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James y Eli llevaban un par de horas en la habitación. Ambos estaban estirados en el suelo mirando hacia arriba, deseando que el ventilador hiciese algo más que simplemente girar.

Habían estado en esta situación varias veces, de hecho, prácticamente cada día de verano desde hacía años. Pero esta vez algo era distinto.

Esta vez estaban agarrados de la mano.

Ninguno de los dos había dicho mucho después de estar besándose durante media hora. Parecía que hubiesen llegado a un acuerdo en silencio que dictaba fingir como si nada hubiese pasado, estirarse en el suelo y esperar. Entonces fue cuando Eli cogió la mano de James, y él suspiró aliviado de que no hubiese sido otro error más.

— Para que me quede claro — murmuró Eli. Llevaba tanto rato sin hablar que la voz apenas le había salido, así que carraspeó —. ¿Estamos saliendo?

James sintió su rostro arder y su cuerpo tensarse. ¿A qué venía esa pregunta? ¿Era una pregunta trampa? ¿Acaso todo este rato en el que habían estado dándose el lote no había contado para nada? James sintió las palmas de las manos sudar. Soltó un momento a Eli, quien frunció el ceño, se secó la mano en el pantalón y volvió a dársela.

— Bueno. . . Sí, ¿no?

Eli no contestó al instante, hecho que provocó que James girase la cabeza para mirarle. Eli estaba sonriendo de oreja a oreja, un ligero rubor en sus mejillas. Cuando se dio cuenta de que James le estaba mirando, ambos apartaron la mirada para volver a mirar al techo.

— Entonces eres mi novio — dijo Eli.

James se dio cuenta de que lo estaba diciendo más para él mismo. Sonrió.

— Y tú el mío.

— ¿Te imaginas? — se rió un poco Eli —. Tu siendo mi novio pero no al revés.

James se rió arqueando una ceja y giró todo su cuerpo para estar de cara a Eli.

— ¿Acaso es físicamente posible?

Eli se giró para estar cara a cara y se encogió de hombros. James sonrió al sentir Eli dándole un apretón en la mano.

— No lo sé.

Ambos soltaron una risita, nerviosos. James sintió su rubor empeorar cuando los ojos de Eli se fijaron en sus labios. En pocos segundos, estaban besándose de nuevo.

Eli todavía parecía estar tenso, pero a James no le preocupaba. Porque, a pesar de estar nervioso, Eli lo compensaba cogiendo el rostro de James como si aquel fuese a ser su último beso.

Era algo abrumador, pero hacía que James se sintiera como en el cielo.

Un teléfono empezó a sonar, haciendo que ambos se separaran de golpe. Eli refunfuñó algo mientras se levantaba del suelo y James se quedó estirado, mirando como su novio cogía su móvil y se lo llevaba a la oreja.

— ¿Sí? — dijo nada más contestarlo, sin decirlo en voz alta, Eli le indicó que era Clara —. Sí, todo bien. No, no está enfadado. No. Ya lo sé. Sí, estoy con él.

James se irguió y cruzó sus piernas para quedarse sentado mientras Eli le daba su teléfono. James respiró hondo, recordando todo lo que había pasado la última vez que había visto a Clara y los demás.

La verdad, James no tenía ganas de hablar con nadie. En esos momentos, solamente quería coger a Eli, salir corriendo hasta un lugar seguro y pasar el resto de sus días con él sin nadie molestando. Pero tendría que hablar con sus amigos tarde o temprano, y James prefería hacerlo sin tenerlos cara a cara.

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