CAPÍTULO 29

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Emily

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Emily

Con mi mano tanteo el lado izquierdo de la cama y no encuentro el cálido cuerpo de mi novio.

¿A se dónde fue?

Frunzo las cejas aún con los ojos cerrados.

«Aunque no haya diferencia al tenerlos abiertos»

— Aiden.— lo llamo con la voz algo ronca de la actividad bucal que hice ayer, ustedes entenderán.

No obtengo respuesta de su parte y me siento sobre la cama. Desde ayer he comenzado a dormir desnuda y hoy no ha sido la excepción. Qué cambio.

¿Qué hora será? ¿Ya es muy tarde?

Hicimos el amor al menos unas tres veces. Mi cuerpo no está acostumbrado a tanta...actividad física y no aguanté ser suya otra vez; él lo entendió y me quedé dormida entre sus brazos. Donde quiero estar siempre, no me imagino un futuro sin Aiden a mi lado, pero a veces no tenemos todo lo que queremos en la vida.

Me levanto de la cama con una sábana cubriendo mi desnudez, me mantengo en silencio y agudizo mi oído pensando en que tal vez se este dando una ducha, no es así. Sin más, me sostengo de las paredes y luego de varios intentos, llego a la puerta de la habitación.

Salgo dando cortos pasos para evitar caer, a medida que me voy acercando escucho su voz.

«Una voz muy varonil y sexy»

Sonrío y me dispongo a saludarlo, pero mis palabras mueren en mi garganta cuando habla y dice aquel nombre.

— Cállate, Amy y déjame hablar.

Mi pecho se oprime y agarro con fuerza la sabana, frunzo las cejas. ¿Es esa Amy? ¡Por supuesto que sí!

— Amy, necesito que...— sigue hablando y me saca de mis pensamientos.

No aguanto más y no puedo evitar preguntar.

— ¿Qué haces Aiden? ¿Con quién hablas?

Se forma una tensión en el lugar. Él se mantiene en silencio y yo me acerco más.

— No me mientas y responde. — añado.

Tiene que haber una explicación lógica y que no sea lo que estoy pensando. ¡Dios, qué no sea así!

Tomo una bocanada de aire para calmarme y apaciguar los latidos desbocados de mi corazón.

— ...Emily — su voz se escucha nerviosa — Es muy temprano, ¿Qué haces despierta?

Muerdo mis labios y bajo mi rostro para que no vea las lágrimas que han comenzado a salir sin una razón concreta.

Soy una tonta llorona.

— ¿Por qué lo estás tú? — digo bajito y limpio rápidamente mis lágrimas — ¿Con quién hablabas Aiden?

Sus pasos resuenan acercándose a mí e intenta tocarme una mejilla, aparto su mano bruscamente causando que se me resbale la sabana que me cubría.

Mr. Müller ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora