Kagami luego de tres largos días en dónde hacían paradas en algunos países por algunos negocios de su familia finalmente había llegado a casa. Extrañaba París y a sus amistedes, también la ciudad porque había llegado a amarla, pero no podía evitar sentirse feliz de estar finalmente en su tierra.
Bajo las maletas con ayuda de su madre y la persona que había cuidado de su hogar mientras se encontraban fuera. Durante el viaje estuvo acordándose las veces que había acudido a un campeonato de esgrima o había salido completamente sola para pasear por su amada Tokio.
Al estar en su propio mundo no noto que habían llegado a su lujoso departamento. Ahora su madre y la persona que había cuidado de su hogar aparte de ella se encontraban bajando las maletas.
Una vez de haberle pagado el último sueldo por sus servicios prestados ambas se dedicaron a desempacar y a limpiar sus cosas. Quizá pensarían que las Tsurugi tendrían servidumbre al ser de una familia rica en Japón, pero en su país acostumbraban más a hacer las cosas por su cuenta y ellas seguían mucho la filosofía de su país del que estaban tan orgullosas de pertenecer.
Les había tomado todo el día poner sus cosas en sus respectivas habitaciones ya que su departamento se encontraba limpio gracias a la persona que lo había estado cuidando por ellas.
Ambas se encontraban cansadas para poder cocinar algo así que por el día de hoy irían a comer a un restaurante cerca de su casa. El camino fue silencioso y empezaron a hablar solamente para poder ordenar sus comidas que consistían en comer sushi ya que no tenían ganas de algo más elaborado y hace tiempo que no probaban como de su país con el mismo sabor que ahí.
El silencio era tranquilo y acogedor, puede ser que no se dijeran muchas palabras de afecto, pero ellas se querían mucho.
-Tu padre ha llamado antes de venirnos de regreso- Aquello sorprendió a la chica.
Su madre lo había mencionado como quien cumple con su deber, pero que no está de acuerdo con la petición que le encargaron. Kagami sabía que su madre tenía que decir algo más así que espero y como no lo dijo no le quedaba más remedio que preguntarle.
-¿Qué quiere? - Lo dijo intentando disimular su molestia.
Su madre notó su molestia. A pesar de que su hija pensaba que no le prestaba atención se equivocaba porque sabía que ella no quería hablar del tema. Tomoe se hizo la desentendida y siguió con lo que tenía que decir.
-Tú padre quiere conocerte mejor y establecer lazos contigo. Me dijo que quiere reparar sus errores y que quiere que conozcas a tus hermanos-Lo dijo sin sentir mucho interés.
La verdad era que Tomoe Tsurugi iba a respetar la decisión que tomará su hija conforme a ese tema. No iba a presionarla en una situación que de por sí ya era complicada.
-No pienso verle. ¿Por qué de pronto siente interés por mí? Me abandonó desde antes de nacer, nunca me reconoció como su hija, nunca me ha mantenido ni tampoco se ha preocupado por mí. ¿Tiene alguna otra intención oculta?- Soltó con enojo.
Su madre se dio cuenta que había sido buena idea hablarlo en el restaurante y no en casa porque en un sitio público por respeto a las personas, su nombre, prestigio su hija no podría demostrar toda su rabia. Kagami era una chica bastante madura para su edad y raras veces explotaba siendo solamente con cosas bastante fuertes siendo ésta una de esas.
-Mi abuelo que ya no está y tú son mi única familia. No quiero saber ni tener nada que ver con él. Espero que para la próxima que se comunique contigo se lo digas-Fue lo último que dijo su hija.
Nuevamente las dos se pusieron a comer sin decirse absolutamente nada. El silencio anteriormente placentero ahora era bastante incómodo para Kagami. Ella se había alegrado por volver a su país ya que lograría olvidarse de Adrien de quien en el fondo aún estaba enamorada a pesar de haberlo terminado y ahora tendría que enfrentar a su padre tarde o temprano.
Su madre nunca había querido hablarle mal de él, pero luego de haber escuchado conversaciones entre su madre y abuelo había descubierto todo. A pesar de que no lo expresará estaba dolida por el hecho de que el hombre que le dio la vida nunca hubiera estado interesado en saber de ella o de su vida.
Toda su vida había hecho logros para enorgullece a su abuelo que era como su padre y a su madre. Muy en el fondo de su corazón siempre había esperado de pequeña que su padre se apareciera y viniera a pedirle disculpas por haberla dejado, que le dijera que estaba orgulloso de ella y que a partir de ese momento no la abandonaría.
Con el pasar de los años dejó de sentir amor u odio hacia su progenitor y se dedico a estar con sus únicos parientes y hacerlos sentir orgullosos. Y ahora cuando ya no pensaba en él quería formar parte de su vida como si no la hubiera lastimado toda su vida. No sabía que pensar ya de ese hombre lo único que sabía es que no se lo quería cruzar.
Terminando de pagar la cuenta regresaron a su departamento cada una en su propia habitación para poder terminar algunas cosas que tuvieran pendientes.
Kagami decidió que hablaría con sus amigos sobre su viaje para poder distraerse de lo que había sucedido en el restaurante, aunque estuvo tentada de hablar con Adrien al final se dio cuenta que aún no estaba preparada y lo dejó para otro día . Mañana sería un nuevo día y tendría clases de esgrima con los mejores de su país para poder algún día representar a su país en los juegos olímpicos haciéndoles ganar muchas medallas. Lo mejor que podía hacer después de hablar con sus amigos sería descansar y esperar a ver que sucedería con su vida.
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Amor en París
Hayran KurguEn esta historia se van a contar las historias de amor de los personajes más importantes de la serie de Miraculous las aventuras de Ladybug y Chat Noir. La mayoría de los personajes son propiedad de Thomas Astruc, pero algunos son de mi invención. S...
