión era de pura incredulidad.

—No puedes mentirme o, como tú lo llamarías, ocultar información. ¿Crees que he pasado por alto que su abrigo estaba en el suelo y que se había despojado de su corbata? No soy tonta, Harry. Tú llevabas puestos tus vaqueros y tu chaqueta, lo que da a entender que acababas de llegar a Hogwarts tras una intensa charla con Dumbledore.

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