CAPÍTULO 6

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Aiden

Después de tener una larga noche en familia y amigos cercanos a ella, me dirigí a mi departamento.

Vivo solo desde los veinte años y este ha sido mi lugar desde entonces. Lograr que mi madre dejara que me fuera de casa fue bastante complicado, si por ella fuera todavía viviría con mi familia. Los quiero mucho, pero necesitaba y necesito mi espacio, donde pueda ser completamente yo, sin tener que estar pensando si alguien más me pueda ver.

Sonó la alarma y a decir verdad no sé porqué la pongo, si siempre estoy despierto antes que suene.

Me levanté de la cama y dirigí la mirada hacia mi paquete, quien se encontraba despierto— erección matutina— dentro de mi bóxer blanco, listo para la acción.

Fui directamente a darme una ducha fría.

Salí de la ducha con una toalla amarrada a mi cintura después de haberme aseado, y directamente me encaminé a la cocina para preparar mi desayuno.

Si esperaban que tuviera a una persona que lo haga por mí, no lamento decepcionarlos. Vivo solo porque me gusta mi soledad y tener a una persona que lo haga significaría tenerla merodeando el departamento y eso sí que no, además, me gusta cocinar, pero debo admitir que una cosa es que me guste y otra muy diferente que lo haga bien. Al menos no me he intoxicado—todavía— y cuando no lo quiero hacer puedo ir a un restaurante o pedir comida y asunto arreglado.

Me movía cómodamente por la cocina mientras me preparaba unas tostadas y un batido, una vez listo mi desayuno lo coloqué en la isla y me senté a comer.

Volví a mi habitación y entré en mi vestidor, busqué un bóxer en uno de los cajones, los tomé y dejé caer la toalla para ponérmelos, luego de eso me coloqué uno de mis trajes y listo.

{*}



—No puedes negarte a ir esta vez, Aiden— me dijo él con sus ojos verdes acusadores.

Nate.

—La última vez que fuimos a una discoteca juntos, no la pasé tan bien—me excuso.

Sabía que no se iba a rendir fácilmente. Era Nate.

—Te recuerdo que la última vez que íbamos a salir, me dejaste plantado— renegó.

No fui con él porque me vi con Amy en el hotel y no me arrepiento, estoy seguro que no hubiera tenido un momento tan placentero como lo tuve.

—Tenía asuntos que resolver, por eso no pude ir— mentí— además, no quería tener a estúpidos encima mío tomándome fotos mientras bebo— eso sí que era verdad.

—Sé que me estas mintiendo, Müller y ocultas algo—me señaló con su dedo.

La extraña relación que teníamos Amy y yo, nadie la conocía, para todos; nosotros no teníamos contacto el uno con el otro.

—Esas salidas que tienes te están afectando el cerebro.— No dijo nada, solo me miró fijamente.

Luego de unos largos segundos volvió a hablar cambiando de tema.

—Necesitamos tener listo el proyecto con las correcciones lo más pronto posible, los japoneses lo quieren para esta misma semana.

Simplemente asentí con mi cabeza y salió de mi oficina.

Confío mucho en Nate, es mi hermano, pero esto es algo que no le quiero contar.


{*}


Había pasado una semana de lo ocurrido con Nate en mi oficina y todo estaba bien.

Me encontraba revisando unos documentos cuando una linda chica invadió mis pensamientos, Emily; la chica de la florería.

—Como que ya pasó mucho tiempo sin darle rosas a mi Mamma— me dije a mismo. Sonreí por lo idiota que me he de ver hablando solo. Sin esperar más, acomodé los documentos en mi escritorio y salí de mi oficina.

—Puede retirarse a su casa, señorita.— le dije a mi secretaria nada más salí de mi oficina.

Subí al ascensor y me dirigí directo al parqueadero subterráneo de la compañía.

Una vez en el auto salí a comprar las flores.

Si claro, las flores.

Después de manejar unos veinte minutos llegué al local y estacioné mi deportivo. Ingresé al local y miré hacia donde la encontré cuando estuve aquí días atrás, para mi mala suerte no se encontraba allí.

¿Mala suerte? ¿Te das cuenta de las estupideces que estás pensando?

Estaba por regresar por donde había llegado cuando miré a los lados y la vi sentada en el mismo banco que estaba yo, días atrás.

Mr. Müller ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora