CAPÍTULO 11

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Emily

No avanzamos ni cinco metros cuando sentí que Aiden detenía el auto.

—¿Qué sucede?—dije curiosa girándome hacia él.

—No tienes puesto el cinturón de seguridad—me hizo saber, lo que era muy irresponsable de mi parte, pero por estar pensando en Ai... otras cosas, lo olvidé.

Escuché cómo se quitaba el suyo, para segundos después sentir su aliento mentolado cerca de mí.

—Espera un segundo y te ayudo—dijo.

Sentí un brazo pasar a un lado mío para agarrar el cinturón y pasarlo por mi torso. Su cercanía me volvía tonta, ese olor que emana hipnotiza mis sentidos.

—Listo— no se había movido de donde estaba—La seguridad ante todo.—podía imaginar una sonrisa en su rostro.

«Una que nunca vería»

—Podía hacerlo yo sola—le hice saber— pero muchas gracias, Aiden—dije en un susurro.

—Descuida, yo encantado de hacerlo—su aliento rozando mi cuello erizaba los vellos de esa zona y más—Es más, cada vez que salgamos juntos, yo lo voy a hacer.

Sentí mis mejillas arder con lo primero, luego de procesar lo último que dijo giré mi cabeza hacia él.

Mala idea.

Buena idea, picarona. ¡Por fin!

Su aliento dando de lleno en mi cara hizo que los nervios que no había tenido dentro del auto, aparecieran en ese momento.

—¿Otras salidas?—pregunté— No habrá otras salidas.

Por obra y gracia de Dios, dije todo sin problema.

—Sí, otras salidas.—afirmó— tengo métodos que de seguro te harán aceptar. Hoy no sabías de esto y no querías venir, ¿Y adivina qué?, estás aquí conmigo y no apliqué ninguno, te podrás imaginar lo que sucedería si los aplico.

Es un engreído.

—¡Eso fue casi un secuestro!—repliqué

—Tú lo has dicho, casi, pero no lo es. Y si lo fuera, tu amiga sería mi cómplice.

El guapo aquí presente, tiene toda la razón.

—Como sea— musité.

Soltó una risa que me hizo enojar, fruncí mi ceño y me giré hacia el otro lado.

—Yo siempre gano, no lo olvides, Meine Schöne Brünette.— dijo a mi oído.

¡Detesto que me diga cosas en otro idioma que no entiendo!

Lo que detestas es que te haga inundar allá abajo.

Aiden se aleja de mí, y el sonido de un cinturón ser colocado se escucha, el auto vuelve a ser encendido y nos dirigimos a... no lo sé.

—¿A dónde me llevas?— pregunté.

—A un lugar apartado para asesinarte y luego vender tus órganos.— sentí palidecer.— ¡Es una broma!

—¡Eso no es gracioso!

—Lo acepto, me pasé con eso, no sabía que era una miedosa.

—¿Miedosa?—dije incrédula— ¡No te conozco y me dices eso! ¿Qué esperabas? eres increíble.

—Gracias, aunque ya sabía que era increíble.—respondió burlón—¿Ya viste? lo sabes...— se calló— ¡Oh demonios! Lo siento, no quería decir eso... es decir... es una simp... ¡simple expresión!

Les prometo que lo intenté, pero no pude.

Escucharlo nervioso luego de estar diciendo lo "increíble" que era, a pedirme disculpas, fue muy gracioso para mí.

Solté una gran carcajada, no sé por cuánto tiempo lo hice; tuve que calmarme, me dolía mi barriga de hacerlo.

—¿Qué sucede?—preguntó él—¿No estás enojada?

—Yo...—inhalé y exhalé—Estoy bien, tranquilo, y no estoy enojada.— dije.

El ambiente se relajó un poco, Aiden soltó un suspiro de ¿alivio?, no sé.

—No me respondiste— insistí.

—Es una sorpresa, Emily.

—Sea el lugar que sea, será una sorpresa para mi.—le digo — ¿Dónde?

—Te llevo a comer algo, ¿contenta?

—A decir verdad, sí. Pensé que tendría que insistir más, me sorprendes.— digo sincera.

—Soy impredecible—no pude evitar que una sonrisa se formara en mis labios— Tienes una sonrisa hermosa, Brünette. ¿Te lo había dicho?

Si no me asesina y vende mis órganos, me va a matar con las cosas que me dice de repente.

—¿Falta mucho? —cambié de tema—Ya llevamos bastante tiempo en el auto  y no llegamos.

—Ya llegamos.—detuvo el auto—Primero vamos a comprar lo que vamos a comer y nos vamos a otro lado.

—¿Otro lado? ¿A dónde me estás llevando, Aiden?

—Las personas son muy chismosas y entrometidas en este lugar, no me gusta que se metan en mi vida.

«Pero invades la mía»

—¿Qué tiene de interesante tu vida para que lo hagan?—quise saber.

—Nada en especial— me dijo, pero sabía que era mentira.

Habló la bruja.

Mr. Müller ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora