CAPÍTULO 14

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Emily

Era sábado, nuestro día en Familia.

Me levanto de mi cama antes de que Mary o Matt venga a la habitación, me encamino hacia el baño para hacer mis necesidades y darme una ducha. Luego busco la ropa que me pondré.

Muchos se preguntaran de cómo puedo andar libremente y realizar ciertas cosas. Simple, el no poder ver es algo con lo que he lidiado toda mi vida, y cuando voy a estar en algún lugar por tiempo indefinido, estudio el espacio; a pesar de que los únicos lugares en los que he estado aparte del Orfanato, han sido la casa de Mary y la Floristería.

No ha sido fácil llegar a orientarme y saber dónde se encuentran las cosas, pero luego de algunos golpes en los dedos de mis pies, cosas rotas, etc. Lo he logrado. Eso quiero pensar.

Luego de darme una ducha y cepillarme los dientes, salgo del baño con una toalla alrededor de mi cuerpo. No llevo ropa interior debajo de ella.

Camino hasta el armario y lo abro, tomo ropa y me visto lo más rápido que puedo. Es un vestido, lo que facilita el trabajo, me coloco unos zapatos y estoy casi lista. Desenredo mi cabello, para luego dirigirme a la puerta y tomar mi bolso que se encuentra a un lado de ella, estoy lista.

—Buenos días— digo una vez que bajé de la habitación y entré a la cocina.

—Buenos días, Cariño—responde Mary. Ella me informa que Matt fue a buscar su mochila para poder irnos.

Matt, todos los sábados es el primero en estar despierto, pero para ir a la escuela debemos de casi arrastrarlo.

Los pasos de alguien bajando las escaleras me sacaron de mis pensamientos. Matt.

—¡Estoy listo!— dice emocionado, escucho como deja su mochila en el piso—¡Oh, Hola Mily!—parece que se da cuenta de mi presencia y me saluda dejando un beso en mi mejilla.

—Buenos días, Matt—le sonrío y le doy otro bocado a mi desayuno que minutos atrás me sirvió Mary.

Como se habrán dado cuenta su berrinche le duró muy poco.

—Matt, mi niño, ve a decirle a Sofía que se dé prisa o la vamos a dejar y tendrá que irse caminando.—pide nuestro Ángel, el enano acepta y sube rápido las escaleras a llamar a Sofía, lo hace más que nada porque quiere que salgamos de casa lo antes posible.

Esto de Sofía es desde que la conozco y sucede porque vive pendiente de lo que hace su crush, nuestro vecino Josh, en redes sociales. Ellos están en contacto.

Sabroso.

«No ese tipo de contacto, mal pensada»

Para ser más exacta, se chatean. Y mí querida amiga cuando él le escribe se tarda en responder; según ella, para que no piense que está loca por él—aunque lo esté—. Eso de loca lo digo yo, porque ella no lo acepta. Y su estrategia de no responder rápido parece que le funciona, porque siguen en contac... chateando.

—¡Ya estoy lista!—el grito de Sofía me hace dar un brinco en mi lugar.

—¡Al fin!— exclama Mary.

Una vez que estamos todos listos, salimos de casa y subimos al auto rumbo a un parque algo lejos de casa, nos gusta la privacidad a nosotros y en este lugar a pesar de ser muy lindo como dicen ellos, no va casi nadie aparte de nosotros. No que sepamos.

Excelente para hacer un Picnic.



{*}

Mary y yo, nos encontrábamos sentadas sobre una manta riendo de Sofía, quien jugaba con una pelota con Matt, son muy competitivos, y ella no acepta que un niño de casi ocho años le gane.

—Para ser un niño eres muy tramposo, Matt— escucho quejarse a la loca de mi amiga.

—¡No es cierto!— se defiende él— No es mi culpa que no puedas patear bien el balón.

Casi escupo el jugo que minutos antes llevé a mi boca al escucharle decir eso. ¡Dios, qué vergüenza! Agradezco que no haya gente viéndome porque mi vergüenza sería mayor, ¡Casi escupo el jugo!

Un enojado bufido de parte de Sofía llena el lugar para después escuchar los gritos de ambos acompañados de los sonidos cuando patean el balón.

Siguieron en lo suyo jugando varios minutos más, mientras platicaba con Mary, hasta que los gritos de ambos se dejaron de escuchar.

El silencio reinó por unos segundos.

—¡Perdón, no era nuestra intención golpearlo!— se disculpa Sofía exaltada.

—Descuide, no me lastimó.

«No puede ser»

Sí puede ser y está sucediendo.


Aiden

Han sido dos días muy agotadores en la empresa, he tenido que viajar a Londres por reuniones importantes de trabajo.

Mi secretaria me acompañó esos días, me siento mal de alejarla de su hija, pero son las obligaciones que tiene al trabajar para mí, aunque su sueldo es muy jugoso; espero y recompense algo de eso con ello.

Luego de leer el mensaje de Amy aquel día, me dirigí a mi departamento para darme una ducha e ir a verla. Pero no pude hacerlo. Tuve que salir rumbo al aeropuerto por los asuntos de la empresa en Londres. Le avisé que no podría verla y lo entendió.

¿Qué haría cuando la viera? no lo sé.

No sería correcto que siguiera teniendo sexo con Amy, cuando le pedí a Emily conocernos.

Suelto un suspiro pesado y ladeo mi cabeza para no pensar en eso. Tengo puesta ropa deportiva, hoy no tengo que ir a la empresa. Bendito fin de Semana.

Lo dices como si no pudieses faltar, eres el dueño.

Correcto, soy el jefe, por esa misma razón debo poner el ejemplo.

Salgo del departamento y antes de subir a mi auto miro a los lados revisando que ningún paparazzi me esté viendo y me siga.

No los soporto.

Enciendo el auto y me dirijo a la Floristería. Unos veinte minutos después llego al lugar y veo que se encuentra cerrado.

Jodida suerte.

Aguardo unos cuantos minutos estacionado, debatiéndome entre: regresar a mi apartamento o hacer lo que tengo en mente. Unos segundos después, me decido por la segunda opción y eso hago.

Mr. Müller ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora