Emily Williams, alrededor de un año de edad fue abandonada en las puertas de un Orfanato en Londres, fue encontrada envuelta en una sábana dentro de una canasta, en malas condiciones con un golpe en su cabeza y una nota diciendo: Emily... Lo siento...
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Emily
Con mi mano tanteo el lado izquierdo de la cama y no encuentro el cálido cuerpo de mi novio.
¿A se dónde fue?
Frunzo las cejas aún con los ojos cerrados.
«Aunque no haya diferencia al tenerlos abiertos»
— Aiden.— lo llamo con la voz algo ronca de la actividad bucal que hice ayer, ustedes entenderán.
No obtengo respuesta de su parte y me siento sobre la cama. Desde ayer he comenzado a dormir desnuda y hoy no ha sido la excepción. Qué cambio.
¿Qué hora será? ¿Ya es muy tarde?
Hicimos el amor al menos unas tres veces. Mi cuerpo no está acostumbrado a tanta...actividad física y no aguanté ser suya otra vez; él lo entendió y me quedé dormida entre sus brazos. Donde quiero estar siempre, no me imagino un futuro sin Aiden a mi lado, pero a veces no tenemos todo lo que queremos en la vida.
Me levanto de la cama con una sábana cubriendo mi desnudez, me mantengo en silencio y agudizo mi oído pensando en que tal vez se este dando una ducha, no es así. Sin más, me sostengo de las paredes y luego de varios intentos, llego a la puerta de la habitación.
Salgo dando cortos pasos para evitar caer, a medida que me voy acercando escucho su voz.
«Una voz muy varonil y sexy»
Sonrío y me dispongo a saludarlo, pero mis palabras mueren en mi garganta cuando habla y dice aquel nombre.
— Cállate, Amy y déjame hablar.
Mi pecho se oprime y agarro con fuerza la sabana, frunzo las cejas. ¿Es esa Amy? ¡Por supuesto que sí!
— Amy, necesito que...— sigue hablando y me saca de mis pensamientos.
No aguanto más y no puedo evitar preguntar.
— ¿Qué haces Aiden? ¿Con quién hablas?
Se forma una tensión en el lugar. Él se mantiene en silencio y yo me acerco más.
— No me mientas y responde. — añado.
Tiene que haber una explicación lógica y que no sea lo que estoy pensando. ¡Dios, qué no sea así!
Tomo una bocanada de aire para calmarme y apaciguar los latidos desbocados de mi corazón.
— ...Emily — su voz se escucha nerviosa — Es muy temprano, ¿Qué haces despierta?
Muerdo mis labios y bajo mi rostro para que no vea las lágrimas que han comenzado a salir sin una razón concreta.
Soy una tonta llorona.
— ¿Por qué lo estás tú? — digo bajito y limpio rápidamente mis lágrimas — ¿Con quién hablabas Aiden?
Sus pasos resuenan acercándose a mí e intenta tocarme una mejilla, aparto su mano bruscamente causando que se me resbale la sabana que me cubría.