CAPÍTULO 34

26K 1.6K 536
                                        

Emily

En situaciones como estas es donde quisiera poder ver y saber lo que está pasando a mi alrededor.

La ex de mi novio, con la que follaba meses atrás está aquí. Joder.

Mis pensamientos me hacen una mala pasada y no puedo evitar pensar que tal vez ellos pueden estar besándose y yo no lo sabría.

Respira y deja de pensar estupideces. «Aiden nunca nos haría eso»

—No sabía que teníamos compañía — me quedo en silencio y sé que me ella me está viendo porque puedo sentir su mirada sobre mi.

«Él la dejó entrar»

Le hago caso a mi conciencia y trato de tranquilizarme. Pero todo se va a la mierda cuando ella insinúa cosas que me hacen enojar.

— Lástima, yo que quería jugar contigo, como en los viejos tiempos — añade segundos después.

Me muerdo la lengua para no decirle alguna grosería que me harían rebajar a alguien que pelea por un hombre.

«Los celos no son buenos» pienso.

— No digas tonterías, Amy — dice él de inmediato — . ¿Por qué viniste hasta aquí?

No he pasado mucho tiempo con ella pero ya me cae mal, debo admitirlo.

— ¿Acaso estás sordo?, te dije que vine porque me avisaron que tu me andabas buscando.

La tensión que se formó en el departamento es demasiado intensa. Me debato entre regresar a la habitación y que hablen solos o quedarme aquí y saber de primera mano qué es lo que hace aquí.

Me giro y con pasos lentos camino a la habitación de Aiden, no quisiera caerme con ella presente. Sería demasiado vergonzoso y yo no estoy para eso.

— ¿Emily, a dónde vas?— su pregunta hace que detenga mis pasos y enderece mi espalda.

— A la habitación, para que hablen solos de lo que sea que vayan a hablar — respondo como si nada.

Él me dijo en nuestro viaje que necesitaba hablar con ella y por lo que escuché, aún no lo han hecho.

— Gracias, ahora sigue tu camino y déjanos hablar a solas— se mete ella, haciendo que me muerda la lengua para no responderle.

O es muy estúpida o le gusta joderme.

— Cállate, Amy — dice molesto—. No es necesario que te vayas, tú puedes escuchar lo que sea que ella venga a decirme, amore.

En cuestión de segundos tengo su presencia detrás de mi, para girarme y agarrar mi cintura con sus grandes manos.

Su característico olor mezclado con jabón llega a mis fosas nasales.

— Es mejor que los deje solos para que puedan hablar sobre la mujer del hotel — hablo bajito —. Además, confío en ti.

Esto último lo digo más alto de lo normal para que ella también pueda escuchar.

— ¿Segura?, yo preferiría que estés a mi lado — insiste.

Sonrío y acaricio sus brazos alrededor de mi cintura.

— No. Yo me iré a dar una ducha y a alistarme para ir a trabajar.

No me dice nada y simplemente estampa sus labios sobre los míos en un beso dulce.

— Está bien, brünette — susurra sobre mi boca.

Mr. Müller ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora