Capítulo 41: Sintiéndote Parte 1

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La habitación podía estar helada, pero el cuerpo delgado y sudoroso de Regina provocaba calor contra el mío, deslicé una vez más el consolador dentro de sus labios vaginales hinchados disfrutando ver el juguete de silicón perderse en su interior. Apretó las piernas dificultando que la penetrara, pero encontré la resistencia excitante. La envolví en mis brazos, chupé su cuello y froté su clítoris. Su trasero redondo chocó contra mi pelvis una y otra vez, y abandoné su clítoris para darle unas cuantas nalgadas; ella gimió cada vez más fuerte, tomó mi mano y la llevó a su clítoris nuevamente; froté suavemente y la penetré un poco más profundo mientras ella gritó su orgasmo sin ningún pudor.

Besé su hombro y me deslicé suavemente fuera de ella, giró un poco hacia mí y besé sus labios sumergiendo mi lengua en su boca. Mi mano se posó en su vientre y sonreí contra sus labios al sentir la ligera curva que hacía cada vez más notable la presencia de nuestro bebé.

Nuestras mañanas habían caído en una deliciosa rutina desde que Henry entró a la escuela, David comenzó su trabajo y sorprendentemente Mary Margaret consiguió un trabajo de medio tiempo como profesora suplente en una escuela, la profesora titular tuvo un accidente de tránsito e iba a tener que quedarse en cama para que su pierna quebrada sanara correctamente. Regina se puso furiosa porque Mary Margaret consiguió un trabajo tan rápido, en especial cuando ella nunca consiguió ni siquiera una llamada de regreso. No fue difícil persuadirla al respecto recordándole que eso haría que se fueran más rápido, David cumpliría un mes en el trabajo en tan solo dos días. Incluso Sarah pasaba el día ocupada en una fundación que ayudaba a jóvenes de escasos recursos a conseguir becas escolares.

Regina encontró la oficina ideal para mí, el lunes pondrían las cámaras de seguridad e instalarían la línea telefónica, eran los últimos detalles que faltaban para poder comenzar con el trabajo real. Pero la única fecha que estaba esperando con ansiedad era dentro de cuatro semanas cuando Regina cumpliría 16 semanas de embarazo; su ginecóloga nos había agendado una cita para realizar una ecografía tridimensional y poder saber el sexo de nuestro bebé.

—Apenas se nota.

—¿Quieres verme enorme?

—Quiero que comience a patear. ¿Se ha movido?

—No.

—¿Y no has tenido náuseas ni mareos?

—Ni siquiera un dolor de cabeza. Quizá mi vientre solo está hinchado y no hay nada en él.

—Nuestro bebé está ahí, tenemos pruebas.

Alcancé el portarretrato sobre el velador y observé embobada la ecografía que le habían realizado a Regina un mes atrás. Todo había sido irreal hasta ese momento, cuando la doctora puso gel en su vientre plano y el transductor nos mostró en la pantalla un punto mágico que era nuestro bebé.

—No se parece a un bebé —dijo Regina—. No me siento embarazada, tengo más sueño que antes y estoy durmiendo un poco más pero... no creo que pueda creerlo hasta no tener a nuestro bebé en mis brazos.

—Yo tampoco me lo creo aún.

Encontré a la ginecóloga en un blog dónde muchas mujeres la recomendaban: era inteligente, amable y una de las mejores en toda la ciudad. Le dijimos que habíamos realizado una inseminación en una pequeña clínica en Maine y nos mudamos antes de poder saber si había funcionado o no, perdimos los papeles en la mudanza pero todo había sido absolutamente normal. Fue una mentira creíble, en especial porque no había forma de descubrir que nuestro bebé había sido hecho por dos mujeres mágicas y nadie nos creería si lo contáramos.

Nos obligamos mutuamente a salir de la cama y cuando por fin logré vestirme salí de la casa, me detuve un momento a observar la más reciente razón por la que amaba más a Regina. Hace exactamente dos semanas Regina me levantó para que viera con ella el amanecer, no tuvo nada de especial ya que el clima no era el más adecuado, la mañana era gris y todo pasó simplemente de estar oscuro a claro con un montón de nubes grises en el cielo, mis pensamientos se centraron en todo el trabajo que nos iba a tomar limpiar la entrada para no quedar enterrados bajo nieve; pero entonces estuve lo suficientemente despierta para darme cuenta que no era el amanecer lo que Regina quería mostrarme ese día, esa solo fue su excusa para estar presentes en el momento exacto en que un hombre llegó conduciendo un Mini Cooper amarillo.

Not in a sexual wayHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora