CAPÍTULO 27

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Aiden

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Aiden

Me muevo con destreza de un lado a otro en la cocina.

Estoy cocinando salmón a la plancha con algunos vegetales. En serio, va a quedar muy bien.

«Como todo lo que hago»

Emily está en nuestra habitación.

Sonrío y niego al caer en cuenta de mi pensamiento. «Nuestra». Suspiro y sigo en lo mío, no quiero que nada salga mal, todo tiene que salir perfecto.

Cuando ingresamos a la casa todo fue risas y toqueteos por unos minutos en sillón de la sala de estar. Luego, tuve que dejar que fuera a la habitación a descansar un rato, yo me dediqué a organizar todo lo que tenía planeado, ya estaba todo casi listo, solo dejar el salmón un rato más dentro del horno y ya.

Reviso la hora en el reloj que está en una de las paredes de la cocina, son las: 19:39 pm.

Salgo de la cocina y voy hasta el gran ventanal de la casa, por ella se ve el reflejo de la luna sobre el mar.

«Simplemente, hermoso»

Esta casa es grande. Tiene varias habitaciones, el jacuzzi es impresionante, y muchas cosas más tiene para destacar; no podía ser menos con todo lo que me costó. Regreso a la cocina y apago el horno, no saco el salmón porque no quiero que se enfríe.

Una hora atrás le avisé a Mily que podía ir preparándose para la cena, sería afuera.

Verifico que todo esté en orden y me voy a otra de las habitaciones a bañarme y prepararme para la cena.

Los primeros botones de mi camisa blanca están sin abotonar, dejando parte de mi torso al descubierto, una bermuda negra y listo.

No necesito más.

Llamo suavemente a la puerta por Emily.

—¿Estás lista? ¿Puedo pasar?—pregunto.

Estoy por volver a tocar cuando no obtengo respuesta, pero lo hace.

—Sí, puedes pasar.—sin más, abro la puerta y la sonrisa en su rostro me contagia.

«Cada día está más hermosa»

Tiene un lindo vestido blanco sin tiras, y le llega a la mitad de sus muslos, resaltando su hermosa piel, piernas, «TODO», su vestido marca su figura sin ser ajustado. No sabría explicarlo, nunca me he fijado en lo que usan las mujeres, sólo me encargo de quitárselas.

«A de ser algún tipo de tela especial». Me digo en un susurro.

—Sofía hizo un buen trabajo al elegir lo que ibas a usar, no veo la hora de quitarte ese vestido y poner mi boca en tu cremosa...

—¡Dios! Aiden, cálmate.—con ayuda de su bastón se dirige hacia mí.

—¿No puedo decirte lo que haré?—acorto la distancia que nos separa.

Mr. Müller ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora