Emily Williams, alrededor de un año de edad fue abandonada en las puertas de un Orfanato en Londres, fue encontrada envuelta en una sábana dentro de una canasta, en malas condiciones con un golpe en su cabeza y una nota diciendo: Emily... Lo siento...
«Lo sabía, es un idiota y Dios me va castigar por ser parte de su idiotez»
Iba decirle lo idiota e imbécil que era por estar aquí conmigo en lugar de su esposa, cuando lo escuché. Una gran carcajada de su parte, como si la situación estuviese para eso lo que me hizo indignar y enojar más.
—¿Qué es tan gracioso?—solté enojada—¿Lo imbécil que eres con tu esposa?— lo que dije pareciera que fuera un chiste porque solo hizo que riera más fuerte— Quiero irme a casa— exigí.
Como quisiera ver para poder agarrarlo de las greñas y golpearlo.
Yo también quisiera agarrarlo de las greñas pero no para golpearlo precisamente.
Y lo peor es que no me puedo ir de aquí sin él, no sé cómo carajos llegar a casa sin darle la dirección a otra persona. Esto es culpa de Sofía y mía. Me dispuse a levantarme pero sentí una gran mano rodear mi muñeca deteniendo mi intención.
—Suéltame Aiden o no respondo.—dije tratando de sonar amenazante.
—Yo...—sentí que carraspeaba para no reír— todo lo que dije no es cierto, era una broma— dijo.
—¿Broma?—repetí— ¡¿Te parece gracioso estar con otra chica y decir que tienes esposa?!
¡Eso! Hazle notar que estas celosa.
¿Celosa? para nada, tengo derecho a enojarme por su tonta "broma"
—Admito que suelo hacer y decir cosas estúpidas muy seguido—tiro de mi muñeca y logro salir de su agarre— pero me pasan solo cuando estoy contigo, es como si el destino quisiera que solo notes mi lado tonto...
—Vaya que agradable es saber que mi presencia te pone estúpido—digo sarcástica
—Pensé que no me creerías.—toma mis manos nuevamente—Y no quise dar a entender que hagas a los demás idiotas, solo...—guardó silencio unos segundos—Lo siento, no volveré a hacer bromas tontas ¿De acuerdo?
—Déjame pensarlo—tardo unos segundos—¿Ya no dirás cosas como que vas a vender mis órganos o algo parecido?
—Ya no más, ¿Estoy perdonado?—preguntó
Solté un suspiro y asentí con la cabeza.
—Gracias Brünette— me abrazó— ¿Seguimos con las preguntas?—Nos separamos.
—Solo si contestas sin tus bromas— me encojo de hombros.
—Ya no haré bromas, te lo prometo.—asegura
—Ok, responde lo de las rosas—pido.
Pesada.
—Eran para mi madre, ella las ama.—al menos no eran para una novia o esposa— ¿Color favorito?
—Yo...ummm no lo sé—digo algo triste— te aseguro que no es el negro, al menos el que tengo en ese concepto.—trato de no sonar patética— ¿Cuál es tu favorito?
— Siento que cada vez que hablo contigo la embarro más—niego con la cabeza.
—No digas eso, es algo normal para ti preguntar ese tipo de cosas, y no es tu problema que yo no pueda darle una respuesta concreta a ello; mientras tu no me trates con lastima todo estará bien conmigo, olvidemos eso. —sonrío—¿Cuál es el tuyo?—vuelvo a preguntar.
—Trataré de no hacer comentarios fuera de lugar— asegura— el mío es el negro. ¿Cuántos años tienes?
—Tengo veintidós, ¿Cuántos tienes tú, Aiden?
Pregunta otras cosas, esas son muy aburridas.
No es aburrido, solo quiero saber de él. Además son veinte preguntas, relájate pesada.
—Eres joven, una hermosa joven—le doy una sonrisa nerviosa— yo tengo veintiséis, cuatro años más que tú. Un viejo a tu lado.—me dice
Cuatro años de diferencia no son nada.
—Tienes razón, eres un viejito.— le respondo imaginando una silueta grande con la descripción que me hizo Matt de alguien mayor.
—¡Oye, se supone que me digas que no es cierto!— dice indignado.
—¿Qué? pero si tú mismo lo dijiste— le digo tratando de ocultar una sonrisa— yo solo te seguí la corriente y te di la razón.—no resistí más y me reí, unos segundos después él se unió.
— ¿Tienes hermanos?—le pregunté cuando dejé de reír.
—Era mi turno—reclama.
—No importa—le digo encogiéndome de hombros— responde.
—Sí, tengo una hermana y se llama Lía. ¿Y tú tienes? — Matt se me viene a la mente, él es lo más cercano que tengo a uno.
—También tengo uno, su nombre es Matt.
—¿Tienes novio?— preguntó cómo temiendo la respuesta.
—¿Por qué quieres saber eso?
—Esa otra pregunta— me hace saber— Simple curiosidad, solo eso.—responde
—No, no tengo novio por ahora.
—¿Por ahora?— no sabría identificar en qué tono pregunto eso.
—Si, por ahora, mañana no sé qué pueda pasar— humedezco mis labios con mi lengua, ya que los sentía secos, lo escuché susurrar y decir algo en otro idioma, que obviamente no entendí—¿y tú? ¿Tienes Novio o novia?
Y tú que te quejabas del porqué preguntaba eso.
Él pregunto lo mismo, ¿Por qué yo no?
—Ninguno de los dos, y para que te quede claro soy heterosexual— lo escuché decirme gruñendo.
—¿En qué idioma hablas a veces? ¿Qué me dices? No entiendo.
— Son dos preguntas y solo te responderé una, el idioma es alemán.
—Interesante— por no decir que suena sexy a pesar de que no entienda, ignoré el hecho que no me dijo que significaba lo que me decía a veces— ¿Eres de Alemania?—quise saber.
Lo escuché soltar un gran suspiro, tal vez se deba a que no respeto el hecho que le tocaba preguntar a él.
«Es su culpa por hacerme sus bromitas, que no se queje ahora»
—Así es, nací en Berlín, Alemania.—respondió— La primera vez que te vi y me hablaste, me di cuenta que sabes mucho de las flores— asentí con mi cabeza, eso era cierto—¿Cuál es tu favorita y por qué?
No pude evitar esbozar una sonrisa con su pregunta, por supuesto que tenía una favorita, así que respondí sin más preámbulo.
—Los girasoles, Sofía, me dijo que ellos giran con el sol y que dejan de hacerlo cuando su tallo esté listo o algo así, eso me parece increíble.—coloqué un mechón de mi cabello detrás de la oreja— Y aquí entre nosotros—digo bajito— Cuando estoy en el patio de la casa de Mary y siento los rayos de sol, me imagino que soy uno y voy girando como ellos—sonrío y ladeo mi cabeza— Es tonto lo sé, pero no puedo evitarlo.
Siento sus manos tibias posarse en mis mejillas, su cuerpo acercarse a mí, su aliento mezclándose con el mío, causando que los latidos de mi corazón se aceleren.
—Aiden...
—Eres hermosa Mily, no tan solo hablo de tu físico, eres el significado de la palabra y más, mucho más. Eres tu.—con cada palabra que decía, sentía sus labios rozar los míos— me alegra tanto estar compartiendo este momento contigo, aquí, conociéndonos...
Quería sentir sus labios sobre los míos, saber si eran suaves como pensaba.
—No sé qué decirte, yo...
Quieres que te bese.
—Solo déjame conocerte, espero tú también quieras hacer lo mismo conmigo ¿Aceptas?
—Sí, yo también quiero conocerte— hablé sincera.
Al sentir su nariz acariciar la mía hizo que un jadeo saliera de mis labios, sus labios posarse en ella dejando un casto beso allí me hizo rodearlo con mis brazos, no quería que se apartara de mí. Su aroma llegó a mis fosas nasales, haciendo cerrar mis ojos inhalando fuertemente.
—¿Tienes una flor favorita?— pregunté aun abrazada a él.
Me apretó más hacia él y colocó su barbilla sobre mi cabeza. La diferencia de estatura era increíble.
—A decir verdad no tengo favoritas, aunque tal vez... los girasoles me comienzan a gustar.
—¿Se está robando mis gustos, Señor Müller?— le digo burlona apartándome de él.
—Me declaro culpable, Señorita Williams— nos acomodamos encima de la manta— ¿A dónde te gustaría ir? es decir, conocer un lugar.— continuó preguntando.
Lo pensé por unos segundos.
—Quisiera ir a la playa, un lugar donde sienta los rayos del sol sobre mi piel, la arena entre los dedos de mis pies; simplemente saber que se siente estar allí, aunque no lo pueda ver el mismo.—dejé salir un gran suspiro— Aquí en Inglaterra es muy frío, al menos en donde he estado que no han sido muchos lugares me lo han dejado claro.—el recuerdo de Matt y yo en un parque aguantando frío en un parque vino a mi memoria— ¿Qué te gusta hacer a ti?
—¿Qué sucedió?—no entendí a qué se refería y añadió— ¿Qué te sucedió para que no puedas ver, Brünette?— Mi cuerpo entero se tensó con su pregunta, en todo este tiempo olvidé por completo que él podría preguntar sobre eso.
No me gusta hablar sobre ello.
—Es un tema que no me gusta tocar, Aiden.— le digo, para luego morderme el labio inferior nerviosa.
Solo quiere conocerte.
No quiero que me tenga lastima, no él.
—Lamento si mi pregunta te incomodo, Mily.—me dijo suavemente— Solo quiero saber qué sucedió para que tus hermosos ojos, no puedan ver.
Me di valor a mí misma y lo dije.
—Cuando era una bebé recibí un fuerte golpe en mi cabeza, eso causó que no pueda ver; solo puedo distinguir siluetas y algunos destellos de luz, siempre y cuando, obviamente, el lugar se encuentre iluminado.—dije brevemente.
—¿Fuiste a un médico especializado para encontrar una solución?
—Sí, cuando era una bebé las cuida...—me detuve al darme cuenta que casi hablo de más — me llevaron al médico, él fue quien me dio mi diagnóstico.
—¿Fuiste sólo cuando eras una bebé?—asentí con mi cabeza—¡La ciencia ha avanzado! tus padres no debieron quedarse con la opinión de un solo médico.—reprochó.
Sentí una punzada en el corazón al escuchar que mencionaba a mis "padres", a quienes no les importé, tanto así, que me abandonaron.
En el Orfanato las cuidadoras me llevaron al médico al darse cuenta que no podía realizar las mismas cosas que mis compañeros en el lugar, en el hospital les dijeron mi condición, les agradezco todo lo que hicieron por mí durante todo el tiempo que estuve allí.
Nunca me había planteado la idea de poder ver, empezando porque no quería ilusionarme y que me digan que no lo haría o que haya una solución, pero no pueda acceder a ella porque no tengo el dinero suficiente.
Simplemente no quiero ilusionarme.
—No Aiden, dejemos de hablar de ese tema
—¡Debes ir a un doctor!—dijo enojado
—¡He dicho que paremos de hablar de ello!—replico enojada—¡Y si voy o no al jodido doctor es mi problema, no tuyo!
Ninguno dijo nada, quedamos en silencio segundos o minutos.
—No quiero que pienses que quiero decirte que debes hacer o no—hablo el— pero...yo quiero lo mejor para ti y si hay una solución a ello ¿Por qué no hacerlo?
—Ya no hablemos sobre eso, por favor—pido—te agradezco que te preocupes por mí pero no insistas.
—Ok, dejaré el tema por ahora — Luego de eso, unos minutos después volvimos a entablar una conversación tranquila, aligerando la tensión que se formó minutos atrás.
Y me encontraba aquí haciendo el ridículo intentando hablar Alemán.
—Gute Nacht«Buenas noches» — me dice él.
—Ya no lo voy a intentar—le hago saber— soy muy mala, me doy por vencida.
—No pensé que se rindiera muy pronto, señorita Williams—me dice burlón.
—Eso lo dices porque hablas alemán desde que eras un niño— le acuso.
—Puedo hablar italiano también.
Que Aiden sea nuestro maestro de lenguas y nos diga cómo se puede usar en cosas más... placenteras.
«Eres una pervertida»
Yo no he dicho nada que hayas entendido otra cosa es diferente.
—Creo que ya es hora de irnos— digo
—No quisiera hacerlo, pero si quiero que vengas conmigo de nuevo debo llevarte temprano a casa.
Me guía al auto e ingreso, mientras él recoge lo que trajimos. Una vez los dos dentro del auto nos dirigimos a casa, le doy la dirección que me sé de memoria, Mary y Sofía nos hicieron aprenderla a Matt y a mí en caso de emergencias.
El trayecto a casa es tranquilo, Aiden enciende la radio y cuando salen canciones que me sé, las tarareo muy despacio. No quisiera dañarle los tímpanos a mi acompañante.
—Estamos en la dirección que me diste, ¿Te dijeron que color es la casa?—pregunta
—Es color blanco y está al fondo — Hace un sonido de que entendió y que sabe cuál es.
Estaciona el auto y nos quedamos unos minutos dentro de él.
—Gracias por esto, Aiden.—rompo el silencio— Aunque me hayas casi secuestrado—bromeo.
Si él es quien nos va a secuestrar, que lo haga sin dudarlo las veces que quiera y nos castigue por querer escapar.
—Te informo que lo haré a menudo—me dice como si nada.
Yo solo ladeo la cabeza sonriendo.
Sale de auto y segundos después abre la mía para ayudarme a salir.
—Te traje algo.
—No tienes que darme nada— respondí
—Cuando sepas de que se trata no te vas a negar a aceptarlo, ¿Adivinaste qué es?
—Chocolates — digo segura y espero haya acertado.
—Acertaste, son chocolates. Toma— coloca lo que supongo son los chocolates en mis manos.
—Eres un tramposo, sabes que no le puedo decir que no a los chocolates, pero muchas gracias, Señor Müller.
—De nada, Mily.
Me ayuda a subir los escalones de la entrada hasta la puerta.
Toco la puerta y segundos después escucho la voz de Sofía del otro lado y la abre.
—Buenas noches chicos—saluda—me alegra que valores tu vida y hayas traído sana y salva a Mily.—se dirige a Aiden.
Él le dice que no tenía de que preocuparse y Sofía se despide e ingresa a la casa, dejándonos solos.
—Gute Nacht, Aiden— intento despedirme en alemán.
—Gute Nacht, meine Brünette— se acerca a mí, depositando un casto beso en la comisura de mis labios—Lo hiciste muy bien.— le dedico una sonrisa y me separo de él.
Sin esperar más ingreso a la casa y cierro la puerta, quedándome detrás de ella hasta que escucho su auto marcharse.
«Quiero volver a pasar tiempo con él»
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