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8 II

   Somos pasado, sin lluvia, pero con sombra. Gracias, cariño, por apartar tus manos de mis hombros. Tú y yo, yo y tú, como pudiese decirse menos nosotros, ambos con pecados alumbrados, pero ya no compartidos. 

   Ya solo nuestro espectro ha quedado en todos esos sitios nuestros, todos en los que dijimos que no moriríamos. 

   Llevo lentes de sol, blues, y mis botas negras; voy de negro y con un cigarrillo, para contemplar el bochorno de esa muerte catastrófica. Mi hermana ríe, yo la sigo; Ana sostiene mi mano y susurra en mi oído, ya la vida no es tan complicada. 

   Cariño, ¿cuál es tu signo? Yo soy escorpio, tú sagitario; mala luna para nacer, que mal sol para crecer.

   Es hora, ya sal de mi sangre, amante. 

   El verano se desvanece con todo nuestro ruido, se pierde en todas las estelas químicas que dejamos en el cielo. 

   Recuérdame siempre, no olvides mi rostro, mi voz, mi nombre; mantén la mente cuerda y divisa a este sobreviviente. ¡No eres la muerte! Simplemente no lo eres. 

   La sangre joven nunca tuvo oxígeno, por eso mi cerebro estaba dañado. Ya no quiero sangre joven. 

   Ana, no sueltes mi mano.


Cuatro letras mortíferasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora