🌼2🌼

1.4K 101 95
                                        

James tardó mucho en recordar lo que había pasado la noche anterior. Al levantarse, lo primero que sintió fue un intenso dolor de cabeza. A pesar de no haber bebido muchísimo, su cuerpo siempre decidía castigarlo de buena mañana después de una noche de fiesta.

Alguien le había dejado un vaso de agua y una pastilla en la mesa.
Se la tomó, dejando que bajase por su garganta al mismo ritmo que el sudor bajaba por su espalda. El ventilador no se movía y las ventanas, a pesar de estar abiertas, parecían no dejar entrar el cálido aire que venía de fuera.

James se quedó mirando la rama del árbol que prácticamente entraba por su ventana, imaginando a Eli trepando por él para entrar.

Eli...

Un sudor frío recorrió todo su cuerpo, haciendo que sus hombros temblaran a la vez que sus ojos se abrían de par en par.

James deseó que todos los recuerdos que le estaban pasando por la mente no fueran más que su imaginación, un sueño. Pero cuanto más recordaba, más sabia que todo había ocurrido de verdad.

— Mierda. . . — murmuró, frotándose los ojos.

Eli se había ido, y eso podía significar muchas cosas. Todas las peores opciones se paseaban por la cabeza de James, haciéndole esperar lo peor.

Cuando la pastilla empezó a hacerle efecto, James se levantó de la cama y se dirigió a la casa de sus vecinos. La madre de Eli no tardó mucho en abrir la puerta, sus rizos rubios recogidos en un enorme moño.

— Buenos días — dijo James, escondiendo sus nervios tras una sonrisa.

La madre de Eli sonrió de vuelta, pero no se movió del sitio. James sintió un nudo en su estómago. Siempre le dejaban entrar nada más verle.

— ¿Está Eli?

— No, se ha ido con unos amigos.

— ¿"Unos amigos"? — se rió James. Todos los amigos que tenían eran mutuos, y James sabía que no habían planeado nada —. Sólo quería asegurarme de que está bien. Ayer bebimos bastante.

La madre de Eli suspiró mirando al suelo, sin perder la sonrisa. Su cuerpo estaba apoyado contra el marco de la puerta, y su brazo reposaba paralelo al suelo, tapando la visión de James.

— Eli está bien, James. Gracias por pasarte.

— No, pero- Solo quiero charlar con él un rato.

— James... Elías no quiere verte ahora mismo.

Hubo un silencio que pareció durar una eternidad. De golpe, James se sintió pequeño y vacío, confuso. La madre de Eli pareció lamentar sus palabras al instante y suspiró.

— Estoy segura de que se le pasará, no os la primera vez que os peleáis, ¿no?

— ¿Pelearnos? Yo no-

— Le diré que has pasado, James. Gracias por venir.

La madre de Eli cerró la puerta, dejando a James en el porche con la mente en blanco y una creciente sensación de ansiedad en el pecho. Eli le había dicho a su madre que habían peleado, ¿qué quería decir eso? ¿Lo había odiado? ¿Se lo diría a los demás? O peor aún. ¿Iban a dejar de ser amigos?

James sintió que sus pies le pesaban como si estuvieran hechos de maón mientras volvía a su casa. El sol parecía abrasar más de lo normal, y la carretera se veía borrosa por culpa del calor.

Nada más entrar en su casa, James sintió su teléfono vibrar en su bolsillo. Su pecho parecía estar llenándose de una extraña presión que hacía que le costase respirar a la vez que un zumbido invadía su cabeza. Cuando miró la pantalla del teléfono, sintió sus ojos aguarse al ver un mensaje en el grupo de amigos.

Gay Short StoriesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora