Emily
Cuando ya no escuché el motor del auto de Aiden dejé el bastón a un lado de la puerta y avancé hasta la cocina donde suponía estaba Sofía y los demás.
—Buenas noches—saludé con una sonrisa a causa de lo sucedido anteriormente.
—Buenas noches, cariño.— respondió Mary— toma asiento para que cenes.—asentí con la cabeza, prefería hacer el intento de comer a contestar las preguntas sobre por qué no había regresado a casa con Sofía.
—Hola Mily, te extrañé— los brazos de Matt rodearon mi cintura.
—Yo mucho más enano—le alboroté el pelo.
—¿Qué es eso?— dijo curioso, tocando lo que traía en mi mano derecha.
Los chocolates que me regaló Aiden.
—Son chocolates, termina de cenar y te doy uno, solo uno—enfaticé— no quiero que estés sin poder dormir.
Se quejó pero tuvo que aceptar, era eso o nada. Niño listo.
Me senté en un banco alrededor de la isla de la cocina y me dediqué a comer lo que me sirvió Mary. Estaba delicioso, como siempre; lo que hizo fácil mi tarea de comer todo. Después de cenar nos dirigimos a la sala de estar, donde platicamos de cómo va en la escuela el pequeño de la casa, de las salidas de Mary con sus amigas a tomar té y temas triviales. Agradecía infinitamente que Sofí no haya dicho nada de mi salida con Aiden, sino otra conversación sería.
Sofía les dijo que me había quedado con Kyle a contar si teníamos suficientes flores en el local o si necesitábamos, y que ella se había marchado de allí, porque estaba agotada, que Kyle me traería a casa.
Por eso no me dijeron nada al no llegar con Sofí como de costumbre. Gracias a Dios, ni Mary o Matt abrieron la puerta. La mentira hubiese quedado al descubierto.
—No olviden levantarse temprano el sábado, es nuestro día y debemos aprovecharlo al máximo.— nos recordó Mary— Que descansen, buenas noches.—se despidió.
Un día a la semana, desde que somos parte de esta familia mi héroe y yo, tenemos un día para pasarlo especialmente en familia; los sábados, es muy divertido, a veces salimos a comer a algún lugar fuera de casa o actividades en donde podamos participar todos.
—Mily, ¿ahora si me puedes dar un chocolate?— me pregunto Matt, quien se encontraba con su cabeza recostada sobre mis piernas.
—Claro que sí— le respondí continuando con mis caricias en su cabello, le gustaban mucho.
Agarré los chocolates que los tenía encima de una mesita al lado de donde me encontraba sentada.
Matt se acomodó sobre el sofá y agarró los chocolates cuando le dije que los tomara.
—Sólo uno— insistí. Escuchaba el envoltorio de la caja de los chocolates ser abierto.
—¿Puedo comer otro, por favor?—me preguntó y negué con la cabeza.
Si lo hace, tampoco es que te vayas a dar cuenta.
«Por supuesto que sí me doy cuenta, puedo contar los espacios vacíos y sabré cuantos comió»
¿Y si no tiene espacios? ya se los habrá comido y tu ni en cuenta, duh.
Matt con cada probada que le daba a su chocolate decía lo bueno que estaba y que era mala por no dejarlo comer otro y Sofía lo apoyaba. Dos contra uno, y para colmo una chica ciega. Increíble.
—No te voy a dar más por hoy, punto final.—digo seria. Comenzó a decir que no lo quería, haciéndome un drama pero lo ignoré hasta que se rindió.
—Me voy a dormir, Sofí.—se despidió ignorándome ahora a mí.
—¿Y yo estoy pintada o qué?— digo burlona por su berrinche.
—Repito, buenas noches SOFI— me mordí el labio inferior para no reír, cuando quería podía ser muy berrinchudo.
Sus pisadas fuertes a propósito subiendo la escalera llenaron la sala de estar.
Se le pasará.
Casi suelto un grito cuando Sofía se me acercó y me bombardeó de preguntas.
—¿A dónde te llevó? ¿Se besaron? ¿Ya eres su novia?—se quedó sin aire—¡Pero habla!— me movía del hombro desesperada.
Si así es de joven, no quiero imaginarme como será de viejita.
«Una viejita chismosa.»
—Si me dejaras de zarandear podría hablar—dejó de hacerlo de inmediato— Gracias.
—Responde— metí un mechón de cabello detrás de mi oreja que se salió gracias al zarandeo de Sofía.
Respiré hondo y respondí —Me llevó a un mirador a las afueras de la ciudad—le dije—bueno eso me dijo él, y ¡por supuesto que no nos besamos! y es obvio que no soy su novia, ¡estás loca!
—Qué desperdicio— se lamentó— Entonces, ¿Qué hicieron todo ese tiempo solos?
—Comimos y hablamos— digo tranquilamente.
—¡No puede ser!—me dijo exaltada— Sales con un Dios griego y lo único que haces es ¿hablar? ¿Comer? ¡Por Dios, Emily! Eso hubiese sido aceptable si en lugar de hablar gemías y comías otra cosa.— me regañó indignada.
Sofía Jones es un a loca, es oficial.
—¿Qué esperabas? ¿Qué me le lanzara encima como una loca?—ignoro ciertas palabras.
—Suena mejor a solo comer y hablar—dijo sarcástica—¿Qué más sucedió?
Humedecí mis labios con la lengua y respondí.
—Me dijo quiere conocerme y...—un chillido de parte de ella me hizo callar.
—¡Le gustas!—aseguro— sigue, sigue hablando.
Y le conté casi todo, omitiendo ciertos detalles guardándolos para mí; nos quedamos un buen tiempo hablando del tema.
—De nada, Mily, ese sexy alemán—italiano es el amor de tu vida. Soy un gran cupido.—se halagó— Como recompensa, espero por lo mínimo ser la madrina de la boda e hijos. Que descanses.
Se despidió y subió a su habitación. Cada día confirmo que está loca.
Me quedé unos minutos más sentada en el sofá recordando lo que pasó con Aiden.
No podía evitar que una sonrisa se formara en mis labios, sin más me fui a dar una ducha y me acosté en la cama, imaginando como sería el rostro de él.
Aiden
Durante la noche no dejaba de venir a mis sueños esa linda sonrisa, ladeé mi cabeza alejando de mis pensamientos a esa hermosa chica.
Miré la hora en el reloj de una mesita al lado de mi cama y eran las 5:40 am, me saqué las sabanas de encima y miré hacia abajo; ahí estaba, erección matutina.
Me encaminé al gimnasio que tiene mi departamento y me dediqué a hacer ejercicio, este cuerpo no se mantiene en forma solo; además de que siempre me levanto temprano y tengo tiempo para hacerlo. Luego de terminar mi rutina de ejercicios, me di una ducha y me coloqué uno de mis habituales trajes.
Una vez listo, revisé la hora en el reloj que portaba en mi muñeca, 7:34 am, hoy no tenía ganas de hacerme mi desayuno así que tomé las llaves de mi Audi y salí del departamento.
Cuando estuve dentro del auto me dirigí hacia alguna cafetería y poder desayunar. Si llegaba tarde a la empresa, nadie podría decir nada, soy el jefe.
Privilegios tal vez.
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Mr. Müller ©
ChickLitEmily Williams, alrededor de un año de edad fue abandonada en las puertas de un Orfanato en Londres, fue encontrada envuelta en una sábana dentro de una canasta, en malas condiciones con un golpe en su cabeza y una nota diciendo: Emily... Lo siento...
